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sábado, 23 de marzo de 2013

Bebo Valdes: hasta siempre, maestro

Sin lugar a dudas, a Bebo le sobran admirador@s, amig@s, seguidor@s y lo escribo en presente porque la amistad es algo que trasciende cualquier temporalidad.
Como otros muchos cubanos se ha ido sin poder saborear ni despedirse de su linda islita donde las haya. Seguro que allá, l@s que viven en la utopía de una tierra verdaderamente libre, le habrán llorado.
Bebo no sólo era un buen pianista de vocación, con una sensiblidad extraordinaria, era, especialmente, la esencia del alma cubana: sencillez, amabilidad, altruísmo y ese sentido del humor propio del Caribe.
Aquell@s que de una u otra forma hemos mantenido un lazo muy directo con Cuba saben de lo que estoy hablando.
Bebo nunca se olvidó de su tierra, como buen cubano, llevando allí donde estuviera su cultura y su música con esas manos prodigiosas que acarician las teclas del piano a ritmo de rumba, guaracha, son, guaguancó o cualquier otro estiilo al que pudiera extraerle lo mejor, incluso en las fusiones, Bebo era un maestro en la adaptación y en la mezcla dándole su propio sello personal.
No sé como le trató la vida, pero aún así, en el exilio, en esa tierra de nadie en la que se sienten tod@s l@s que dejan su pedacito de tierra en busca de una vida digna, aún así digo, consiguió llegar a sus 94 años y con la seguridad con la que cualquier músico podría afirmar, no le faltó ni un instante el apoyo que un instrumento musical puede aportar y llenar los vacíos fisicos y emocionales.
Compay, que usted lo toque bien allí donde esté, maestro.