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domingo, 26 de abril de 2015

Música muerta

Sí, acabo de descubrir que mis creaciones de aquí y ahora son música muerta. Música muerta si nos remitimos a la petulancia de cierto programa de RNE de llamar contemporánea a toda aquella música inspirada en el atonalismo, el dodecafonismo o el experimentalismo. La élite de siempre que pretende hacernos ver (a quien se deje, por supuesto) que la música actual debe reglarse en estos parametros y no otros, porque los otros están caducos o porque no tiene validez artística o están fuera de tiempo y lugar.

Me recuerdan estos tiempos al más puro y crudo Romanticismo, en el que el compositor era un ser superior, omnipotente, muy lejano del resto de los mortales. Es esto lo que vende el compositor contemporáneo, yo lo llamo snobismo o extravagancia para poder estar en la élite o etiquetar lo que ellos llaman arte.

Detrás, estamos el resto, es decir, los compositores que nos resisitimos a creer que la música tiene que pasar por este canon de asimetría, irregularidad o libertad absoluta (si este concepto existe). Somos, por ende, los músicos muertos aunque estemos vivos, como si al arte o a la música en particular se le pudiese aplicar este adjetivo despectivo en este caso.

Si esto es música contemporánea, efectivamente, yo no estoy dentro de ella ni quero estarlo. Así, que todos aquellos que como yo estamos fuera de este término cargado de arogancia y pedantería tendremos que buscar algo que nos defina, pero sobretodo, que nos haga visibles para no adhesionarnos a ese concepto de música viva que ya ha marcado sus líneas.

sábado, 25 de abril de 2015

Discoplay y discos del sur: cuando la cultura importaba algo

Algunas veces he oído decir que lo pasado, pasado es. Sin duda, nadie podría decir lo contrario, pero caben matices. Porque no hay presente sin pasado y sálvenos la Providencia de que algún día el pasado deje de ser nuestro consejero para planificar el futuro.

Existieron dos publicaciones españolas que contribuyeron en gran medida y relevancia a la cultura de este país, tan denostada por cierto en la actualidad.

Discoplya lanzó su primera publicación el año 1.982 y cerró sus puertas en 2.007. Durante casi tres décadas, la revista con la que muchos crecimos no era exclusivamente un catálogo al uso de vender y comprar. Era una cultura viva de la música principalmente y de otras artes en menor proporción.
Recuerdo que con ellos descubrí a muchas bandas, artistas e incluso compositores de la llamda música culta u otras músicas que no estaban accesibles en otros medios con sus corresondientes reseñas. Su formato en papel, como le ocurre al libro, le hacía un ente vivo al que ir y volver sin necesidad de enchufarse a Santa Electricidad que todo lo puede y sobre la que se construye hoy todo el mercado y entramado social, económico y cultural. Es cierto que la red ofrece ventajas, hoy día muchos discos que compré en Discoplay ni se me hubiera ocurrido sin una audición previa.
Pero más que una revista musical, como digo, Discoplay era un escaparate a la cultura general: literatura, cine, coleecionismo,etc Lo más destacado era su diversificación, su estructura de formato y sus referencias.
Discoplay ha creado una hemeroteca online para quien quiera descargar sus boletines y disfrutar aún de la magia de ellos.

Discoplay documentario

En otro orden de cosas estaba, creo recordar que se llamaba así, Discos del Sur. Una revista en blanco y negro muy especializada y con mucha información interesante que no tuvo la repercusió de la anterior pero que funcionaba bien en los círculos especializados.

Ambas revistas aportaron un saber necesario para elegir en música sin el efecto llamada que los medios de comunicación ejercen sobre la "gran masa" "obligándoles" a escuchar aquello que a ellos le interesan que escuchen empujados por las cuantiosas sumas que las discográficas, los productores y todo el business musical ejercen sobre ellos para vender su producto. La radio, especialmente, salvo programas concretos, es uno de los aparatos logísticos preferidos por estos capitalistas del arte y la cultura.

El pasado ayuda a recordar y del recuerdo se produce las sinapsis neuronales tan necesarias y enriquecederosas para no ser meros objetos al amparo de los especualdores.




domingo, 19 de abril de 2015

Con la cultura: juega limpio

No soy muy dado a realizar seguimientos en la red de lo mucho o poco que en los motores de búsqueda se perfila sobre la palabra "berekekê". Cierto es que el padre de este nombre artístico me gana en contenidos (Geraldo Azevedo) aunque bien merecido lo tiene.

Hoy, la vena curiosa que todo ser humano lleva contenida junto al resto de los órganos que conforman nuestro cuerpo se lanzó sobre un conocido motor de búsqueda y observó con asombro como rusos y brasileños se han apoderado ilegal e injustamente de parte de mis creaciones. No resulta sosprechoso viniendo de las zonas de donde vienen donde el concepto de respeto y ética no parecen estar entre los hits de sus valores.

Por ello, os recuerdo que utiliceis siempre los circuítos oficiales que podeis encontrar en la Web Ofcial, 

Ante la duda, utilizad siempre la lógica de la cual proceden estas malintencionadas acciones.

Lamento decirlo, pero nadie que realiza una descarga ilegal puede considerarse un seguidor sino más bien todo lo contrario, alguien que aún pretende convencerse a sí mismo de que la cultura y el arte no es merecedora de ser sostenible.

jueves, 2 de abril de 2015

Yo soy la Nacha

De siempre, es decir, desde que tengo uso de razón, he considerado al pueblo argentino de un gran nivel intelctual y no lo digo por regalar oídos a nadie, no es mi estilo, sino porque verdaderamente así lo siento.

Entre ese grupode intelectuales privilegiados que viven en la sombra, como ocurre en España, exiliados de estas sociedades descafeinadas,  preocupados de la forma y no del fondo, se encuentra Nacha Guevara.

La primera relación que yo tuve con esta grande artista polifacética donde las haya, llegó bien tarde y de forma ocasional,mucho después de que el mundo intelectual argentino y español se debatieran entre el exilio o las penalidades de la tortura física y psicológica de las dictaduras o postdictaduras. Cuando uno mira para atrás, da hasta risa ver los problemas de estas nuevas generaciones y sus quejas y reclamaciones, no digo infundadas pero sí recargadas de arrogancia y pedantería.

Alguien me recomendó, conociendo mi gran afición a la música, su envidia y frustración (la mía fue el teatro) me prestó una cinta de casete de aquel irrepetible espectáculo de Las mil y una Nachas. Verdaderamente, y a pesar de que yo no tenía más de veinte años por entonces, abrió como flor dispuesta a nutrise de las bondades que cada mañana le obsequia, una perspectiva fundamental en mi modo de entender la vida, de esculpir mi filosofía y de prepararme para el futuro hombre. Aquellos mensajes de Nacha entre comedia y drama tenían una profundidad y eran de tal magnitud que jamás he olvidado ni una sola de aquellas canciones, ni de la persona que las interpretaba y a la que alguna que otra vez he vuelto para reirme un poco del mundo actual en que vivo.

Pero yo nunca mitifiqué a Nacha, por el contrario, veía sus defectos y admiraba sus virtudes y creo que debe ser con esta visión con la que una persona debe acercarse a un artista, porque quien pretende separar al humano del genio comete un error de inconmensurables consecuencias futuras.

Después de Las mil y una Nachas, llegaron, por interés personal, otros álbumes como aquel que plasmaba los versos del no menos y comprometido Mario Benedetti, una de las figuras claves para entender La Argentina de su tiempo.

El verdadero arte no está en pintar el mejor lienzo con las técnicas más avanzadas, ni componer música con las tecnologías más vanguardistas, sino en la capacidad de transmitir emoción. Yo recuerdo haberme emocionado escuchando aquellas canciones tan emblemáticas como Yo te nombro libertad, el Padrenuestro iberoamericano y esbozar una sonrisa con Soy snob, Es mi hombre, y otros títulos de sus primeros y más significativos trabajos.

Al lado de Nacha en aquel espectáculo estaba el gran Favero, al que por entonces envidiaba aquella capacidad de interpretar en el piano con esa facilidad pasmosa con lo que solía hacerlo (lo de tocar el piano). Así, como Nacha, quería despedirme con este humilde post de reconocimiento artístico y personal a una gran mujer argentina de nacimiento y universal de adopción que hoy con una gran sabiduría ha reconocido simplificar las ideologías y acertadamente se declara del lado del débil y de aquel que necesita de un hombro donde apoyarse.

No esperaré, por tanto, la hora de la parca, la llegada de Caronte con su barca ora funesta, ora redentora, para declararme públicmanete a Nacha y agradecer la parte que le corresponde en la construcción de la personalidad de éste que les escribe. Gracias Nacha.