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jueves, 19 de mayo de 2011

PLATEROIDEOLOGÍA 2.006 guía didáctica



En Siete piezas chinas había confinado al piano a un papel subsidiario. Indudablemente consciente de que la obra requería de otros protagonistas instrumentales más acordes con el conjunto de la idea.

En Plateroideología, que fue pesentadoen el verano del mismo año, el piano seguirá ocupando un papel secundario y tomará el testigo del reparto principal el violín, claro representante de Platero.

Del mismo modo que el álbum anterior, Plateroideología surgió del trabajo con mis alumnos de Pirmaria. Estábamos conmemorando por aquel entonces uno de esos absurdos centenarios o bicentenarios de la muerte de... o de la obra de... que tanta repugnancia me provocan, pues el reconocimiento no tiene fecha ni hora de efectividad.

No obstante, fue un buen momento para retomar la lectura de Platero que comencé cuando niño y que como niño no salí del famoso capítulo introductorio que trata de dibujar al animal.

Ahora con algunos años más, Juan Ramón Jiménez me volvió a cautivar y a reinterpretar aquella idea de la nobleza de los sentimientos, algo olvidado en los tiempos que nos toca vivir y lo hizo gracias a la voz de la argentina Berta Singermann en unas grabaciones que recogía fragmentos de la obra del escritor onubense.

De la profundidad de un libro tan insignificante a primera vista no voy a tratar, pues considero que es trabajo de otros más capacitados que yo para ello. Hablaré entonces de por qué el titulo de este álbum.

Plateroideología es una forma de sentir, de ser, un tratado de conducta si se quiere de los grandes valores del simpar personaje de Juan Ramón. Tal vez, como mirada atrás a tiempos en que lo sencillo, lo simple, lo natural y la nobleza estaban presentes en la vida del ser humano.

No es exactamente un homenaje al poeta andaluz, que también lo es. En cierta manera tomo la bandera que dejó en pos de una batalla perdida antes de comenzada y que busca en lo sencillo la profundidad de las cosas.

Platero se convierte en todo momento en el eje central de la obra musical, como en la literaria, un paralelismo lógico, pues los títulos de cada pieza corresponden a capítulos determinados inspirados por el libro.

Y existe un patrón para la representación motívica de Platero que parte del violín y que recogí de la magistral obra de Telemann: Don Quijote. Aparece pues, aquí y allí el motivo que da presencia a la escena del burro en cada una de las piezas musicales.

  1. Platero:

Así se abre la novela y así lo hago también consecuente con ella. Es necesario primero representar al asno y describirlo, sin duda, con mucho menos acierto que Juan Ramón, pero voluntarioso en darle una forma determinada acorde con sus características.
Se imita de esta manera acompañado por el piano el movimiento torpe y gracioso de Platero de la mano del violín.
Presentado el tema, se inicia un nuevo tema que dibuja un paisaje andaluz que protagoniza el piano en una solapada colombiana y la cual se incorpora el violín y en su caso, el burro como estampa de ese paisaje.

  1. Réquiem por un canario:

¡De qué manera tan magistral trata Juan Ramón el tema de la reencarnación! El canario que se ha muerto porque sí, como diría Campoamor y que renacerá en una rosa.

Para la configuración de este tema, necesitaba un elemento que representara a los niños que de forma imitativa influido por las costumbres a veces mal entendidas quieren rendir un honroso final al canario. Y encontré este elemento en el sonido de un sencillo tambor de juguete que de forma procesional crea el efecto visual de la triste despedida. El piano acompaña esta marcha fúnebre en un estilo puramente andaluz.

Tras la introducción, no se hace esperar un tema lleno de esperanza, de vitalidad que trata de describir el incomprensible momento en que nos volvemos tristes cuando debemos estar alegres, la muerte no es el fin, sino el comienzo. El piano, que toma esta melodía se ve arropado en sus últimos compases por la cuerda y el arpa, en ese sentido figurativo de la magia en la que el alma se libera de las cárceles del cuerpo.

  1. Al trote:

Otro de los temas que trata de representar a Platero es éste. La flauta, el piano y las castañuelas abren una introducción que es continuada por el ostinato del piano, imitación del trote del burrito y que se acompaña del paisaje sonoro de las cuerdas o el clarinete bajo un manto de castañuelas que definen el aire español. El ritmo asincopado del piano se comporta como el traductor del andar de Platero.

  1. Moguer:

La ciudad natal de Juan Ramón está presente en esta breve pieza inspirada en los cuadernos de Albeniz. No es una obra pretenciosa, apenas descriptiva o impresionista de la época costumbrista.

En forma de fandango, la cuerda y el piano se unen para ofrecer una melodiosa pieza cargada de sensibilidad en el que las castañuelas con su particular repique pone los colores necesarios.

  1. Rosas, rosas, rosas...

El simbolismo en la obra poética de Juan Ramón Jiménez, especialmente de sus últimos trabajos es patente, pero también lo es las referencias que de este simbolismo hace en Platero y yo.

Las rosas que representan la pureza, lo auténtico, y a las cuales el escritor escribe un capítulo especial.

El tema se inicia con efectos mágicos, sonidos ondulantes, divagantes del arpa y al que se le agrega samplers de pájaros.

La guitarra rasgueada sobre una melodía indefinida se convierten en el mapa de esta simbología de las rosas.

Aparece un segundo tema en el que piano toma el relevo acompañado de campanitas y de los metales para sustentar un tema alegre, campestre, en el que se incluye Platero al final representado por el violín, sello identificador del personaje.

  1. El concierto de los grillos:

Reencontrarme con Platero me ayudó también a reencontrarme con mi infancia, con esas noches de verano calurosas en la que los grillos con su rítmico cantar acompañan el sueño estival. ¿Por qué será que ahora no escucho los grillos? Sólo el ruido ensordecedor y desagradable de una música alentada por el altavoz de un coche. El paisaje sonoro urbano a destruido cualquier forma natural de supervivencia sonora.

El piano sobre un acorde segunda mayor abre los tímidos pasos de los grillos que van abriendo el camino a una melodía suave y calmada de la cuerda con la aparición esporádica del piano que recuerda el cri-cri.

Los grillos hacen su entrada y dan paso a una nueva interpretación de la cuerda con movimientos propios del rasgueado.

De forma inesperada un tercer tema encabezado por el piano sustituye y abre el camino hacia la conclusión en el que se incorpora el violín, o lo que es lo mismo, Platero, en ritmo de bulerías.

  1. La arrulladora:

La hija del carbonero que canta su desgarrada nana a su hermanita. El capítulo de Juan Ramón es magistral, imprime todo el dramatismo de la pobreza que recuerda también a la Nana de la cebolla de Miguel Hernández o al Niño yuntero del mismo autor. La miseria hace acto de presencia e intenta consolarse a base de reinventarse a ella misma.

Utilicé para esta pieza la forma de tango que a pesar de su similitud no debe confundirse con el tango argentino, ni con el tanguillo gaditano.

El piano es el elemento transportador de este mensaje de superación de la adversidad de cantar una nana a quien nada tiene salvo su voz y sus brazos. La percusión juega un papel secundario y en los últimos compases en un tono amodarrado por la nana hace acto de presencia Platero.

  1. Ángelus:

Las campanas tocan el ángelus, es momento de alegría y jolgorio en el pueblo. Las iglesias y el párroco, los feligreses y las autoridades. Todos son convocados a este importante momento de la vida popular de la España costumbrista.

Unas campanas y un flautín rociero junto a sonidos de cencerros crean el momento de cualquier romería. El piano le precede con la imitación de las campanas de la iglesia e hilvanando un tema que no aparece hasta compases muy posteriores apoyados por la cuerda y el clarinete. El tema se cierra en forma de fandango.

  1. Plateroideología:

En una línea menos “clásica” se presenta esta pieza que rompe en cierto modo con el guión hasta el momento y ello se debe a dos razones principales. La primera, porque no corresponde a ningún capítulo del libro de Juan Ramón; y la segunda, porque de esta manera se actualiza la idea principal que se quiere destacar en todo el álbum.

Es una pieza con grandes elementos de jazz-latino en forma de rumba-jazz en la que el piano y la cuerda se comparten territorio. La percusión con las castañuelas y el cajón delimitan el contexto musical.

No es una pieza de programa, sino de carácter libre.

  1. Platero de cartón:

El viaje se cierra con este Platero de cartón en el cual Platero se muere y se intenta sustituir por el recuerdo, algo verdaderamente imposible, subterfugio de la necesidad del recuerdo. No existen dos, nunca la copia puede ser el original aún ésta siendo mejor que la primera. Platero de cartón habla de la autenticidad de las cosas.

Para crear esta sensación de suplantación necesitaba crear un sonido más mecánico, robotizado sin perder la esencia del motivo de Platero. La marimba le brinda ese ambiente de artificialidad y determinados efectos que aparecen a lo largo de la pieza. El original trata de imponerse en el recuerdo con la melodía del piano y la cuerda como reminiscencias de sí mismo, pero el Platero de cartón se coloca nuevamente por encima del real hasta querer convencernos que ambos son el mismo.