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miércoles, 25 de marzo de 2015

Pedro Reyes o el arte de hacer reir

Otra desafortunada noticia viene a reunirme con ustedes nuevamente, hasta parecería que mi blog es un diario necrológico, pero los acontecimientos mandan y también el deber de reconocer la valía de ciertas personas que nos acompañan en este singular viaje que es la vida.

Hacer de la risa un espectáculo tal vez no tenga mucha relevancia, pero en estos tiepos tan amargos donde resulta dificil obtener ni siquiera una sonrisa, el que determinadas personas con vocación se rindan a ello es más que una proeza, es casi una obligación de ponerle a la rutina cada vez más dura de estas décadas que nos consumen un aliento de esperanza, de optimismo o al menos de resignación bien entendida.

Pedro Reyes, este adoptivo paisano andaluz ha sido otro de mis referentes en este camino que juntos recorremos ciertas personas. Su humor surrealista o absurdo sin faltar a nadie y tan espontáneo, ha conseguido, al menos, unos minutos de de huída, de evadirse de la carga cotidiana que nos asola.

Efectivamente, hacer reir es un arte, muy dificil, casi más que cualquier otro y tan recompensador como cualquiera de las otras artes. El hombre que no sabe reirse, ni siquiera de sí mismo, está abocado a ser un esclavo de su fatalismo y de su destino y todo ser humano, pues la risa es cosustancial a nuestro desarrollo como especie, debería valorar en su justa medida los beneficios que ofrece. Cuando Molière escribió el enfermo imaginario, al parecer la que fuera una de sus últimas representaciones, tal vez nunca pensó de qué modo tan cruel la muerte le venía a visitar, pero hizo gala de sus mejores herramientas y llegó a decir: "esto no estaba previsto".

El cómico es, si cabe, el hombre más libre donde los haya, su sabiduría radica en que en esta farsa llamada vida sólo tenemos dos opciones: reirnos o que ella se ría de nosotros.

Hasta siempre, Pedro. Mi más sentido pésame a familiares, amigos y al mundo del espectáculo, especialmente, el de la comedia.

viernes, 20 de marzo de 2015

Las buenas elecciones

Ahora que estamos en proceso electoral, permítanme utilizar el paralelismo que les propongo para destacar la importancia de una buena decisión.

Cuando comencé mis clases de piano (tenía apenas diez años de edad), mis padres, con un gran esfuerzo, me compraron un piano. Nunca olvidaré el fabricante al que por respeto no voy a mencionar.

Aquel instrumento era un verdadero martirio chino. Era de tal dureza que los ejercicios que requerían cierta velocidad eran más que un reto: eran un imposible.

Desafortunadamente, ni yo ni mis padres tuvimos buenos consejeros que nos asesorasen en qué tipo de instrumento convenía para un alumno de tan corta edad y que contara con las mínimas garantías de éxito y calidad.

Tampoco mis profesores y profesoras de piano del Conservatorio se preocuparon nunca de preguntarlo y cuando me tocaba el turno de presentar mi trabajo de ejercicios y pequeñas obras, éstos apreciaban una falta de interés o vocación en ellos.

Sólo al cabo de muchos años, he comprendido que no era mi talento o predisposición musical lo que estaba cuestionado, sino la importancia de la buena elección. Es verdad, que un piano es un instrumento de alto coste y a esas tempranas edades nadie sabe la durabilidad o alcance del tiempo de una materia tan exigente como la música en la que muchos y muchas abandonan por cansancio o porque satisfacieron sus incipientes deseos en relación a ella.

Aún así, si sois padres y habeis encontrado un hálito de tendencia artístico-musical en vuestros hijos o bien como futuros alumnos ya conscientes de vuestras intenciones; os recomiendo que os dejeis siempre asesorar antes de adquirir la herramienta de trabajao que vais a utilizar, sólo de este modo hay una puerta abierta a la continuidad y vuestra autoestima no sufrirá los amargos recuerdos que dejaron en mí aquel mi primer piano y aquellos mis primeros profesores.


martes, 17 de marzo de 2015

Juan Claudio Cifuentes: nuestro mejor representante del jazz

Hoy al conectar mi radio me he visto sorprendido por la triste noticia de que nos deja uno de los mayores pozos de sabiduría en cuanto a jazz se refiere, una grandísima persona que en algunos momentos de mi vida ha sabido recompensar con sus comentarios, sus reconmendaciones y sus magistrales clases de un estilo musical que siempre se me ha atragantado. No sé, con Cifus era diferente, creo que de igual modo y acierto hubiera convencido a cualquiera con cualquier otra manera de entender la música.

Como no soy entendido en jazz, ni he seguido fielmente cada programa que con tanto entusiasmo Juan Claudio Cifuentes ofrecía para todos, sin distinción alguna y con tanta clase, no voy a entretenerme aquí en dilucidar las virtudes del jazz, ni hablar de lo que no sé de alguien que ha dedicado gran parte de su tiempo y su vida al jazz.

La noticia, en cualquiera de los casos, es triste, porque más que a un maestro, uno siente la sensación, a medida que le llueven los años, de que se va quedando sólo y aquellas referencias humanas, como Cifus, cruzan al otro camino.

Sólo resta dar mi más sentido pésame a familiares, amigos y al mundo del jazz. Gracias Cifus, por aquellos momentos únicos en los que conseguistes acercar a un profano a tu mundo, aquel que con tanta pasión defendistes de forma extraordinaria. Seguro, que los grandes maestros del jazz te estarán igualmente agradecidos sea cual fuere el destino que como humanos nos corresponde vivir. Hasta siempre, abrazos y carantoñas.

sábado, 14 de marzo de 2015

Un poder universal

A la música, se le otorgan muchas cualidades desde tiempos inmemoriales. Frente a la capacidad que sobre los elementos, las tribus más ancestrales sostenían con sus cantos y danzas de alabanza y perdón, pasando por el pathos griego y el poder curativo de la musicoterapia, es innegable que la madre de los sonidos tiene una extraordinaria propiedad de actuar en el conjunto de lo viviente y si me permiten de lo no-viiviente.

Es verdad y sería estúpido no reconocerlo, que también la música ha ejercido una función mediática en favor de los poderes fácticos que la utilizaron como bandera de sus ideologías, a merced de la política, la guerra e incluso de las religioines incluídas sectas o movimientos radicales de transformación social, la música, un fenómeno dificil de medir, tantas veces considerado arte absoluto por encima de cualquier forma que queramos darle, contiene un elemento mágico que se escapa a la ciencia y que vulnera los principios de la mejor de las teorías de neurología y por qué determinados sonidos nos animan y otros nos deprimen. Sin entrar en esta última cuestión a la que algunos argumentarían con la famosa frase de: porque hemos sido condicioinados para ello, hay casos en los que esta divinidad ora metafórica, ora real, confluye en un poderoso deseo de humanizar más al ser humano valga la redundancia y el carácter universal o el papel que juega en el cosmos.

Ya sabemos que para muchos científicos, ensimismados en encontrar explicación para todo, estas palabras son una sarta de gilipolleces propias de un romántico del s. XIX. Tal vez sí, tal vez no.

Pero esta gilipollez es capaz de reunir a 15.000 personas en el festival de primavera  de Latvia y hacerlas cantar juntas sin importar las enormes diferencias que cada ser humano encierra en sí mismo en muchos casos opuestas. Creo que el video merece la pena. Lo que la música ha unido, que no lo separe la carne ( y menos aún, la ciencia).


miércoles, 11 de marzo de 2015

Sin estrecheces de miras

Uno de los campos que ofrece un rango más ámplio de libertad en la creación es el de la soundtrack o banda sonora.

El compositor que hace incursión en esta modalidad, o llamemosle si quieren género, no está sometido a los rigores estilísticos que otras formas de creación ven delimitadas por su propia idiosincrasia.

En otros tiempos, la mayoría de los compositores operísticos, especialmente los del Barroco y e Clasicismo, crearon un sistema cerrado basado en las propias reglas, en las teorías de lo correcto y en las estructuras que dominaban el sistema modal y tonal. es verdad, que cuanto más atrás en el tiempo, uno tiene menos referencias en las que apoyarse. Dicen que El rapto del Serrallo de W.A. Mozart fue una revolución musical en cuanto a originalidad y ruptura con estos esquemas que aún combinaban las hazañas heróicas de dioses con armonías y melodías que no pudieron rescatar del ideal clásico griego y que tuvieron que inventarlo.

En otro contexto, la ópera más cercana, llámese Rossini, Verdi o Wagner ensalzaron los valores del nacionalismo y no se atrevieron a salir de los encorsetados sistemas que por entonces regían estos movimientos musicales. Tal vez, Puccini volvió a revolucionar el concepto musical con Madame Butterfly, rompiendo nuevammente con los establecido y aportando un carácter más diversificado y acorde con la temática de la ópera en sí.

Sin embargo, ni todos los compositores de bandas sonoras que conozco, y que modestia aparte son muchos, han arriesgado o explorado formas musicales que salieran del contexto histórico en el que vivieron (valga el ejemplo de Ben Hur de Miklós Rózsa).

No cabe duda que un compositor debe serlo de su tiempo, pero el abanico de posibilidades que ofrece la retrospectiva de lo ya inmortalizado desdee lo popular hasta lo más vanguardista, deberían ser un alíado de cualquier compositor de nuestro siglo. Como en el mundo animal existe una capacidad de mutación provocada por la necesidad de supervivencia, en el mundo de las creaciones sean musicales o de cualquiera otras de las artes, desdeñar lo que el pasado nos ofrece enciera una estrechez de miras extraordinaria.

La libertad creativa de los compositores de bandas sonoras termina únicamente en los esquemas de ajustarse a un guión establecido y a veces ni siquiera el mejor de los guines puede delimitar lo que la inspiración, a falta de otro nombre mejor, nos regala cada día que nos sentamos frente a un papel pentagramado o a nuestra grabadora de hacer visible lo invisible.

domingo, 1 de marzo de 2015

Entre hormigas y cigarras: haciendo escuela

Enlazando con el post anterior, hoy también voy a hablaros de otro cuento. El de la cigarra y la hormiga (más que un cuento una fábula).

Como doy por sentado que todoso conoceis dicha fábula no perderemos el tiempo en descubrirla, pero su símil y su moraleja nos vendrá muy bien para la cuestión que hoy nos trae.

En la dimensión "hormiga" encontramos dos interesantísimos proyectos. El primero, vinculado a la integración social y el segundo a la tradición.

En el 2.011, José Brito comienza una experiencia piloto en las Islas Canarias, la cual afortunadamente, tuvo el apoyo necesario para que cualquier proyecto cobre un valor, que acabó llamándose Barrios Orquestados. Estos barrios orquestados iban destinados a la reinserción social en barrios marginales o periféricos, o de exclusión, como gusten llamarle, del archipiélago canario. El proyecto no solo contribuyó a que chicos y chicas se iniciaran en el aprendizaje de un instrumento tan dificil como los de cuerda frotada, sino que al desarrollo musical, artístico, de sensibilidad ciudadana, de cultura, se añade el enorme papel integrador en el que padres y familiares de esoso barrios participan de manera activa de la vida musical, aunque yo llamaría simplemente participan de la vida.

En el otro lado, Vincent Campbell, un irlandés amante de sus tradiciones, además de ser el único superviviente de un estilo de tocar el violín muy personal, está contribuyendo a que su permanencia continúe más allá de lo que por naturaleza, más tarde o más temprano ha de llegar. Para ello, enseña a chicos y chicas con un método muy particular en el que no reciben clases en el sentido técnico de la palabra, los aprendices tienen el "deber" de esforzarse en "seguir" al maestro, un aprendizaje que sin duda tiene mucho que ver con algunas pedagogías de siglos pasados en las que muchos músicos carecían de conocimientos musicales.

Estas son dos de nuestras hormigas, haciendo una labor impagable, encomiable y garantizando la supervivencia de sus culturas y sus tradiciones.

En el otro lado, el de la cigarra, la charlatanería de los aspirantes a políticos con sus ideas sobre cultura, los ignorantes periodistas que se atreven a comentar de aquello que no saben empobreciendo nuestro saber cultural con cuestiones que no lo merecen, los "dioses y diosas" del marketing (llámese Lady Gaga, Beyond Ce o Madonna) con sueldos astromillonarios de una pésima calidad artística, los "proyectos" de ópera en los que no se sabe bien si se trata de eso mismo, de flamenco, de danza, de poesía o de no sé qué historias (llámese El público) y por último, y no menos desafortunado, un verdadero castigo para el oído, determinadas "simbiosis" musicales que partiendo del flamenco y con una voz nasal, macarra y de un mal gusto, nos venden los críticos musicales de hoy en día.

Estas cigarras, son las que consiguen sobrevivir, se imponen con sus cantos al trabajo metódico y elaborado de las hormigas. A las primeras les llaman cultura, a las segundas, pasado.

Barrios orquestados

Vincent Campbell