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martes, 5 de julio de 2011

Ni los unos,, ni los otros

En este mundo no hay peor cosa que no tener patria ni bandera, ser un hijo de nadie se paga con el olvido y la falta de reconocimiento. Es el ejemplo más claro de Enrique Granados.

No importa si ya me he ganado el título honorífico de "rescatador de causas perdidas", yo no busco el elogio, ni la fama (a mi edad...), pero es de justicia darle un modesto artículo al que fuera uno de nuestros compositores españoles de mayor talento pianístico.
Lo de apátrida ya le viene de orígen, así su padre, que pasó gran parte de su vida trasladándose por los reconditos rincones de lo que por entonces aún era la España de ultramar, nació en Cuba, aún bajo dominio español, dada su condición de militar.El hombre murió joven y a Doña Enriqueta le correspondió el merecido esfuerzo de hacer de este niño prodigio un verdadero músico y compositor de altura.
Enrique dedicaba diez horas al día a depurar su técnica y no tuvo suerte en lo academico por circusntancias ajenas a lo musical tuvo que recibir clases privadas algunas mucho antes de su intento de ingresar en el Conservatorio de París,del que también fuera profesor de Isaac Albeniz, Juan Baptista Pujol, del que se dice que fue un brillante compositor y al que se le debe La Escuela Catalana de Piano, otra institución en el olvido de una inmensa mayoría.
Granados no se rindió a los regionalismos, posiblemente eso le pasó factura. Dada su gran amistad con Felipe Pedrell, un verdadero defensor del nacionalismo, el compositor y pianista abrió su paleta de colores para deleite de tod@s sin menospreciar los referentes musicales de su región natal que se ven reflejadas en muchas de sus canciones.
Lamentablemente, la admiración por la composición en España, siempre ha sido una asignatura pendiente y para más inri, era dificil "ubicar" la música de Enrique cuando el romanticismo ya estaba en decadencia y el impresionismo no era más que una leve brisa tratando de buscar su lugar.
Si a Pedrell le debe su vena nacionalista, a Schumann y Chopin la de neoromántico.
Pero no voy a recomendaros obras harto conocidas como sus Danzas Goyescas o sus Escenas Románticas, quisiera buscar en este Granados caido en desgracia más aún en tiempos donde la música culta es una sombra, su lado más urbano y humano. Sí, aquel que recoge las caracterizaciones de la sociedad de entonces, de las miserias y de los seres desprotegidos para los que siempre guardó alguna pieza musical.
En su "Cuentos de Juventud", no vamos a negar su deuda con Schumann, el compositor se sumerge en el mundo interior de muchos personajes ora reales ora ficticios que con tan maestría trata de perfilar. No son obras pomposas, rimbombantes, sino sencillas melodías con un contenido profundo y del que nunca he oído hablar a la crítica más experta.
Ni el Madrid que tanto amó, ni la Barcelona a la que tantas veces volvió le han dado un lugar a Granados. Tal vez, por el orgullo de no dar el brazo a torcer en truculentas maquinaciones ultranacionalista. Aún así, Enrique Granados es de tod@s, como lo son los grandes creadores que han convertrido su microcosmos en universalismo.
Como su padre, un apátrida, lejos de ofenderle le convirtieron en ciudadano del mundo