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jueves, 16 de julio de 2015

Sobre tradición universal: parte segunda de tres

Centraré esta parte en la figura del gran Miguel de Unamuno y su ensayo En torno al casticismo.
Hablábamos en la primera entrega: Sobre Repúblicas y Repúblicas de qué manera los valores republicanos se han ido sedimentado y construyendo su corpus sobre personajes que habían demostrado cierta afinidad con esta forma de gobierno.
Son éstos los republicanos, quienes siempre han rechazado a nuestros ilustres personajes desde el mismo Arcipreste de Hita hasta el más contemporaneo que no comulgue con sus ideales. De esta forma, no sólo han limitado su panorama ideológico sino su propio criterio de cultura, desechando a priori lo culto por su contenido impopular, es decir, no nacido del pueblo sino de la nobleza. La cultura como forma de "distracción popular", la España de charanga y pandereta que diría Machado.
Decía Don Miguel de Unamuno, ese que no leen los cristianos devotos y de voto, ni los ateos por su ambiguedad religiosa, ni los de derechas ni los de izquierdas por su ambigüedad política. Pero, ¿acaso no debe el hombre sabio leer TODO incluído lo que pueda parecer blasfemo para alcanzar la sabiduría? Pues bien, decía en su ensayo: De las Enseñanzas Superiores en España:

Cada ministro se trae su plan, ni mejor ni peor que los ante-
riores, que contribuye a corroborar la anarquía que en asuntos
de enseñanza aquí reina; y es, como digo en estas páginas, el
plan interior, el de nuestro espíritu, el que tenemos que variar.

Nada que objetar al maestro. Mientras el plan interior de esta España de mediocres sea un vaiven de ideas asociadas a ideologías muy marcadas, nuestras sociedades seguirán sumidas en la ignorancia y en el subdesarrollo y no estaremos más lejos ahora que de aquellos antiguos planes de adoctrinamiento del franquismo.
Pero quiero centrarme especialmente en el ensayo En torno al casticismo, desde la humildad de quién les escribe y con sus propias limitaciones de entendimiento.

La representación brota del ambiente, pero el ambiente mis-
mo es quien le impide purificarse y elevarse. Aquí se cumple el
misterio de siempre, el verdadero misterio del pecado original,
la condenación de la idea al tiempo y al espacio, al cuerpo. Así
vemos que el nombre, cuerpo del concepto, al que le da vida y
carne, acaba por ahogarle muchas veces si no sabe redimirse.
Del mismo modo la ciencia, que arrancando del conocimiento
vulgar, ligado al ambiente exclusivo y
nacional, empieza sirviéndose de la lengua vulgar, moriría si poco a poco no fuera redi-
miéndose, creando su tecnicismo según crece, haciéndose su
lengua universal conforme se eleva de la concepción vulgar

Con estas palabras, Don Miguel, establece un principio de necesidad universal del concepto para evitar el anquilosamiento, sienta las bases de la llamada tradición universal.

Pero, en cierta forma, discrepo del maestro, porque en la discrepancia se forjan los argumentos ¿Por qué hemos renunciado a la identidad nacional preconizada por Felipe Pedrell?, ¿acaso un noruego, un danés o un austríaco han renunciado a su legado tradicional que les identifca como pueblos? ¿por qué en esos países de una clara y fuerte tradicioón cultural perviven sus folclorismos y por qué en España da vergüenza hablar de ellos?
Enfoco yo esa idea de tradición universal de Unamuno, como la capacidad del ser humano de establecer puntos en común que no pertenecen al espacio ni al tiempo pero son diferentes en su forma convirtiéndose en valores eternos.
En este sentido, consdierar la globalización como esa tradición universal que compartimos es una falacia. De nada le sirve a un nativo de la selva amazónica una gaita escocesa o saber cómo se toca. Debemos respetar la idiosincrasia, la identidad de la que Pedrell tanto se preocupó ante la indecisión y la falta de cultura española que ya se había arrojado a los brazos de Wagner y Verdi.
Critica Don Miguel el casticismo por en cuanto su etimología natural de "casto, puro", pero a su vez nos deleita con el énfasis de establecer todo en proporción huyendo de los extremos. Comparto con él a medias también en que hay que andar de cara al sol y no de espaldas para no confundir la sombra con lo que ha de venir y no con lo ya acontecido. Abrirse es positivo, y el maestro era un europeista acérrimo. pero sin renuncias a lo que somos.

Dice también, tradición viene de tradere, es decir, entregar, lo que es transmitido o se pasa a otros. Y, ¿en qé parte del camino hemos perdido el hilo conductor que nos unía con nuesro pasado?¿a qué porcentaje de las nuevas generaciones les importa la tradición? ¡cuánto daño ha hecho la república a esta palabra! Porque la república es el producto estrella del marxismo-leninismo que tan obsoleto en nuestros días quiere pervivir a toda costa mantenido por su propia frustración. La tradición, lo castizo ha servido como arma arrojadiza en sus discursos para señalarle con el dedo de conservadurismo e inmovilismo y ellos, los republicanos, han sido el caldo de cultivo en la muerte de nuestra identidad nacional. Y con ella ha muerto el trabajo de nuestros folcloristas como Bonifacio Gil o García Matos que hicieron una labor minuciosa de recuperación del cancionero español. A la república le importa un pimiento la cultura, lo que busca es el adoctrinamiento propio del fascismo pero al otro extremo, nunca en el justo medio como diría Don Miguel.
Por ello, a las sociedades actuales imbuídas por las ideas republicanas no les interesa más que Lorca cuando nuestra rica literatura renacentista y barroca queda relegada a los archivos de curiosos deseosos de saber aquello que la república se preocupa de ocultar.

Acabo esta segunda entrega diciendo, SÍ, Don Miguel, tradición universal, que es aquella que cada pueblo en función de su historia ha construído y le pertenece y celosa debe guardar.