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lunes, 18 de julio de 2011

Los límites de la crreatividad y la originalidad



Desde que Graham Wallas postulase desde la Psicología del pensamiento allá por 1926 las fases del proceso creativo, no ha cesado la búsqueda de qué es esto de la creatividad.

Citar aquí a tantas autores que han dedicado su vida en este empeño sería arduo y estéril, más propio de una tesis doctoral. Me conformaré, entonces, con presentar algunas ideas con las que comulgo en cierta medida.

De entre ellas, Jung en 1.938 plantea este acto creativo como una desconexión de la conciencia con el objetivo de que los objetivos inconscientes puedan desarrollarse. Aunque no es posible directamente acceder al inconsciente sin una conciencia previa, sí hay un factor que determina que para poder producir una idea o albergar un deseo de inspiración, la conciencia actuaría como un verdadero represor que afectaría en gran medida al propio proceso creativo. Sólo esta liberación del inconsciente favorecería la libertad necesaria para el desarrollo del proceso creativo. Pero, ¿cómo se activa este proceso desde el inconsciente?. Bien, según Freud por un conflicto interno del mismo.

Dejando a un lado estas opiniones expertas, cabe preguntarse ¿qué hace surgir la creatividad?, ¿por qué y para qué?, ¿debe responder a una utilidad como sostienen algunos pensadores?, ¿cuál es el motor generador? Y por último, ¿cuál es el punto de partida?

Lejos de poder dar crédito a las poéticas palabras de los pensadores de las civilizaciones grecorromanas y sus musas o al carácter divino al que parecía atribuirle San Agustín, tampoco parece alentador hablar del “huésped extraño” que a veces se aparece, como se recogen en algunos testimonios de Goethe, Mozrt o Nietzche. Pero, curiosamente, y volviendo a Jung, en 1.945 dice que este huésped extraño no es otra cosa que la disposición voluntaria de acoger la elaboración y la visión involuntaria. Esto, podría arrojar algunas pistas sobre nuestra primera cuestión: ¿qué hace surgir la creatividad? Aún así, no queda claro de qué manera surge nuestro huésped extraño.

Podemos atajar la segunda cuestión del por qué y para qué con la visión de Bruner del factor sorpresa y el apasionamiento y distanciamiento. Bien, según él, una idea creativa sólo es tal si es capaz de sorprendernos, de admirarnos de ella. De este acto surge el apasionamiento que no es otra cosa que un impulso vital que nos mueve a trabajar sobre la idea creada, pero a su vez y paradójicamente, a distanciarnos de ella porque entraña un riesgo y un trabajo del que a veces no estamos seguros de su éxito. A su vez, necesitamos o creemos en su utilidad que puede o no coincidir con la realidad externa del propio creador.

Resulta difícil saber cuál es el motor generador. Para ello, nos remitimos a las palabras de Picasso que decía que no hubiese podido vivir sin el arte y a su vez pintaba un cuadro y lo destruía (Zervos, 1935, p 29). De este modo, desconocemos cuántas obras o proyectos de ellas acabaron en la papelera de muchos de nuestros compositores y por qué otras sin embargo sobrevivieron o tuvieron la fortuna de ser reconocidas como obras maestras.

Y nos queda una última cuestión: ¿cuál es la base de la que se alimenta el acto creativo?
Aquí entrarían los planos de Brewster-Ghiselin cuando en 1.963 delimitan el proceso creativo al plano secundario o inferior y el plano primario o superior. En el primero, se parte de los conceptos conocidos, es decir, del material acumulativo y experiencias del creador que introduce nuevos elementos propios en la reestructuración correspondiendo al plano primario o superior.

Nada, surge de la nada, por eso muchas obras de J.S. Bach contienen a otros autores y a su vez el proceso se va ampliando con las aportaciones que cada uno pone en la nueva creación. Pero cabe preguntarse entonces, ¿dónde está el fin?

Exactamente es difícil hablar de fin, parece más acertado hacerlo de periodos de crisis o fases históricas en el cual el proceso creativo se ve estancado porque los recursos con los que se cuentan no son capaces de dar utilidad a nuevas originalidades, pensemos por ejemplo en las opiniones de muchos compositores, músicos o historiadores que dieron a J.S. Bach como el último de los genios o remontémonos al Romanticismo donde el grado de virtuosismo fue inigualable, son éstos los procesos que abren periodos de esterilidad creadora o por el contrario se tornan opositores de los mismos dando propuestas muy diferentes. En otros casos, el grado de exigencia se ha vuelto demasiado elevado para dar salida al proceso creativo, tenemos ahí el ejemplo de muchos compositores que acaban su carrera musical antes de su muerte. Se dice en este último caso, que nuestro huésped extraño o más poéticamente, las musas nos han abandonado.
BIBLIOGRAFIA CONSULTADA:
LANDAU, Erika,"El vivir creativo" Barcelona, Editorial Herder
http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/biblioteca/articulos/pdf/7procesocreativo.pdf
Esquivias Serrano,
María Teresa (2004) “Creatividad: definiciones, antecedentes y aportaciones” [en
línea]. Revista Digital Universitaria. 31 de enero de 2004,
[Consulta: 01 de
febrero de 2004].