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viernes, 17 de febrero de 2012

Radamés Gnattali: otros compositores brasileños


A menudo, tenemos cierta tendencia a simplificar, ora por desconocimiento, ora porque a veces muchos compositores no alcanzan el renombre que sólo la Providencia se encarga da dar.

Radamés Gnattali es una buena muestra de ello. Conteporáneo de Hector Villalobos pero eclipsado dado su pequeño campo de acción desasrrollado en la música llamada erudita o culta.

Nacido en Porto Alegre en el año de 1.906, Gnattali realizó estudios de piano en el Conservatorio de Pôrto Alegren en la Escuela Nacional. De ahí dedicó unas temporadas a dar conciertos e incluso se atrevió con el violin y más tarde perfecdcionó sus estudios de composición y orquestación.

Radamés Gnattali no quiso dedicarse de lleno a la composición, y menos a la clásica, abrió su radio de acción en la dirección orquestal y como arreglista sustituyendo al mismo Pixinginha en la discográfica Victor y componiendo o arreglando música para Radio Nacional en Brasil.

Viajó a Europa en los años sesenta, que direccionó su carrera más por el jazz y el neorromanticismo.

Pero, sin lugar a dudas, lo más destacado en toda la trayectoria de esta insigne figura de la música brasileña fue cuando en los años setenta se volcó plenamente en la música popular, especialmente en el choro.

Gracias a Radamés, muchos compositores de la nueva generación como Raphael Rabello o Joel Nascimento comenzaron a destacar y a dar al choro un valor tan fundemental para entender la música popular brasileña que posteriormente llegarían como el samba por citar alguno.

Entre sus obras selectas en el campo de la música erudita caben citar sus Brasillianas y sus conciertos para piano y orquesta, conciertos para violonchelo y orquesta o sus estidos para guitarra.

El alcance de la obra de Radamés Gnattali aún no ha sido internacionalmente conocido ni reconocido. Pero, sin su obra, su presencia en el panorama musical de Brasil, no pueden entenderse los estilos que luego se gestaron ni las connotaciones y dimensiones que como su coetáneo Villalobos dieron a la música de Brasil

http://www.youtube.com/watch?v=oSGu78ONZ3k

domingo, 12 de febrero de 2012

Whitney Houston y sus huerfanos

Hoy amaneci con la triste e impactante noticia de la muerte de Whitney y no lo digo con banalidad, me confieso un ferviente admirador desde sus comienzos. No puedo negar que la noticia me haya conmovido e incluso que brotaran algunas lágrimas.
Recuerdo como fueron sus primeros pasos, fue con esta foto que ahora os dejo, la primera vez que oí hablar de Whitney. Yo, que siempre he sido muy antianglosajón y me ha parecido muy vulgar la música americana, Whitney, al igual que Frank Sinatra, fueron la excepción que confirma mi regla.
De ambos, siempre admiré el talento vocal y la capacidad para expresar con sonidos algo tan dificil como es el sentimiento. Después de Whitney llegaron otras con mucha popularidad pero de escaso valor musical desde Colombia, Puerto Rico y algunos lugares de Estados Unidos.
Whitney, aquella delgadita casi enfermiza como sugiere la foto, derrochaba unas grandes facultades para cantar en campos tan peligrosos como el soul donde siempre existieron ministr@s que están en la mente de tod@s.
Me viene a la memoria también aquellos años de olvido en el que suelen caer muchas estrellas pasado su tiempo de brillo y sus dificiles momentos con la droga. Yo siempre estuve ahí, siguiendo su trayectoria, incluso me animé a escribir en su web oficial para darle fuerzas en superar aquella horrible pesadilla. Y me alegré cuando consiguió enfrentarse y superarse como persona.
Whitney es un referente en mi generación y tod@s l@s que en ella nacimos nos vemos cada día más huerfan@s con su pérdida y la de otr@s artistas con l@s cuales compartimos una etapa de nuestra vida.
La vida es algo incomprensible, el destino no esgrime diferencias y toda causa tiene un efecto, pero como ser humano me exalta que tanto desgraciad@ haya por el mundo sin merecer el suelo que pisa y aquell@s que sin amar la vida no se mueren. Algo hay que está más allá de lo biológico, de lo científico aunque much@s se nieguen a reconocerlo. En definitiva, qué es la vida sino un paso más, un trámite de un insignificante ser en la inmensidad del Universo del que Whitney Houston forma parte, pero yo, a diferencia de aquell@s que piensan que tod@s somos iguales encontré una luz en mi camino y un ejemplo de superacióon. Ahora, que nos dejas huerfan@s encontramos un hueco, como decía Alberto Cortez "Cuando un amigo se va queda un espacio vacío que no lo puede llenar la llegada de otro amigo". Descansa en paz Whitney.

jueves, 2 de febrero de 2012

La institucionalización de la música



Podría decir, sin temor a equivocarme, que la institucionalización de la música tuvo más sombras que luces, y peor aún, perduran.
Como comentaba en el post anterior dedicado a la figura de Carissimi, la burguesía, que había conseguido convertirse en la principal protagonista de las revoluciones tanto francesa como industrial, había dejado huérfanos a los compositores que a diferencia de lo que se piensa, tomaron la forzosa decisión de convertirse en artistas independientes, autónomos.
Oficialmente, como organización del Estado, el primer Conservatorio fue el de París, fundado en el año 1.795 y digo oficialmente, porque el término conservatorio fue una denominación que tomaron los centros y escuelas de caridad que recogían a huérfanos o personas en precariedad y se enseñaba entre otras cosas, música.
El Conservatorio de París contaba en sus comienzos con 40 profesores y 40 estudiantes, lo que da una clarísima radiografía del grado de individualidad de las enseñanzas impartidas. Fue criticado de cierto conservadurismo y entre sus profesores no destacan compositores de altura de la época. Años más tarde, Leipzig, en 1843, iniciaba bajo las órdenes de los Mendelssohn Barthody una apuesta que desbancaba el liderazgo de Francia. Entre sus profesores se contaban con importantes compositores como Schumann y llegó a tener hasta 6.000 alumnos.
La institucionalización de la música fue un camino abierto para los diletantes, en su mayoría burgueses que admiraban la cultura y querían formar parte de las actividades y acontecimientos más destacados de la época.
Sin embargo, y como veremos más adelante, los Conservatorios demostraron una exigencia y un anquilosamiento que no estaban al alcance del alumnado que a ellos, con intenciones tal vez no profesionales, se acercaban para el aprendizaje de la música.
La vida de los Conservatorios no ha cambiado mucho, personalmente pienso, que estaban desde el comienzo abocadas al fracaso si lo que se pretendía era extraer de ellos grandes compositores. Que nadie se llame a engaño, el talento no se enseña aunque si se perfecciona.
Uno de las lozas que pesan sobre la enseñanza pública es su propio sistema. Existe una carrera contrarreloj en la que el alumnado se ve obligado  a interpretar un número de obras en apenas nueve meses, sin contar los festivos. La mayoría de las veces, y dado el escaso tiempo de la sociedad moderna, las obras son revisadas a la ligera sin entrar en detalles ni en perfeccionamientos, algo que contradice el objetivo de la enseñanza. Es, esta, principalmente, la peor enemiga para crear mediocres profesionales o en su caso frustrados aprendices de música.
El Estado se ha convertido en el protector de las artes y está bien que se garantice la igualdad de oportunidades, pero tiene el terrible inconveniente de la urgencia de velar por el cumplimiento de horarios, temarios y proyectos curriculares, asegurar que un porcentaje determinado es apto para concluir sus estudios, único acicate para mantener tal institución.
Una gran parte de los docentes que ejercen su profesión en Conservatorios no han demostrado tener ni una sola composición propia o lo peor aún, no han dado un solo concierto en su vida. La mayoría de los compositores, salvo excepciones, huyen de este sistema rígido que obliga a crear genios y que no ahonda en la necesidad de una estructura más acorde con los tiempos que corren y las necesidades exigidas.
Antes de la institucionalización de la música, el músico como otras muchas profesiones era un trabajo heredado o se destinaba a un profesor particular que garantizaba, fuera de ninguna estructura burocrática, el verdadero trabajo de la enseñanza como oficio, y por tanto artesanal.
Y ahora, unas breves líneas sobre lo que os comentaba más arriba. En Music-Study in Germany, from the Home Correspondence, de Amy Fay, Chicago 1880, se comentan las horribles clases de piano de la época. Os transcribo un fragmento:
“  (Tausig) ¿Va a tocar usted el piano o no, porque si no, no llegaremos a ningún sitio? – La segunda alumna se sentó y tocó unas cuantas líneas. Le hizo empezar una y otra vez y finalmente le quitó la partitura y golpeó el piano. {...} ( La alumna Timannoff a la que consideraba una genio) “ No paraba de interrumpirle de la manera más atormentadora y exasperante que se pueda imaginar. Si hubiera sido yo, habría llrado...”

No tomen este fragmento como un mero hecho anecdótico, ocurría y sigue ocurriendo en muchos conservatorios. El academicismo no juega a favor de los genios, a veces, ni de aquellos que con tan buena intención deciden emprender estudios de música, a veces como simples diletantes, algo que termina por convertirse en un sentimiento de baja autoestima y de culpabilidad del que no podrá librarse el resto de su vida.