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sábado, 14 de marzo de 2015

Un poder universal

A la música, se le otorgan muchas cualidades desde tiempos inmemoriales. Frente a la capacidad que sobre los elementos, las tribus más ancestrales sostenían con sus cantos y danzas de alabanza y perdón, pasando por el pathos griego y el poder curativo de la musicoterapia, es innegable que la madre de los sonidos tiene una extraordinaria propiedad de actuar en el conjunto de lo viviente y si me permiten de lo no-viiviente.

Es verdad y sería estúpido no reconocerlo, que también la música ha ejercido una función mediática en favor de los poderes fácticos que la utilizaron como bandera de sus ideologías, a merced de la política, la guerra e incluso de las religioines incluídas sectas o movimientos radicales de transformación social, la música, un fenómeno dificil de medir, tantas veces considerado arte absoluto por encima de cualquier forma que queramos darle, contiene un elemento mágico que se escapa a la ciencia y que vulnera los principios de la mejor de las teorías de neurología y por qué determinados sonidos nos animan y otros nos deprimen. Sin entrar en esta última cuestión a la que algunos argumentarían con la famosa frase de: porque hemos sido condicioinados para ello, hay casos en los que esta divinidad ora metafórica, ora real, confluye en un poderoso deseo de humanizar más al ser humano valga la redundancia y el carácter universal o el papel que juega en el cosmos.

Ya sabemos que para muchos científicos, ensimismados en encontrar explicación para todo, estas palabras son una sarta de gilipolleces propias de un romántico del s. XIX. Tal vez sí, tal vez no.

Pero esta gilipollez es capaz de reunir a 15.000 personas en el festival de primavera  de Latvia y hacerlas cantar juntas sin importar las enormes diferencias que cada ser humano encierra en sí mismo en muchos casos opuestas. Creo que el video merece la pena. Lo que la música ha unido, que no lo separe la carne ( y menos aún, la ciencia).