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martes, 25 de octubre de 2011

Renato Teixeira: re-descubridor de la música de raiz


En mi colección de artistas brasileños indispensables no podía faltar Renato Teixeira. Tal vez, porque nunca me sentí demasiado identificado o familiarizado con la música sertaneja, le mantuve apartado injustamente. Pero hoy, quisiera hacer justicia con él y con la música caipira, de la cual es uno de sus máximos exponentes.
Resulta demasiado complejo explicar las diferencias existentes entre música sertanjea y caipira, más aún no siendo un experto en el tema, ni siquiera una voz autorizada. Podemos decir, que engloba a la música de raiz, la música rural que se manifestó en el interior de São Paulo especialmente gracias a Cornelio Pires a fines del s. XIX.
La caipira, es una música sencilla en cuanto a estructura y textura. Generalmente acompañada de guitarra (violão y/o guitarra caipira), a dos voces. Sus letras son un reflejo, una historia viva del mundo rural que se escribe desde y para su gente.
En la década de los sesenta-setenta, Renato Teixeira revitaliza y recupera del más injusto de los olvidos esta música tan importante. Pero Renato es algo más. Es un estilo personal de entender la caipira, es por decirlo de alguna manera, un redescubridor que ha aportado una nueva semilla, del mismo modo podríamos decir que Renato no es solo caipira, ni toda la música sertanjea es Renato. Con esto quiero decir que ha creado un estilo dentro de otro estilo, pero lo mejor de todo, es que lo hace inimitable. Seguirán existiendo otros artistas pero no otro Renato Teixeira. Esto que puede parecer una obviedad se comprendería mejor escuchando y conociendo, comparando, que es lo que hacen los etnomusicólogos.
De todos modos, y tristemente, la caipira es una especie en peligro de extinción, algo muy común en los tiempos que corren donde existe un claro rechazo al pasado, más como he dicho muchas veces: ¿ qué presente se construye sin pasado?.
La primera vez que escuché a Renato Teixeira no fue ni siquiera en su voz, pues es intérprete de sus propias composiciones, sino en la de una de las grandes artistas que algún día tendrá que reconocer Brasil: Alcione. Cantaba " Sentiimental, eu fico" (Sentimental estoy). Desde entonces, quedé maravillado y seguí interesándome por su carrera artística. Hoy, podré dormir tranquilo habiendo saldado mi deuda pues como bien se dice: nunca es tarde si la dicha es buena. Y Renato lo merece.
http://www.renatoteixeira.com.br/site/

sábado, 22 de octubre de 2011

Siete cosas que yo haré mañana: Gilmour Ensemble

Hace ya algunos años que apareció este álbum de The Gilmour Ensemble. Exactamente en el 2.006.
Si aún existieran programas como aquel legendario Dialogos 3 de Ramón Trecet, muchos se sentirirían más aliviados de saber que hay músicas que no caen en saco roto. Pero aún así, estamos aquellos que tratamos de mantener de actualidad la buena música sin que lleve ninguna etiqueta de partida salvo la calidad y el trabajo serio.
Seven things I´ll do tomorrow es uno de esos trabajos interesantes y que demuestran que es posible compatibilizar el humor con lo clásico, siempre visto desde la lente perspicaz de quienes acusan a los "clásicos" de tomarselo todo demasiado en riguroso formalismo.
Las piezas que componen este álbum fueron compuestas por Russell Gilmour, que actualmente se dedica también a la docencia en el Conservatorio de Tasmania (Australia).
Sería injusto no citar aquí al resto de los componentes que forman este Gilmour Ensemble: Jabra Lathan (saxofonista), Zac Johnson (violinista), Greg Woodwood (chelista) y Ben Smart (percusionista); nacido en el 2.003.
Os facilito tres enlaces para mayor información:
http://www.cdbaby.com/cd/gilmourensemble
http://www.myspace.com/thegilmourensemble
http://www.australianmusiccentre.com.au/artist/gilmour-russell

martes, 11 de octubre de 2011

El acto de escuchar


Permítanme en este breve artículo dedicar un tiempo al acto de escuchar, que no debe confundirse con el acto de oir. Para quienes aún no sepan la diferencia les recomiendo el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española online.
Cuando en el AMADEUS de Milòs Forman Mozart se queja ante Salieri del escaso éxito de Las bodas de Figaro, que sólo habían recibido nueve representaciones, éste le responde: le habéis exigido demasiado al emperador, refiriéndose a José II de Austria, obligándole a escuchar cuatro horas. Sea cierta o no la anécdota nadie puede dudar de que nuestro cerebro tiene un limitado espacio para dedicar a la concentración, que guarda una estrecha relación con el acto de escuchar.
Efectivamente, cuatro horas de música ininterrumpida eran demasiadas no ya para la época en cuestión, acostumbrados a oir música de su tiempo, no digamos para nuestros días donde la música es apenas una mera distracción, en la mayoría de los casos secundaria a otras actividades que realizamos.
Según un estudio publicado por la psicóloga Mª Cecilia Purcell, el promedio de concentración de un adulto es apenas de 45 minutos. Y hay que agregar también que puede sufrir variaciones si padecemos de estrés, crisis familiares, depresión, en definitiva, si nuestro cerebro está ocupado en otras tareas que requieren una solución inmediata.
A todo esto también hay que sumar la falta de entrenamiento. Según un artículo que publicó el Pais el 10 de febrero de 2.010, internet está minando la capacidad de atención de los adolescentes que se acomodan a la lectura y escritura de artículos cortos sin ejercitarse en textos de mayores dimensiones.
Todos estos datos que os estoy ofreciendo no hacen más que confirmar que nuestra capacidad de escucha se ha mermado en las últimas décadas y no sólo para la música. Tenemos verdaderos problemas para escuchar a los demás y digo escuchar. La mayoría de las veces entramos en monólogos colectivos donde cada cual expone su propia visión de las cosas sin haber escuchado si alguien ya dijo eso antes. Y trasciende esta falta de aprendizaje en la escucha incluso en las esferas políticas donde estamos todos un poquito cansados de escucharles la misma canción y valga el simil a este artículo, reduciendo su discurso a lo que otros no hicieron y debieron hacer. Es un panorama lamentable, ciertamente.
En el plano musical también se producen estos desencuentros, esta falta de escucha que va más allá del hecho en sí, pues extiende sus límites a la falta de respeto hacia el otro, la falta de empatizar. Vemos en muchos músicos y podemos percibirlo en sus interpretaciones que no existe una unidad sonora, no existe una comunión, una idea únitaria de una obra, sino la mera exposición de partes aisladas en el monólogo colectivo. Los más dados a ello son los solistas, algunos asumidos en su rol decimonónico de divinidades. Pero la música no es eso, la música es el plano afectivo que más debería unir a los seres humanos. Es, en la mayor parte de las ocasiones, un acto social en cuanto a colectivo que trabaja en una idea común y siempre cuando en ella están vinculados los oyentes, que mejor deberíamos llamar escuchadores. Una obra orquestal no es otra cosa que un microcosmos, una comunidad obligada a entenderse donde cada cual tiene su papel y nadie es presciindible.
Otra cuestión que me parece de sumo interés es la necesidad de reeducar el oído. En muchas obras, especialmente del período Barroco, existen infinidad de planos que se yuxtaponen y que a veces tendemos a reducir a la melodía principal de una obra. Hay una riqueza y un mundo por descubrir en el plano de los instrumentos que a veces puedan parecernos a simple vista secundarios, hay vida encima de la vida.
Por tanto, el acto de escuchar no sólo es ventajoso desde el punto de vista individual, nos hace más receptivos, desarrolla nuestro campo de perspectiva y por supuesto, nos engrandece como seres humanos en el momento en que nos damos cuenta que más allá de nuestra limitada capacidad de entender la vida están la de otras personas que como nosotros, sienten y piensan de igual manera.
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Internet/minando/capacidad/concentracion/jovenes/estudio/elpepusoc/20100211elpepusoc_6/Tes
http://www.ceciliapurcell.cl/articulo01.html