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domingo, 15 de septiembre de 2013

Cuando el río suena

En un diario de tirada nacional el director Zubin Mehta ha declarado que España e Italia pasan por una situación cultural desatrosa.
Y me alegro yo de leer sus palabras no por el contenido que vierten, el cual verdaderamente es lamentable, sino porque al menos me restará grado en esa connotación catastrofista de la que se me tilda en mis artículos cuando hablo de cultura, especialmente en España.
Si las palabras de Mehta fueran inicuas, tod@s sin excepción podriamos acusarle con el dedo, pero si estas declaraciones no son mas que un grano de arena que se suma a la gran montaña, entonces deberíamos prestarle mucha atencion.
En otra noticia relacionada con el mundo de la cultura y sin querer entrar en batalla cuerpo a cuerpo, Rafael de Fruhberck, que celebra sus 80 años y continúa en activo, habla subliminalmente de la Orquesta Nacional de España comparándala con otro tiempo.
Algo esta pasando, no cabe duda, cuando Mehta necesita ir a Mallorca a dar un concierto para recaudar fondos y que no se pierda la Orquesta Sinfónica de las Islas Baleares Ciudad de Palma.
Esta situación calamitosa y decadente que sufre la cultura española, por lo que nos toca, cada cual que hable de la suya, no sólo es preocupante sino que pone en riesgo puestos de trabajo, porque todavía habra quien me acuse de para qué leches sirve la música si hay un porcentaje altisimo de poblacion, de ciudadanos de a pie que se mueren por sobrevivir. Pues por eso, porque genera empleos y porque es una industria mas como la metalúrgica, como la textil y como tantas otras.
Pero el artista, ¡ay el artista! ese vago que se pasa los días mirándose el ombligo, a ese, ni agua. Porque esta es la expresión populista de la ignorancia que cirucla por las calles de nuestras ciudades españolas. Mientras esto no cambie, dificilmente lo hará la situación. Y de no existir esa dependencia que el artista demanda de un publico que contemple su obra, nada sería tan díficil y la autoestima no sufriria tan grandes golpes de palo.
Hay, sin embargo, aún si cabe, algo más preocupante. Si esta situación está sucediendo bajo el amparo de un gobierno de derechas, ¿ qué no ocurriría con uno de izquierdas, que aborrece la herencia de la que procede la mayoría de los artistas que se cultivaron bajo las arcas de principados, marquesados, etc? Ese estigma "nobiliario" del arte de un currante que tuvo la fortuna de encontrar quien le recompensara por su obra y que la izquierda utilizó para su propaganda y su panfletada de "el pueblo".
Pero no es al pueblo al que le debemos la 5ª de Beethoven, ni las Bodas de Figaro de Mozart, ni los Conciertos de Brandenburgo de J.S. Bach, ni los cuadros de la escuela holandesa. Todos esos tienen nombres y apellidos y aunque son pueblo no son masa que es lo que pretende fomentar estas izquierdas desorientadas.
Pues como digo, me preocupa, que un gobierno de derechas haya usado el sable para cortar cabezas , tal vez temerosos de que se conviertan en boomerangs.
En el fondo, aunque el arte está muerto, el artista, no; esta burguesia que vilipendia cualquier manifestación artística que no satisfaga o bien su sed de ocio y consumo (deplorable) o bien su bolsillo, son los dos lados de una misma carta: derecha o izquierda.
¿Qué le queda entonces al artista? Espacio, poquísimo, pero siempre en determinados períodos surge un amante de la cultura, no necesariamente un intelectual, que a veces producen vomitos por su pestilente arrogancia, sino un verdadero amante en el sentido más literal del término que ofrece lo que por suerte o por esfuerzo, el destino le concedió y es capaz de ponerlo al servicio de aquell@s que no encontrando ningún placer en lo mundanal, nos hemos refugiado en la caverna de Platón, entendida esta como que cualquier ideal no supera ni con creces la triste realidad que nos toca vivir.