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domingo, 5 de enero de 2014

Ironías de la vida de un compositor

No, no es casual este espacio de tiempo sin escribir nada. Ya conoceis la urticaria que me provocan estas hipócritas fiestas de amor y felicidad.
También debo decir que cierto "intelectual" en un programa de televisión me deprimió bastante cuando dijo que los blogs no sriven para nada, pues no tienen valor científico alguno y no los suelen leer nadie.
Bueno, yo le animaría a que visitara este y diera una hojeada al libro de visitas.
Pero no es el motivo que me trae aquí.
Conoceis que soy un oyente asiduo a RNE Clásica, el único programa de música clásica nacional que merece un elogiado premio por su heroicidad en estos tiempos de mantener a buen recaudo el material de nuestra historia musical.
Emitían por aquel entonces, no recuerdo exactamente cual programa, Le Tombeau de Couperin de Maurice Ravel.
Me sorprendió gratamente tanto la versión pianística como la orquestal del compositor (cuatro primeras). Siempre tenemos la tendencia de encasillar a los compositores y a veces una obra se convierte más que en un libro de cabecera, en una sentencia de muerte.  Vengo a referirme al ya tan más que conocido Bolero que compusiera Ravel.
Y no porque le tenga manía a esta obra, me parece tan extraordinaria como cualquier otra, sino porque el exceso siempre acaba con la pasión y la ilusión, además de reducir la carrera de un artista a un sólo momento de su vida. Es frustrante cuanto menos.
Le Tombeau, no voy a entrar en detalles, os remito al programa que podeis siempre escuchar en la web de RNE Clásica grabado, es una suite sorprendente por varios motivos.
El primero, porque al tratarse de un concepto con tintes funerarios en principio en homenaje a Couperin, se presenta de una alegría desconcertante, al menos desde el punto de vista occidental en el que la muerte tiene un carácter demasiado serio.
La segunda razón es que Ravel hizo varias dedicatorias en una sola obra: a Couperin, a la música barroca de todo este siglo y creo, que la razón principal, a sus compañeros muertos en el frente de batalla de la 1ª Guerra Mundial.
Hay algo que verdaderamente me sorprende aún más. La obsesión de muchos compositores de participar en conflictos bélicos. La lista puede ser bastante extensa.
El artista asume en estos casos el sentido de un deber, desde mi perspectiva absurdo. El músico se hizo para la música y el soldado para la guerra.
Por ironías de la vida, Ravel cayó enfermo y tuvo que resistirse a tener un papel en aquella contienda que enfrentó a los pueblos.
En cierto post comenté que la música es absoluta y está por encima de elucubraciones e ideologías. Sí, ya sé que much@s dirán que Beethoven en la 9ª cantó a la libertad y en la 3ª a un, por entonces, supuesto heroe militar. Pero es absurdo pensar que el sonido, las notas musicales, las melodías puedan reunir por muy buena intención que se ponga en ello tales acepciones y que todo es apenas una conjetura o si quieren una fuente de inspiración. Otra cosa es la Retórica musical o el Pathos, pero incluso éstas no son más que reglas que el hombre ha creado para diferenciar musicalmente estados de ánimo como aquello del modo menor triste y el modo mayor alegre. Hay una gran carga subjetiva y heredada en esto.
Por eso, puede ser que Le Tombeau de Maurice Ravel tenga más sentido entenderlo así, no siendo esclavo de nuestros prejuicios sino con la mente abierta de quien escucha apenas sonidos.