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lunes, 10 de agosto de 2020

La mediocridad de la burguesía

Cuando las monarquías absolutistas del Viejo Régimen comenzaban a caer una detrás de otra como fichas de dominó, la burguesía, nacida al amparo de la Revolución industrial,  se abría camino para establecer el nuevo orden o el llamado Estado Moderno.

Los burgueses se interesaron por las artes, eso sí, muy superficilamente y probablmeente para codearse con la vieja nobleza que daba sus últimos estertores de vida. La condición de burgués siempre estuvo animada por un espíritu de no ser menos pero con el mínimo esfuerzo. Rara vez se encuentra una unión hombre rico - hombre culto. De hecho, lo único que le interesa es fanfarronear y hablar jactándose sin saber absolutamente nada de lo que dicen (ni les importa).

Con la burguesía, se "normalizó" el estudio de la música, especialmente en el s. XIX. Allí donde había una hija, había un piano y las últimas partituras impresas del momento. Era más una moda que un interés honesto por las artes.


El burgués de hoy es mucho peor aún que el de entonces. Es un absoluto ignorante que cree saber de todo y se atreve a revelar su estúpida incultura en conversaciones que le quedan extremadamente grande. Pretende igualarse a quien ha estudiado o tiene un cierto nivel cultural o social haciendo el ridículo cada vez que puede y más.

Por debajo del escalafón del burgués, está el pequeño burgués, aún mucho más ignorante, palurdo y hasta anlafabeto que se alquila en verano en un chalet con piscina para presimir delante de sus amigos. Eso sí, luego escuchan esas insufribles músicas actuales a todo volúmen y se han tatuado el nombre de su amor o el de sus hijos como señal de compromiso. Es realmente patético.

El burgués jamás podrá aspirar a un titúlo nobiliario, ni siquiera a su educación, saber estar y cultura. Es un pedante que quiere estar en todas las fotos y en todas las fiestas.

Con el nacimiento de la burguesía, se fragua la pérdida de valores de la sociedad, el nivel cultural y la educación entendida esta última como las normas básicas para no parecer un hombre de las cavernas vestido con ropas de su tiempo. El pequeño burgués domina e invade el espacio actual allí donde uno va y es menos frecuente esucchar una conversación realmente interesante y profunda que contribuya a algo mejor que el silencio.

El deterioro de la cultura vino cuando los burgueses quisieron comprarla, cuando todo se estandarizó y cuando el ser humano creyó relamente aquello de "todos somos iguales" tan al pie de la letra que cabían en el mismo saco cultos e incultos, ricos y pobres, salvajes y civilizados. Fue un éxito de la Revolución francesa y como suele decirse: de aquellos polvos, estos lodos.






domingo, 9 de agosto de 2020

Madrid de nadie

En estos días estivales de agosto, cuando la ciudad de todos se queda prácticmaente vacía, he pasado mi estancia aprovechando para recordar algunos puntos próximos que no visitaba desde niño. Madrid es una ciudad fantástica que enamora incluso con estas temperaturas extremadamente calurosas que te obligan a permanecer a ciertas horas en casa o en lhotel.

Y sí, he dicho más arriba la ciudad de todos, aunque también es la ciudad de nadie. He podido observar que la mayoría de los que permanencen o deambulan por sus calles son latinoamericanos. Muchísimos y poco acente madrileño o castellano, o andaluz o cualesquiera de sus dialectos nacionales.

No sé si Madrid es tierra de oportunidades, para quienes ya se conforman con cualquier empleo por dos euros y medio y muchas horas de trabajo que ningún español estaría dispuesto a asumir, aunque tal y como está la cosa, todo se andará...

En compañía de mi hermano he podido visitar sus enormes y majestuosos parques que son una delicia para los ojos y para los oídos, lejos del mundanal ruido y por supuesto lejos de la idiosincarsia del andlauz. Madrid es todo y es nada. Como decía Hilario Camacho: "...y en medio de tanta gente, que solo estás" (Madrid amance). Sin embargo, y por regla general, el madrileño es hospitalario, abierto, comunicativo, receptivo y algunos no exento de su chulería bien entendida.

La cuestión es que si hicieramos un paisaje sonoro, sin imágenes, nadie podría decir en qué lugar del planeta nos encontramos. Madrid de todos y Madrid de nadie. Es algo consustancial a las grandes capitales o ciudades como Nueva York, París (en menor medida) o São Paulo en Brasil.

Uno se siente extraño en un lugar donde no se oye su propia voz, su propio acento, donde la cultura pierde su identidad expandida en el marasmo de otras tantas culturas que como reinos de Taifas se integran o desintegran en Madrid.

Sólo Madrid me ha recordado mis visitas a Recife, con gente tirada en la calle, durmiendo entre cartones, con carritos de compra y sus escasas pertenencias. No sé si tendremos que acostumbranos a ver algunos más en esta crisis que nos acecha y el futuro incierto que se nos presenta.

Y terminando ya esta pequeña ofrenda a una gran ciudad, recordaré otra de las canciones emblemáticas que con tan exacta descripción hiciera Victor Manuel Sanjosé: " No tengo otra moneda en que pagarte, estoy siempre a tu lado, a lo que mandes" (Madrid).

martes, 21 de julio de 2020

La TAP Portugal o como amargarte el verano

Si tiene pensado viajar este verano, prepárese para la gran odisea. En el mejor de los casos y si la compañía aérea que ha elegido es seria, tal vez pueda disfrutar con cierta comodidad de sus vacaciones.

Por razones de todos conocidas, las medidas de seguridad son necesarias (sólo los insconscientes que además ponen en riesgo a los demás no las cumplen). Pero una cosa es esto y otra que tu compañia aérea con la que has volado en estos últimos veinte años te amargue la fiesta al llegar a facturar tu maleta y te digan "Certificado médico".

Mi asombro fue mayúsculo. Primero, porque la TAP no avisó, ni tiene en su web información al respecto para dicho documento. Segundo, la moza de facturación me retuvo hasta que pasó el último pasajero que iba a facturar para al final decirme que no podía volar, algo por otro lado estúpido ya que mi parada en Lisboa no necesitaba certificado alguno.

Si tiene pensado reclarmar con la TAP, no le rindo las ganancias. El teléfono de contacto (o los múltiples telefónos que no valen para nada) no atiende alegando exceso de llamadas por el bichito.

Las reclamaciones online son igual de árduas y molestas, además de estresantes. La mía aún está en espera después de dos semanas.  La compañía no ha tenido ni la dignidad de ponerse en contacto conmigo para una disculpa por el trato recibido. La reclamación sigue abierta y ya casi he asumido que perdí mi dinero y mis vacaciones.

La atención además dejó mucho que desear en facturación. Unos brasileños de São Paulo se permitieron hasta entrar donde la moza estaba para ver la pantalla del ordenador (algo inaudito) y sin embargo a mí como cliente se me ofreció un servicio verdaderamente lamentable.

Asegurese de que adonde va a viajar no necesita requisitos, porque la TAP sólo se lo hará saber cuando ya sea irremediable.


Acabar con el funcionariado

Es urgente y necesario acabar con este sistema de pequeños dictadores que son los funcionarios. No sólo tienen la suerte de gozar de cierta inmunidad (como mucho se le puede abrir un expediente disciplinario), sino que además están trabajando en un momento en que muchas familias lo están pasando realmente mal.


El trato al público del funcionario es indigno, hoy en la oficiona de Correos de Arcos de la Frontera ni me han dado los buenos días, y la funcionaria iba de aquí para allá sin importarle mi tiempo ni mi persona. Es una humillación con la que debemos vivir en más de una ocasión. A quien no le ha ocurrido que le han puesto cientos de impedimentos en el laberinto burocrático para hacer una entrega, un pago, o cualquier otra gestión en una administración pública.

Desconozco como es en otros países. Pero en España, tengan presente los que vengan a visitarnos que se encontraran en algún momento con la infranqueable e insolidaria postura de un funcionario público. Una lacra del franquismo que corroe al sistema en varios órdenes del Estado.

Rece lo que sepa o busque una vacuna antimaltrato al ciudadno. Le hará mucha falta.

martes, 7 de julio de 2020

Rompiendo una lanza

Publica hoy Diario de Cádiz en su versión digital un artículo que informa sobre la vuelta a los escenarios de algunas agrupaciones de Carnaval.

Yo no puedo (ni quiero) renunciar a mi pasado carnavalesco. Llevo escuhando coplas de Carnaval desde que tengo uso de razón. No sé si ello puede ofender a alguien o molestar, o simplemente considerar que es chabacano que alguien con cierta cultura pueda tener tan deplorable afición. La verdad es que a estas alturas esas opiniones ni me incomodan, ni me molestan, ni me importan.  Uno decide ser lo que es y no lo que otros quieren que seas. Además, mi relación con el Carnaval siempre ha sido de amor/odio. Ni todo me gusta, ni me paso 365 días que tiene nuestro calendario anual esuchando coplas de Carnaval.

Pero vayamos al grano. En los comentarios aparecidos debajo de dicha información (que Diario de Cádiz no censura y respeta la libertad de cada cual) he leído cosas muy dolorosas y tristes en relación a personas que por cualquier circusntancia han enconrado en las coplas de Carnaval la manera de llevar dinero a sus familias, de contribuir a no ser un parásito y ganarse dignamente su sustento. Son comentarios de indidable crueldad y sarna.

Independientemente de que le pueda o no gustar la cultura de un pueblo, y respetando lo que al respecto pueda pensar, no creo que contribuya en nada a que estas personas que se ponen en la carretera, dejen a sus familias un festivo (o incluso meses ensayando) dejen de hacerlo, ni que las 200 personas que llenaron en Punta Umbría (por cuestiones de seguridad) el primer festival tras la desescalada, tampoco dejen de asistir.

Por este motivo, vuestras palabras de desánimo caen en saco roto, por supuesto, nos duelen y no entendemos esa afrenta ni fobia. Si tratan con ello que las coplas dejen de sonar, en fecha de Carnaval o fuera de ella, lamento decirles que estáis desaprovechando vuestro tiempo, que tal vez deberiais emplearlo en pensar lo que se dice  Posiblemente haya festividades mucho más violentas que una copla de Carnaval, ni me importa ni me interesan si son de su predilección. Yo no le juzgaré por ello, allá cada uno con su conciencia (si la tiene).

Nuestras sociedades están cada vez más saturadas de iconoclastas, de insensibles y de dogmatismos. Creo que es hora de volver de nuevo al laissez faire, laissez passer.


NOTA: Un detalle que había olvidado. Si por algún motivo alguno de estos que comentaron tiene algún familiar con una enfermedad, se encuentra en una stiuación precaria, no le quepa que la mayoría de las agrupaciones de Carnaval irán de forma altruista a auxiliarle.

sábado, 30 de mayo de 2020

(Out here) on my own

Corrían los años ´80 cuando Domenica Costa encadialba al planeta con On my own, una balada realmente conmovedora en la voz de una niña de nueve años. No confundir esta canción con la que lleva el mismo título e inmortalizara Patti LaBelle de Michael McDonnald, ni con aquella otra de The miserables. Los autores en letra y música respectivamente fueron Lesley y Michael Gore.

Pertenece  (y así la reconocerán muchos) a la archifamosa serie Fame e interpretada por la no menos inigiablable voz de Irene Cara.


Nikka Costa es una de tantas niñas prodigios que acaban en el olvido y que apenas es recordada por una canción que a decir verdad no era demasiado adecuada para su edad. Su padre, Don Costa, el famoso compositor que llevara a cabo una gran lista de los arreglos de los éxitos de las canciones que interpetara Frank Sinatra, sin duda, aportó un aprendizaje importante en los años posteriores de Nikka, a la que encontramos (como en 2.017 con Nikka & Strings) un enorme talento vocal destinado o derivado al mundo del soul, el jazz o el funk.

Personalmente opino que a Nikka Costa le faltó la suerte de otras artistas de contar con compositores y composicoines propias adaptadas no sé si a su nuevo estilo o a su inconmensurable dote y educación vocal.

Sobre la música de Gore, ocurre un tanto de lo mismo. Un compositor que suele triunfar con un éxito y casi deseaparece o quedan minimizados todos sus trabajos antes o después de la célebre On my own. Son esas cosas inexplicables que puede ocurrirle a cualquiera, como si fuese tocado por la inspiración por una sola vez para la eternidad.

Tal vez On my own fue el trampolín para Nikka Costa, posiblemente anecdótico pues el éxito era sin duda de la propia composición siempre por supuesto en las voces aduecuadas. Lo dificil fue mantener o acreditar que aquello era posible mantenerlo en el tiempo. Facultades como hemos mencionado no le faltaban pero otra de las grandes incógnitas de la música es por qué sólo a algunos artistas se le concede el reconocimiento a su talento. Casos haylos en la Historia desde que la Música con mayúsculas se convirtió en un elemento necesario para el ser humano (y tal vez para algunos más).

Es tanto esto así, que una detemrinada canción o música marca una generación o dos, es más extraño su supervivencia más allá de eso. Se adhiere a los propios sentimientos casi como un himno, una patria o una bandera. Más allá de la propia inmortalidad que le depare el destino, una canción, una música es un distintivo temporal, cronológico que colateralmente se asocia a otros acontecimientos de nuestra vida vivenciada. 


miércoles, 13 de mayo de 2020

El correo del zar GUÍA DIDÁCTICA


El correo del zar pertenece aún a una etapa ya lejana. La mayoría de las composiciones se remontan a la época en que fue lanzado 9 momentos musicales + 1 sentimiento infantil.

Por aquel entonces comenzaba una etapa de esterilidad creativa y de autoexigencia. Estas composiciones inspiradas en la novela de Julio Verne "Miguel Strogoff" se me antojaban como si hubiese llegado a un estado de estancamiento creativo. Los modelos me resultaban demasiado familiares y estaba a la búsqueda de alternativas nuevas que no acababan de llegar. Entonces entraba en conflicto los modelos compositivos que hasta el momento habían venido gestándose con un afán de encontrar algo diferente, pero sin la idea clara de qué.

Durante estos años, desistí de cualquier tentación de publicar El correo del zar entre el desánimo, la apatía y el anhelo de esa nueva fórmula que abriera una nueva etapa creativa. Aproveché para realizar mejoras en mis tres primeros álbumes: MIRADORES (2.003), SIETA PIEZASCHINAS (2.006) y PLATEROIDEOLOGÁI (2.006) bajo la denominación Deluxe.

Terminadas las revisiones y las publicaciones de estos tres trabajos, decidí retomar las composiciones (muchas de ellas casi completas) de esta secuencia sonora de las peripecias de Strogoff. Y lo hice justificándome por tres razones: la primera residía en hacer público estas músicas inspiradas en la Rusia imperial; la segunda, una necesidad de poner en activo los conocimientos aprendidos en Orquestación y, por último, retomar el trabajo compositivo que había quedado aparcado durante estos años. Dado que era consciente que esa nueva etapa que tanto ansiaba aún no estaba lo suficiente madura, ni siquiera en la aparición de un germen, El correo del zar era una obra casi acabada, solo necesitaba retocar y dar coherencia musical a mi exigente visión de lo creativo.

A diferencia de otros trabajos, la forma paciente y sosegada con que me tomé los arreglos y revisiones de este proyecto, sirvieron para encontrar un resultado más refinado, elaborado y meticuloso. Desde el punto de vista técnico, era consciente también de mis propias limitaciones y se hacía lo que se podía en este sentido, con la consiguiente búsqueda del mejor sonido posible dentro del acotado margen de conocimientos o medios.

El correo del zar no pretende ser una lectura política, social o histórica del momento en que Verne escribe su novela. Simplemente encontré interesante que los personajes o escenas de la Rusia de aquellos tiempos podían encajar muy bien en el resultado sonoro. Al igual que muchas de mis obras, son escenas sonoras con un cierto guion establecido. Los títulos aparecieron después de las composiciones como en otras ocasiones adecuándolos al significado o sentido que determinado momento tenía en el transcurso de la trama. No se busca una relación directa con personajes del tipo "este instrumento significa a.." sino de un paisaje sonoro que evoca al folklore ruso visto con la inevitable distancia de un "viajero" no de un compatriota.

Sin embargo, y en base a lo dicho anteriormente, la novela de Verne mantiene valores inmortales como el deber, el espíritu de lucha o inmorales como la traición, la venganza y la falta de escrúpulos que fueron un incentivo a la hora de trabajar en estas músicas.

Desde el punto de vista instrumental, es un trabajo diversificado. Algunas piezas apenas cuentan con uno o dos instrumentos, mientras otras asumen o abarcan a toda una orquesta. Son piezas generalmente cortas que evitan las repeticiones innecesarias de las que tanto he huido siempre, pero muy intensas.

A pesar de que se trata de un paisaje sonoro, existe un hilo que viene marcado por la presencia de los dos corresponsables y el telégrafo como elemento de cómo se cuenta una crónica. El telégrafo, representado en las tinkle bells aparece en algunas de las músicas aquí presentadas como nexo. En “disputa telegráfica”, los violines representan el optimismo y efusividad del francés mientras que los violonchelos hacen lo mismo con el británico, más comedido y parco. La escena describe el momento en que ambos se encuentran en la oficina telegráfica tratando de enviar sus respectivas visiones mientras las bombas y las tropas se enfrentaban a pocos pasos.

Es una propuesta básicamente con mucho color folclórico en la que se alternan contrastes sonoros adaptados a las diferentes escenas. Tal vez El correo del zar cierre una etapa a una determinada forma de componer que pertenece a una fase ya superada de mi vida de compositor. Sigo a la búsqueda de nuevas experiencias sonoras sin subestimar ni desmerecer ninguno de mis trabajos que, son sin duda, parte de mi propia trayectoria como ser humano.

Al igual que Julio Verne, quise recrear un paisaje y un mundo sonoro por el cual siento un gran respeto y admiración.