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martes, 17 de mayo de 2011

Las inclemencias del tiempo


No vamos a tratar en este artículo del tiempo histórico, ni de la atemporalidad, aunque hagamos alguna que otra alusión a ello, tampoco de la anacronía o la sincronía, sino del tiempo como movimiento, como desarrollo inexorable que somete al proceso creativo musical.

Y para ello, como en otras ocasiones, recurriremos a la investigación y a la opinión de otros autores.

El tiempo y su percepción han resultado una incógnita de difícil solución para la Humanidad.

Nos enfrentamos a problemas de índole metafísica ( pues está por encima de lo físico), epistemológicos ( en el modo en que la verdad se ve representada) o antropológico ( si consideramos una parte de la estructura humana) entre otros.

  1. Fernández Guardiola, en Neurobiología de la percepción del tiempo, 1.988 pag48 dice: “El ser humano es un aparato capaz de medir el tiempo. Por una forma que desconocemos podemos hacerlo de una forma consciente.”

Aristóteles define el tiempo como el modo de ordenación sucesiva de estados o lugares realmente ocupados por el móvil. Además, en su Física dice que percibimos conjuntamente tiempo y movimiento. Santo Tomás cree que no sentimos el tiempo, sino lo que existe en el tiempo.

“Cuando miramos el reloj, podemos ver moverse el segundero, pero sólo la memoria dice que las manecillas de los minutos y las horas se han movido” (Bertrand Russell, 1992pag. 220)

En el plano de la creación musical, es evidente que sólo es posible la sucesión de sonidos en un tiempo concreto dado por el desarrollo o el diseño melódico. Una nota es consecuencia de otra y así se va repitiendo el proceso. Se produce un movimiento hacia delante que no puede volver hacia atrás ni adelantarse al que vendrá. Una dependencia temporal que comparte con la literatura o las artes escénicas.

Por tanto, la obra musical se comporta como la Historia, necesita de un comienzo, un desarrollo y un final y en esto imita a la propia Naturaleza de las cosas y a los ciclos. Es, cosustancial a ella misma. Ni siquiera en las obras musicales contemporáneas donde importa más los contrastes, texturas, colores, sonoridades, puede desprenderse de este sentido de dimensión hacia delante, movimiento que no admite retroceso.

El Clasicismo fue el periodo más sometido a este proceso de “tener que contar una historia” en un tiempo determinado. Para ello, era necesario dominar cuales eran los momentos de tensión, de relajación, de alegría, de tristeza, nunca en otro periodo la música dependía más de un orden y una organización temporal. Una posible consecuencia de ello, aunque no la única, fue la estrecha relación que mantuvo con el texto ( en las obras cantadas) o con las imitaciones del mismo ( en las instrumentales).

El oyente se ve limitado en la percepción de la obra musical, porque no puede acceder a todo su contenido de una sola vez, sino que debe esperar que cada acontecimiento se vaya sucediendo, dejando vestigios de lo pasado que ayudan a entender el presente.
Ya para los estoicos, el presente no era considerado un elemento temporal, pero sólo en el infinitesimal instante del presente, el oyente es capaz de vivir el momento de lo que ocurre en el proceso de una obra musical, no antes, ni después.

¿Hay alguna manera de adelantarse al tiempo?, al físico, probablemente, no. Pero P.A. Florenskii en su controvertido estudio de la percepción y el tiempo opina que los acontecimientos precedentes resultan provocados por el final (paradoja) y el final está ligado a los acontecimientos precedentes por vínculos de causa y efecto (Florenskii, 1.972 pag 87)

Es aquuí donde entra y se aplica las ideas de Florenskii pues mucho antes del compositor haber escrito la primera nota, en su mente ya está el final y la conclusión adelantándose a los acontecimientos y al proceso imperioso del tiempo. Sólo así, la obra musical puede tener sentido, bajo el prisma de lo que se quiere decir uno puede empezar a inspirar las primeras notas que nunca serán el objetivo de la obra, pues éste sólo se alcanza al final de la misma. Y como dice Florenskii ese final es a su vez consecuencia de su principio que es causa y efecto del mismo.

Uspenski dice “ Los acontecimientos son percibidos en la medida en que son vinculados en la conciencia con el resultado final” B.A. Uspenski HISTORIA Y SEMIÓTICA,1.993 pag. 61-84)

De esta guisa, el oyente se comporta como un espectador ansioso de un final, el cual debe esperar y que da sentido a la obra en su totalidad. Y para su comprensión precisa inevitablemente de la acción memorística que conserve cada momento pasado que son consecuencia del futuro inmediato.

A diferencia de la arquitectura, la pintura o la escultura que no dependen en gran medida de la dimensión temporal para ser contempladas, la música y el proceso creativo musical se ve regido en todo momento por el brazo rígido del tiempo.