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miércoles, 8 de julio de 2009

VOLVIENDO A LOS ORÍGENES Y LAS GRANDES DUDAS


Si pudiéramos decirle a Mozart, Vivaldi, Beethoven, o cualquiera de tantos compositores eruditos o amtaeurs, que la música podría ser grabada y que con ello resolvería gran parte de sus desequilibradas economías posiblemente se morirían de risa.

Lo cierto, es que la música grabada lejos de sus fines primitivos y del esplendor no tan lejano no cubriría las expectativas antes citada ni siquiera para pagar los gastos.

¿Qué papel cumple entonces hoy en día? Salvando a los melónamos, a los fans, a los curiosos y poco más, la música grabada carece de un carácter mercantil, una evidencia que es palpable en la caída de las empresas dedicadas a la venta de música, llámese CD, mp3 u otros formatos disponibles o en el fracaso de las ventas online de aquellos sitios esforzados en salvar al arte de la música del servilismo en el que se encuentra actualmente.

Volvemos entonces a nuestros orígenes, en el que la música de tú a tú era la única posible, a las plazas de los pueblos, a los salones de concierto, al contacto directo de quien paga por ver con sus propios ojos el arte.

Pero sería también dudosa esta nueva aproximación o exigencia del músico actual. ¿Realmente se llenan las salas de conciertos? ¿Tiene conciencia el pueblo de que para una profesión como la de artista es necesario cobrar? ¿Le importa esto?

Es por esto, que ese lugar en que ha sido relegada la música grabada de ventana publicitaria del espectáculo en vivo no se sostiene tampoco.

Otro de los grandes problemas que presenta y que diferencia la música grabada de la sala de concierto es la propia evolución de la música: aplicaciones tecnológicas no siempre posibles de ejecutar en directo, incremento del número de músicos necesarios imposible de mantener por la falta de contratos que amparen un espectáculo en toda regla. Pero no nos engañemos, los mismos problemas tuvo nuestro Johan Sebastian Bach, Joseph Haydn y tantos otros que ante la falta de sensibilidad para con su obra tuvieron que reducirla a meros esbozos de un gran proyecto.

Por tanto, no nos engañemos, ni queramos engañar al pueblo. La música grabada para mantenerse precisa de un mercado exigente, selectivo que contribuya al sostenimiento de nuestra cultura  y no una burda secuencia de gente empeñada en el marketing y el merchandasing que desde luego dista mucho de beneficiar al artista.