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viernes, 20 de marzo de 2015

Las buenas elecciones

Ahora que estamos en proceso electoral, permítanme utilizar el paralelismo que les propongo para destacar la importancia de una buena decisión.

Cuando comencé mis clases de piano (tenía apenas diez años de edad), mis padres, con un gran esfuerzo, me compraron un piano. Nunca olvidaré el fabricante al que por respeto no voy a mencionar.

Aquel instrumento era un verdadero martirio chino. Era de tal dureza que los ejercicios que requerían cierta velocidad eran más que un reto: eran un imposible.

Desafortunadamente, ni yo ni mis padres tuvimos buenos consejeros que nos asesorasen en qué tipo de instrumento convenía para un alumno de tan corta edad y que contara con las mínimas garantías de éxito y calidad.

Tampoco mis profesores y profesoras de piano del Conservatorio se preocuparon nunca de preguntarlo y cuando me tocaba el turno de presentar mi trabajo de ejercicios y pequeñas obras, éstos apreciaban una falta de interés o vocación en ellos.

Sólo al cabo de muchos años, he comprendido que no era mi talento o predisposición musical lo que estaba cuestionado, sino la importancia de la buena elección. Es verdad, que un piano es un instrumento de alto coste y a esas tempranas edades nadie sabe la durabilidad o alcance del tiempo de una materia tan exigente como la música en la que muchos y muchas abandonan por cansancio o porque satisfacieron sus incipientes deseos en relación a ella.

Aún así, si sois padres y habeis encontrado un hálito de tendencia artístico-musical en vuestros hijos o bien como futuros alumnos ya conscientes de vuestras intenciones; os recomiendo que os dejeis siempre asesorar antes de adquirir la herramienta de trabajao que vais a utilizar, sólo de este modo hay una puerta abierta a la continuidad y vuestra autoestima no sufrirá los amargos recuerdos que dejaron en mí aquel mi primer piano y aquellos mis primeros profesores.