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jueves, 19 de mayo de 2011

SIETE PIEZAS CHINAS 2.006




Tres años separan a la publicación de este segundo trabajo. En el plano creativo fueron sin embargo, tres años de trabajo, de esbozos y de revisiones.

Estaba en aquellos años inmerso en mis actividades docentes trabajando sobre el antiquísimo juego-arte del tangram. Fue este, el origen de este proyecto que se convertiría años más tarde en una realidad.

Existen conexiones entre MIRADORES y SIETE PIEZAS CHINAS. Por ejemplo, la base instrumental y creativa parten de la música clásica en el sentido general y no particular de esta palabra. Pero, son más las diferencias que la separan. En el primer trabajo, la diversidad da lugar a un nexo que une y engloba toda la obra mientras que en el segundo sólo existe un único formato que depende enteramente de la concepción del tangram como eje creativo. Sin contar la última de las piezas, que es una variación de la primera, se trata de siete piezas musicales que comienzan como en el juego con su apertura.

En el sentido simbólico del juego se encuentra el verdadero sentido de la vida, las piezas están ahí para ser dispuestas, toman forma y al final vuelven a su propia disposición original.

Musicalmente, esta obra está endeudada con las estructuras melódicas orientalistas aunque en cierto modo y como decía una violinista, también con Strawinsky.

El ritmo es fundamental en el desarrollo de cada pieza pero también la orquestación que trata de adquirir elementos propios de la cultura oriental no necesariamente china.

A partir de este trabajo, se impone en futuras composiciones esta visión de programa que buscan en la unidad temática la diversidad creativa.

  1. El cuadrilátero apertura:

Las piezas están en su posición original, ordenadas según un cuadrilátero que está formado por las siete piezas que componen el juego.

Tras una breve introducción del gockenspiel y la cuerda en pizzicato, el piano inicia un ostinato que dará paso a la melodía principal tomada por la cuerda. Aparte del carácter lúdico que pueda representar el glokenspiel con su particular mágico sonido, la pieza no trata de establecer ninguna conexión musical con la imagen. Se intuye subjetivamente una acción fantástica de las piezas tratando de pasar de su pasividad a la actividad que sólo es posible desde la mano del hombre, de la misma manera que podríamos entender el sentido de Dios y las cosas.

  1. El danzarín:

La primera figura formal si obviamos el carácter propio del cuadrilátero, es el danzarín. Y entran en juego, valga la similitud, el carácter del personaje con la creación musical.
Una frenética danza se impone por la acción del ostinato del piano frenada sólo por las cuerdas y el clarinete. El piano recibe un apoyo sustancial de la percusión que marca los tiempos.

De repente, el ritmo vivo da paso a una simple melodía china que se acerca más a la danza propia de la tradición oriental. En un clima de distensión y reposo que invita a la calma.

Se retoma de nuevo el tema inicial que siempre cuenta también con el apoyo del koto como instrumento que aporta el color a la textura musical.

  1. La lámpara:

De todas las piezas, es la que más corresponde a un programa. Una historia que se desarrolla en una tradicional vivienda china a la luz de una lámpara. Un hombre que ha perdido su honor está a punto de suicidarse. La lámpara es sólo un testigo pasivo del mismo que continuará llameando una vez producido el fatal desenlace.

Presenta también una breve introducción ambiental con sonidos sintetizados que se mezclan con envolventes.

El piano en ostinato inicia el tema que es protagonizado por una flauta china con una agradable melodía oriental. El laúd chino también acompaña la acción en determinados momentos. El tema es un continuo que representa la acción de una lámpara encendida sin perturbaciones, en un clima relajado. En determinados compases se antecede el desenlace del suicida con el koto creando momentos de tensión, que definitivamente es roto cuando se produce la acción en una parada sólo representada por un efecto de címbalo que se convierte en verdugo. A esta parada, la flauta china en un tono más dubitativo, más melancólico vuelve a presentar la melodía original distorsionada. Momentos después y como si nada hubiese ocurrido se repite el tema original.

  1. El gato:

Una de las figuras más representadas del tangram es el gato en sus diversas variantes.
Para presentar a este singular animal se utilizan elementos de asociación como por el ejmplo el sonido del timbre de la puerta que irradia en el felino un diabólico comportamiento de nerviosismo y vivacidad.

Se inicia el tema con el recurso del pizzicato, muy utilizado para la representación del movimiento a hurtadillas o sigiloso. Una vez que el timbre aparece, se inicia el tema vivo por el piano y la cuerda. A este tema principal le corresponde uno secundario que actúa de desarrollo y que hace efectiva la vuelta al momento endiablado en el que el gato está representado en los compases primeros.

  1. Montañas:

Es una pieza más descriptiva, tal vez más impresionista que trata de interpretar musicalmente el maravilloso mundo de las montañas y sus concatenaciones simbólicas.

Básicamente, el tema corresponde al piano aunque algunos efectos sonoros crean una atmósfera ideal.

En un tempo realmente lento, calmado, se dibuja el paisaje sonoro de estas montañas que tras una larga introducción inicia una sencilla melodía oriental recuperada de un viejo trabajo anterior que no llegó a ver la luz.

Poco más puede decirse de este tema, es la propia música la que invita a la contemplación y a las sensaciones que en cada cual despierta.

  1. Mariposas:

En un tono más festivo aparecen estas mariposas que llenan el bosque y los jardines de frescos colores primaverales. Aquí el glokesnpiel actúa como pincel que pone aquí o allí un haz de luz y brillo. El piano en ostinato da paso a la melodía que es tomada en la cuerda. El movimiento stacatto del piano representa el volotear juvenil de estas divinidades del campo.

  1. El monje:

La última de las figuras antes del cierre es el monje. Para la elaboración de esta pieza me propuse recuperar el sonido original de los monasterios budistas que pueblan el país chino. Utilicé samplers para las trompetas tibetanas, los cuencos y las campanas que dieron a la obra un carácter realista y efectista.

El tema que se inicia también con un ostinato del piano que se mantiene todo el tema (mantra) es ensombrado por la melodía de la flauta china y la cuerda que abren el tema principal. La pomposidad, majestuosidad y relieve religioso está presente en toda la obra con la incorporación de címbalos o las constantes entradas de los instrumentos autóctonos.

  1. El cuadrilátero cierre:

Todo vuelve a su final o a su principio, según se mire. Las piezas una vez usadas vuelven a su posición original en una variación del tema de la primera pieza algo más corto en duración. Sólo el cierre del cuadrilátero puede dar sentido a la idea global del álbum que en definitiva nos traslada al propio proceso vital del ser vivo.