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martes, 29 de marzo de 2011

Las muchachas de La Pietà

Vivimos tiempos difíciles también para la Iglesia, se generaliza
desmesuradamente sobre determinados acontecimientos o personas que no
representan más de una fracción y que
no es dominio de una determinada vocación o profesión sino de la
personalidad de cada un@ y sus propias desviaciones humnas.


Hace unos días salió a la luz una noticia en la cual la
Compañía de Jesús “indemnizaba” a los afectad@s por casos de pederastia.
Sinceramente, elogio la buena voluntad de dicha congregación religiosa que con
ello demuestra su sensibilidad, pero es triste pensar que el dinero sea la
justificación que muchas víctimas necesitan para “compensar” los daños
causados
 En este caos contextual en que andamos, quisiera hablaros de
la importante labor que la Iglesia hizo en otros momentos donde no se
adulteraban o mediatizaban las informaciones. Escándalos hubo en toda época no
es un hecho exclusivo de nuestras sociedades actuales.
San Juan Bautista de La Salle abogó por un mundo sin
analfabetos y a los scrptorias le debemos un legado valiosísimo de
nuestra cultura.

En el plano musical, donde la Iglesia ejerció también un
papel transcendental encontramos a uno de los compositores aún menos valorados
en una de las ciudades de gran riqueza cultural como fue Venecia. Antonio
Vivaldi, il prete roosso como cariñosamente le conocían sus
contemporane@s estuvo a cargo de la enseñanza y dirección del hospital-orfanato
de la Pietà.
Así recogía en este fragmento el magistrado y erudito
Charles de Brosse cual era el papel de estos hospitales-orfanatos de la Pietà
entre otros: “... casi todos ocupados por niñas bastardas o de las que se
ocupan el fondo público y dedicada en exclsividad a que sobresalgan en la
música [...] El hospital al que voy con mayor frecuencia es el de la Pietà
donde se ofrecen las mejores interpretaciones.”


El citado fragmento evidencia el papel de la mujer en la
música desde tiempos remotos y el reconocimiento que de éste hacían personajes
ilustres como Charles de Brosse. Pero más allá de este hecho, tal vez sin
precedentes, había detrás una institución a la que le importaba el ser humano
por encima de su condición y sus defectos, un ser humano del que se podían
sacar las mejores virtudes incluso en las condiciones más adversas. Esta
institución era la Iglesia.

La propia tragedia familiar de mi tía monja en la Guerra
Civil española, me hace huir de las Memorias Históricas y del partidismo con
que se manejan estas cuestiones. Ultrajada en medio de la calle por llevar un
hábito por unos republicanos que consideraron que era una ignominia ser
católico, además de la vergüenza de ser insultada pagó como premio con un colgante
de oro que no dudaron en considerar valioso tal vez no tanto por su
significado.
Yo no me considero católico, ni apostólico ni romano, ni
practicante de ninguna ideología política sólo creo en la justicia que hay que
impartir con cada individuo y sus acciones, en la justa medida y sin extrapolar
o culpar interesadamente.
Vivaldi y las muchas de la Pietà deberían hacernos
reflexionar sensatamente, algo que no está de moda en estos tiempos que corren.





REFERENCIA CONSULTADA:





GROUT AND
PALISCA. “Historia de la Música Occidental.2” pag 520-522 Alianza Editorial. Madrid.