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jueves, 16 de julio de 2015

La música en el cine contemporáneo según Pachón Ramirez parte tres de tres.

Llegmos a la última entrega de esta trilogía que como ya dije podría haber sido ordenada de otra manera.

El dr. en Historia del Arte Alejandro Pachón Ramírez publicó en 1.998 un libro intitulado La música en el cine contemporáneo con una primera parte farragosa de leer pero muy interesante sobre el papel de la música en el mundo de la cinematografía. Desde entonces, mucho ha llovido y cambiado tanto la música como el séptimo arte y aunque yo hoy no firmaría muchas de las cosas que el sr. Pachón ilustró en su libro, no dejo de reconocer el enorme interés que para cualquier amante del mundo sonoro organizado pueda tener dicha obra. Es harto probable que el dr. Alejandro incluso haya revisado su segunda edición, que es la que yo manejo, en posteriores o en conferencias a las que con tan buen hacer nos tiene acostumbrados. Que alguien se interesara por estos temas en aquella época era ya cuanto menos vanguardista.

¿En qué medida enlaza las dos primeras entregas con esta tercera y última? En mucho o en nada según se quiera mirar. Pero digamos que encauzaré esta última parte en dos cuestiones que partían de los ya escritos de: Sobre Repúblicas y Repúblicas y Sobre la tradición universal.

Estaba yo tan absorto e inmiscuído en este trabajo del dr Pachón que tenía la necesidad, con los medios que la técnica actual e internet nos proporciona de ampliar y supervisar si aquello que se decía tenía o carecía de fundmaento.

Comencé entonces a visualizar algunas de las cintas fílmicas de las que trataba el libro hasta que dí con RAZA de José Luis Saenz de Heredia, 1.942 con la que debutó el compositor Miguel Prada de la Puente. y, ¿por qué este film consiguió avivar mi espíritu crítico y revisionista articulándolo en posts? muy simple: la ignorancia.
La ignorancia se ha convertido en el mejor recurso que tienen los republicanos para tener al pueblo ensimismado en sus retrógradas ideas.  Raza, es un filme indudablemente sectorista que dada la fecha en la que se estrenó trataba la cuestión de la patria, la lealtad y todas esas cosas desde la óptica del vencedor. Porque seamos serios, aquí si hubo vencedores y vencidos y no nos vengan con monsergas de caminemos unidos, en paz y relatos de Gandhi.
No seré yo quien haga apología de las dictaduras, pero tampoco del anarcosocialismo. De un bando y de otro había gente respetable y repugnante, pero como decía Unamuno ninguno de ellos adoptó por el justo medio. Raza se convirtió en un filme maldito, interesados los republicanos en desterrar al olvido y eso es lo que me fastidia. Porque tiene la tendencia quien defiende la república de que los verdaderamente malos fueron los nacionalistas cuando a ellos les corresponde la no menos deshonrosa calidad humana de asesinar a franciscanos y monjes que cuidaban casas de caridad y horfanatos, de expoliar a la iglesia y ensañarse con los débiles. Cierto, como lo hicieron los nacionales pero ni menos ni más.

A causa de esta nefasta política de hundir bajo tierra un período de nuestra historia, una generación de compostiores españoles de una gran calidad, como nos descubre el dr. Pachón, se hundieron con él. Aquí está el ya citado Miguel Prada de la Puente, Juan Quintero Muñoz o Jesús García Leoz con excelentes partituras que no pudieron competir internacionalmente porque España, este país que se colocó el título de fracasado, no le dió la importancia que merecía para que fueran vistos en el exterior con el mérito y relevancia que merecían. Coincido aquí con el dr. Alejandro y que ya cité en la anterior entrega, de que España se había arrojado, como suele hacer siempre, a los brazos de los extranjeros, como Wagner o Verdi.
Y a esta generación de postguerra, le sucedió la llamada por asociación del 27 y los vangardistas que siguieron el ejemplo de copiar a los atonalistas, a los dodecafonistas o peor aún al subproducto norteamericano del spaghetti westerm, una verdadera época perdida de creatividad y de poner en valor nuestra propia identidad nacional.
Va a ser al final verdad aquel slogan de los setenta que decía Spain is different, visto lo visto y creo que lo por venir, todo nuestro pasado cultural de una riqueza indudable e incalculable y que suele interesar a estudiosos de otros lugares será pasto de las ratas (sin sentido metafórico) que a golpes de república han convertido su propia ideología en el payaso del tamborcito al que todos hace gracia, pero que al cabo de una hora acabas incluso aborrecinedo.