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domingo, 7 de octubre de 2018

Homo stultus 2

A. ¿Alguna vez se ha sentado en una cafetería y ha soportado con heroicidad la maldita cucharilla que mueve el azúcar del vaso de café durante al menos cinco minutos? Uno tiene la tentación de ir hasta la susodicha persona y decirle: " Oiga, en líquidos calientes el azúcar derrite con facilidad".

B. ¿Por qué será que en un parque natural sobre un puente de madera con la debida indicación a los ciclistas de bajarse de su vehículo y caminar a pie, rara vez alguien lo cumple? y si dice a 20 km/h, para algunos el sentido de la velocidad es relativo.

C. Ya no hay lugares tranquilos, ni de paz, hasta en el rincón más inexplorado te encuentras al gilipollas con la canción de Maluma en su teléfono móvil.

D. No establezca una relación estrecha de reciprocidad entre discapacidad o vejez con personas respetuosas o educadas. Conozco yo dos casos en los que no se cumple.

sábado, 6 de octubre de 2018

Homo stultus 1

Abro esta nueva sección (con plazo de expiración cuando mejore la calidad humana), fruto de las observaciones.

A. Si espera que su vecino, de buena voluntad, baje el volúmen alto de su televisor, usted es un auténtico idiota.

B. No se preocupe por pulsar el botoncito verde de metros o trenes, siempre habrá alguien a quien le va la vida en ello  hacerlo (con frecuencia se colocará delante de usted o le molestará que lo haya pulsado).

C. No se sienta ofendido si un imbecil que va ensimismado en su teléfono móvil no se quita o entorpece su paso, esa enfermedad es incurable. Es más, haga lo mismo para que no piensen que es usted un esquizofrénico o un tipo raro.

D. Si usted quiere sacar su billete de tren en la maquinita expendedora pero hay alguien que lleva como diez minutos sin saber que hacer, empiece a buscar un método efectivo de relajación para no matarlo al instante.

jueves, 4 de octubre de 2018

Como trata el Banco Santander a sus clientes

Una de las ventajas que tiene un blog es poder desahogarse a gusto contra la impotenca de luchar contra algunas instituciones, como en este caso, el Banco Santander.

El trato ofrecido en la oficina de Puerto Real, Cádiz a un cliente de años que nunca ha presentado problemas en el incumplimineto de pagos o dejando algo a deber resulta verdaderamente insultante.

Posiblemente, igual ocurra con otros bancos y sucursales, pero cada uno cuenta lo que vive en sus carnes.

A veces, uno tiene la sensación, si no, la certeza, de que los bancos nos tratan como imbeciles. En estos días he sido testigo de esta circusntancia, haciendo oídos sordos a mis reclamaciones como si yo hubiera dejado de existir. Parece hasta incluso que el dinero es de ellos y tienen la potestad de administrarlo a su antojo.

Ante la impotencia que siento hoy, necesitaba contarlo y compartirlo. No me importa el daño que haga a la entidad, cada uno debe ganarse el crédito com acciones y hechos.

Antes de que alguien administe su dinero, asegurerese bien de quien lo hace. Si no, lo lamentará. Ya ni me parece descabellado aquello de guardarlo debajo del colchón visto lo visto.

A joderse tocan.

domingo, 9 de septiembre de 2018

Gloria Estefan - Mi tierra 1.993


En el año de 1.993 Gloria Estefan publicó uno de los mejores álbumes, en mi humilde opinión, de su trayectoria y de la música latina.

Mi tierra no sólo se convirtió en poco tiempo en un éxito de ventas, algo que por otro lado a los artistas no nos preocupa demasiado ya que valoramos por encima de ello la calidad de este, sino que consiguió enamorar al planeta desde los sentimientos expresados desde el exilio de la cantante de su pequeña isla de Cuba.

El valor simbólico del trabajo de Gloria es indudable: un canto y una reconciliación con su patria, su lengua y sus raíces. Pero, además, era un homenaje a quienes por motivos políticos tuvieron que abandonar sin la posibilidad de volver al lugar que le había dado la vida. Tal vez, por esa razón, entre otras, se ganó la admiración del público internacional.

Había más motivos para garantizar el éxito esperado de Mi Tierra. Gloria contó con excelentes colaboradores, los cuales me gustaría destacar aquí.

La orquesta sinfónica de Londres prestó sus reputados servicios arropando el background de algunas de las canciones del álbum. También fue un acierto contar con grandes músicos que aparecen en el enlace anexo que más abajo se adjunta.

La genialidad y el buen hacer de las composiciones corrió a cargo de la propia cantante, de Estefano o de Juanito R. Márquez. El segundo aportando el lado más romántico y el tercero el tradicional. Sin duda, un gran acierto.También de Rafael Ferro con el inmejorable Volveras, Cachao y Jorge Luis Piloto.

La propuesta artística de Gloria Estefan contó con una superproducción que fue amortizada por el éxito alcanzado, pero especialmente por el momento en el que el álbum fue publicado, años en los que la música latina experimentaba un gran interés internacional.

Mi Tierra supuso, a mi modo de ver, el reencuentro de los Estefan con las raíces cubanas derrochando el mejor talento posible del momento (y probablemente de hoy). Nadie consiguió superarlo y pronto entraría en escena el reggaetón, muy alejado de los cánones de calidad y tradición esperables.

El álbum marcó una importante etapa de mi vida personal, es por ello que le guardo un cariño especial y siempre que puedo acudo a él. Gracias por este regalo a quienes lo hicieron posible y en especial a la valentía de Gloria Estefan. Por la verdadera libertad de Cuba.

miércoles, 25 de julio de 2018

REIVINDICANDO OTRO PUERTO REAL

Desde hace más de una década, Puerto Real vive en el ostracismo absoluto. Un abandono que no parece importarle a mucho de sus vecinos que se han acostumbrado a un modelo de vida chabacano, cateto, maleducado y pedante.

Tampoco le importan a sus políticos que viven contentos con esta clase de pueblo que ahora les vota y manejan con maytor facilidad. Yo les llamo los "hartos de pan", porque se conforman con una realidad muy primitiva de las cosas aunque parecen ser felices con ello.

Mi Puerto Real se remonta a mi infancia y a mi adolescencia. Cuando en España se vivía el cambio de poder, la llamada transición, un grupo de intelectuales comenzaron a interesarse por la cultura. Dos centros neurálgicos albergaron esta semilla: el Teleclub (hoy desaparecido) y los sotanos de la Iglesia de San José. El teatro, la poesía, la música, la fotografía, la pintura; abrían un horizonte esperanzador en un pueblo condenado a vivir de la industria naval por aquel entonces principal fuente de riqueza de la localidad. A estas iniciativas nacidas en estos centros se unió Las Jornadas de Teatro de Puerto Real, de reconocido carácter nacional en la que muchas compañías de teatro que estaban en lo mejor de sus carreras, presentaban sus espectáculos: La Fura, Els Joglars, etc

Si había espacio para el teatro, también lo hubo para la música. En aquellos inolvidables ´80 del pasado siglo, Puerto Real atraía al resto del país con sus conciertos de verano. Por aquí han pasado lo mejor de aquellos gloriosos años de la música pop y rock.

Pero no todo estaba relegado a lo intelectual o lo estrictamente artístico. Los famosos campeonatos de futbito, como aquí le llamamos, llenaban las gradas del viejo Instituo de Bachillerato Manuel de Falla.

Y qué decir de nuestros Carnavales de aquellos años o de nuestra Feria de Junio, ambos sombras o fantasmas de lo que un día fueron.

No sé donde están ni los artífices de esos mejores años de mi pueblo, ni los intelectuales, ni qué hacen o a qué se dedican. Sólo observo un pueblo muy vulgar, marginal, casi de barrio al que lo único que le preocupa son sus barbacoas y fastidiar a los demás de la mejor manera que saben.

No tuvo Puerto Real un atractivo histórico-turístico interesante, pero sí supo captar el interés de muchos españoles que bajaban aquí interesados por sus propuestas. Que pena de Puerto Real.

Una y otra vez

Como cada verano, las asociaciones sindicalistas o particulares que trabajan para el sector servicios amenazan y consuman el acto de joder la vida de quienes tras aguantar un largo período de cansancio laboral buscar unos días de descanso.

Como cada verano, y sin que les importe un bledo, castigan a quienes contratan sus servicios, que por cierto, deberían de dejar de llamarse públicos, pues lo público debe ser accesible y no condicionado por intereses personales o empresariales.

Como cada verano, aeropuertos, estaciones de trenes, de autobuses, de metro; generan el caos, se pasan por el arco del triunfo los anhelos de unas vacaciones, a veces pagadas con mucho esfuerzo, sin remordimientos, sin miramientos. Es la gran equivocación de la huelga, es hacer daño a quien no lo merece, a quien paga, a quien contrata, a quien mantiene a miles de empresas para que hoy les fastidien una semana de tranquilidad en compañía de quienes quieran.

Como cada verano, vuelvo a indignarme con esta falta de sensibilidad, de conciencia, de respeto hacia los demás. Poniendo a salvo su trasero sin mirar a quien perjudica. Ningún sindicato honesto en este país, puede mirar a la cara a cientos de pasajeros tirados en estos lugares de tránsito, lo hacen desde la sombra de sus anonimatos, desde la impunidad de sus cargos y desde la desvergüenza de su pésima ideología de presión.

Como cada verano, quisiera hablar de otra cosa, pero en este puto país, es dificil conseguir que por un segundo el silencio y la paz, la armonía, reine y vele por la justicia y el derecho a ser felices. A ellos, sólo a ellos les culpo de las cancelaciones de hoteles, de los restaurantes vacíos, de los Museos sin admirar, de los lugares que nos niegan cada verano, poniendo en jaque la economía de un país que tiene su máximo sustento en el turismo.

Como cada verano, se irá y volverá la cruda estación y la realidad de la monotonía y el sinsabor de haber pasado de largo, de ver el descanso dormitando otro año más esperando mejor fortuna

domingo, 1 de julio de 2018

Era necesario


Volvía de Sevilla en tren. También lo hacían los turistas nacionales que vienen a ocupar nuestras playas y a saborear nuestra gastronomía en este período estival en que nos encontramos.

De nuevo, una conversación de un padre con su hijo, al parecer de Zaragoza, ponía de manifiesto que aquel Perro andaluz de Antonio Martínez Ares en su comparsa para el concurso de este año era más que necesaria.

Lo era por dos razones. La primera, porque aunque nuestra reivindicación del sentir andaluz siempre ha estado presente en nuestras coplas, nadie hasta entonces había procedido a dibujarla con un trazo tan fino que lo hacía encriptado para muchos incluso de los que hemos nacido en estas tierras. La segunda, porque si aquella comparsa cargada de simbolismo no fue entendida, es porque entonces el andaluz realmente necesita mejorar que dirían en los centros educativos. Yo suscribo esta segunda posibilidad.


En la citada conversación del padre y el hijo, el primero como una gracia subrayaba nuestro característico dialecto. Más tarde el hijo sostenía con alguien a quien no pude ver que su padre no entendía el modo de hablar de los andaluces.

En otro tiempo, tal vez me hubiera irritado dicha conversación aunque hubiera permanecido en el mismo silencio que hice ahora dado que la libertad de expresión no puede ser recriminada y nunca mi posición entendible como temor a “ser descubierto”.

En Teoría de Andalucía de Ortega y Gasset – también malinterpretada y no entendida – el filósofo trata la forma de ser de los andaluces aunque muchos hayan puesto negritas, cursivas y mayúsculas en aquello de la holgazanería.  Lejos de la intención que parece demostrar la lectura atenta de Gasset, se desprende que el andaluz no tiene la necesidad de reivindicar su naturaleza porque es fuente de múltiples culturas, tal vez por eso más arriba de Despeñaperros los sentimientos de nacionalidad o pertenencia estén más acusados.

La visión que el andaluz tiene de sí mismo es de víctima pero también de autocrítica. Tras las crisis coloniales del noventa y ocho y los procesos de industrialización del resto de España, a Andalucía le quedó un panorama desolador. La agricultura y la pesca fueron su sustento, un sustento que iba a contracorriente del resto de Europa que ya había dejado atrás el estatus del régimen antiguo. Esto, condicionó la forma de ser y pensar del pueblo andaluz: pobre, analfabeto y dado a inclinar la cabeza. Nuestra prosperidad y riqueza histórica y cultural sólo era vista desde fuera mientras nosotros no sabíamos aprovecharla ni sacar rédito de ella contemplándola como quien mira las estrellas y las adora como puntos luminosos del firmamento. Sin más.

Andalucía sigue hundida en su propio pantano. Sumida en las mismas miserias y con otra generación condenada al analfabetismo, aunque desde una perspectiva distinta. Con gobernantes de tan escasa calidad política y moral a la altura del pueblo al que maneja con facilidad y con un mendrugo de pan. Los jóvenes de mi pueblo son realmente deprimentes, quizás más aún que sus tatarabuelos a los que por otro lado, no se le brindaron las oportunidades ni apareció la diosa Fortuna en ningún momento de su miserable vida.

El perro andaluz que presenta Antonio Martínez Ares no está lleno de tópicos pero sí los presenta, nuestros miedos, nuestras vergüenzas y nuestra deuda con ser más que la tierra que acoge cada verano y festividad a los que bajan de Zaragoza y otros puntos de España que no nos entienden este singular dialecto.

No insistiré en el mito de la holgazanería ni me vanagloriaré esta vez de nuestra historia y cultura pasada. Aquí se trabaja a destajo para sacar a la familia adelante, hay poco espacio para leer, estudiar, ser un hombre de provecho y porqué no, nos falta habilidad y coraje para decir basta y asumir responsabilidades. Para dejar el mendrugo de pan, para luchar y para superarnos. Los pocos que lo hacemos o permanecemos aquí refunfuñando de nuestra suerte o buscamos gente que esté a nuestra altura con una conversación y un grado de sensibilidad más acorde con lo civilizado, pero también para que no nos exploten y nos hinchen a palos y a costa de la salud por cuatro miserables perras-gordas.

Era inevitable que la obra de Ares se quedase en manjar de privilegiados y en fanfarronería del populacho. Luchamos contra nuestros propios fanfarrones con el deseo de que también gocen del privilegio de entender El perro andaluz de Martínez Ares.

Necesitamos que estas nuevas generaciones que gozan de muchísimas más oportunidades, no asuman la holgazanería malentendida de Gasset. Queremos que nos representen con la humildad pero con la inteligencia de cualquier otro punto de España. El ideal vegetativo también es aquel que transpira y realiza su fotosíntesis para sobrevivir en un medio empeñado en aniquilarle y debe realizarse día a día.

Cuando la obra de Ares para esta salva de coplas que es nuestro Carnaval se comprenda, el esfuerzo habrá merecido la pena. El perro habrá superado su rabia y tendremos menos reparo en que no se nos entienda, porque a fin de cuentas, es cuestión de otros poner empeño en ello.