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martes, 4 de febrero de 2014

Derechos de autor y Robinson Crusoe

Hoy se debate en el Parlamento de Europa los derechos de autor y aunque he seguido en directo el debte, ya comenzado, mucho me temo que no me he perdido nada.
Durante el tiempo que he escuchado las palabras de algunos de los que han intervenido, ni una sola palabra de AUTOR, ni de ARTE y muchas de mercado, dinero  y negocio.
Yo creo que esto de los derechos de autor es como la célebre novela de Daniel Defoe: Robinson Crusoe.
Por un lado, la soledad del artista nuevamente que no entiende en qué idioma se habla en Europa esta cuestión. Porque no es de dinero, ni de mercado de lo que los artistas nos quejamos frecuentemente, sino de DERECHOS. Derecho que no debe excluir, no ya a los que se enriquecen como parásitos a costa de nuestro trabajo, sino a tod@s los que inmoralmente hacen descargas en la red o por otros medios de la obra de un autor, y de ésto, nada he oído.
Por otro, porque a ver si ahora también vamos a ser carne de cañón cuando en el Parlamento Europeo se habla de un estricto seguimiento para que los artistas declaren y tengan sus papeles en regla. Pero, vamos a ver, ¿ desde cuando el arte debe ser interpretado como un objeto de enriquecimiento o de mercado?, hay que aplicar aquí aquello de: además de perro, apaleado.
No, es clarísimamente transparente que en Europa y con los autores la comunicación es la misma que la de Robinson y Viernes: nula.
Mientras tanto, como al protagonista de la novela de Defoe, seguiremos esperando el barco que llegue a rescatarnos, pero si no llega, igual mejor, al fín y al cabo, creo que esta batalla está perdida desde el momento en que el ser humano, cada vez con menos conciencia social, egoísta y animalizado, decidió que una obra de arte tiene el mismo valor que una palabra en el Parlamento Europeo.