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domingo, 28 de febrero de 2016

Crescendo e diminuendo

Existe una tendencia a interpretar el período clásico de la música, y las artes en general, como el culmen de los logros consecuentes de siglos pasados.
Sólo hay que echar un vistazo a los programas de concieto en los cuales abundan repertorios propios del Clasicismo.
No hay que restarle importancia a las obras de los grandes compositores que conformaron esta etapa de las artes y la música en particular. Sin duda, es obvio, que F.J.Haydn, W.A. Mozart y L.v.Beethoven, son señas de identidad de lo productivo y enriquecedor del período clásico, habría que añadir algunos nombres más como Gluck, el eterno olvidado, A. Salieri y algunos que vivieron a la sombra de los que la Historia hizo gigantes por talento o por gajes del destino.
Trazar el crescendo hasta el Clasicismo es un poco exagerado. De hecho, el climax posible al que se podía llegar acabó con J.S. Bach (y que conste que no es de mis compositores favoritos). El Barroco tardío o el Presclasicismo, como se quiera llamar es un antes y un después sin una continuidad determiante, salvo las propias del relevo generacional que adopta lo mejor del pasado, pero incluso sucede que el Barroco había sido incluso en estos casos una etapa denostada por las nuevas generaciones cansadas de la ampulosidad y sobrecargadas formas (Eso es porque no conocieron el tardorromanticismo de Mahler, por ejemplo o el wagnerismo).
Cabría preguntarse entonces, si realmente lo que ocurre tras el glorioso Barroco es en realidad un diminuendo: la música se vuelve  más simple, se busca, tras el desarrollo instaurado de la tonalidad, el juego Tónica- Dominante que simplifica mucho las armonías barrocas que inspiradas en la modalidad se acercaban o alejaban de las tonalidades sin previo aviso en una total libertad de la forma. Era un cambio manifiesto, no sabemos si demandado por las sociedades que vivieron el Clasicismo en busca de obras más fáciles de entender y asequibles al oído.  Cabe decir, que el Barroco aún vivía casi bajo el brazo del poderoso poder clerical incluso para G.F. Häendel o J.B. Lully. Uno de los grandes compositores, al que admiro y pienso que sigue sin dársele el lugar que merece, Antonio Vivaldi, Il prete rosso, tuvo que lidiar para ganar cierta independencia y poder escribir y estrenar sus ansiadas óperas, maravillosas, por cierto.
Sería injusto considerar que los Corales de J.S. Bach se acercan más al público que La flauta mágica de W.A.Mozart, por citar dos conocidos modelos de éxito popular. No creo relamente que se trate de una cuestión del concepto de hit que hoy tenemos. Por cierto, como expondré más adelante, veremos las similitudes de estos estilos en casoso concretos.

Tal vez, el Barroco había buscado, tras los enormes éxitos de Claudio Monteverdi (otro compositor en el olvido), que el poder de la Iglesia se manifestara desde lo grandioso y la majestuosidad de las obras recargadas, complejas, para así demostrar la magnificencia del Dios supremo y lo anguloso de la doctrina. Por el contrario, las cortes europeas, viendo el emergente movimiento que desembocó en 1.789 con la Revolución Francesa, optaron por el camino opuesto, es decir, por "acercarse" al pueblo para así redimirse de las culpas de su "descuidadas atenciones" de sus monarquías absolutas. Es claro, que no funcionó, pero la música se volvió entonces más asequible para todos tanto para los intelectuales como para los menos dotados de materia gris. Muchas de las obras de W.A. Mozart son de una simpleza que raya en el insulto, eso sí, nadie discutiría su don para esmerarse en aquello que consideraba merecedor de lo más sublime.

Lllegados a este punto, podríamos además discutir sobre la necesidad que algunos de estos compositores del Clasicismo tuvieron de volver a las formas del Barroco.
Basta revisar los últimos cuartetos de F.J. Haydn, o la citada Flauta mágica de W.A. Mozart, especialmente en la famosa aria de la Reina de la Noche: Der Hölle Rache,  e incluso en su última obra Misa de Requiem K. 626. También, L.v. Beethoven, si bien es cierto sin mucho academicismo, recuperó las formas fugadas como en el 3er movimiento de la Sonata Op. 110.

Cabe preguntarse entonces, ¿por qué las figuras más representativas del Clasicismo retornaron a los modelos barrocos al final de sus respectivas carreras artísticas?: That´s the question.

Existe, por otro lado, a mi juicio, un enorme error en considerar todo el repertorio barroco de complicado, inasequible, etc.  Las obras de A. Vivaldi, de J.B. Lully o de de G.F. Häendel nada tienen de complejidad en su entendimiento, salvo el que sus compositores quisieran darle desde el punto de vista formal, armónico o estilístico. Sin embargo, J.S. Bach, J.P. Rameau o Français Couperin, presentaron obras de una gran dificultad de "encajar" como unidades compactas, más bien, elementos sueltos unidos con una gran maestría, pero poco asequibles.  Quede constancia que estamos hablando de los padres de la armonía y el temperamento.

Resumiendo, no hay un verdadero lazo de unión entre Barroco y Clasicismo salvo el antes comentado. De todas las corrientes artísticas, la separación es más evidente, exceptuando a Richard Wagner o el dodecafonismo de Arnold Schönberg.
El Clasicismo, se evidenció por sí mismo de una simplicidad que rompía definitivamente con toda la tradición antigua desde la Edad Media hasta el Barroco tardío.

Por tatno, sitúemos un regulador de crescendo hasta la muerte de J.S. Bach y un diminuendo hasta las óperas wagnerianas o el hiper-sinfonismo de Gustav Mahler. Lo demás, se os dará por añadidura.

martes, 16 de febrero de 2016

Pop, popular y folclore

Desde el s. XIX, en pleno Romanticismo, la antropología y más tarde la musicología comparada con Hornbostel y Crut Sachs entre otros, abrieron una puerta a lo desconocido.

Por entonces, lo popular era un antagonismo de la era de la revolución industrial y el capitalismo que en el ideario romántico despreciaba la naturaleza y obligaba a lo gregario, al "homo urbanus".

Era un concepto, marcadamente platónico o nostálgico sin retorno.

Había necesidad de establecer un término que definiera esa música "del pueblo" por oposición a la música culta generalmente en manos de la nobleza. El folk-lore se convirtió en la moneda de cuño y el anglicismo le hizo sombra al término "popular".

Verdaderamente, el paso del tiempo dejó ver las difusas fronteras que separan a una canción, pongamos por ejemplo, de Vetusta Morla, por situarnos en la contemporaneidad, de una canción de trabajo de los hombres y mujeres del no tan lejano s. XX en España. No cabe duda, que ambas son popoulares, si atendemos al significado arriba mencionado,   Pero son ambas folclóricas?, y si la palabra folclore viene "del pueblo", ¿de qué estamos hablando?.

Katrin Lengwinat realizó un estudio sobre la música venezolana en la que el término popular se ha globalizado y todo entra en ese marco sin importar si estás en un punto u otro del país, a excepción del verdadero orígen: la música llanera.

Es extrapolable este concepto erróneo  de música popular con el de folclórico.
Algunas canciones de corte británico como The Beatles, tomaron prestado melodías porcedentes del verdadero sentimiento folclorista (entiendiendo aquí el término como algo diferenciado).

Pop fue otro anglicismo que hicimos nuestro, que no es otra cosa que una acotación de popular.
Como podemos observar, la cuestión está en la dificil empresa de dar espacios distintos a términos comunes.


Hablar al día de hoy de música del pueblo es una gilipollez, ya que las sociedades democráticas han derribado las connotaciones que separaban a los términos popular-culto. Pero, se abre otra encrucijada, en el que lo culto, que es creado también por el pueblo, no se corresponde en medida alguna con lo popular.

Un gran vacío, un total desinsterés y una ignorancia supina emerge en estos tiempos modernos.

Parece que en América Latina y Caribe el deseo de conocimiento arraigado y denostado actualmente por la civilización europea, sí están preocupados en tratar de crear vínculos y separar la paja del trigo (sin connotación despectivas de ninguna de las partes).

Así lo ratifican las Actas del IX Congreso de la Rama Latinoamericana de la IASPM (Asociación Internacional para el Estudio de la Música Popular) que os dejo como enlace para quien pudiera interessarle.

Establecer un marco que delimite conceptos viejos y nuevos (hibridación, fusión, etc) puede ser complejo, pero necesario, de la misma manera que entendemos perfectamente diferencias tecnológicas en determinadas aplicaciones: para qué, cómo y por qué se usan.

El problema estriba en el abandono y el rechazo hacia nuestro pasado. La identidad es un concepto que molesta dadas sus antiguas relaciones con los nacionalismos y los totalitarismos, pero esta es una visión corta de la realidad que yo me resisto a admitir: el mundo globalizado, el ciudadano cero, la homogeneidad, etc.

Partir de este principio de diferenciacion no es negar al otro, sino todo lo contrario, admitir su existencia y respetar su cultura y tradición que le define. Es posible que del contacto, de los híbridos, una vez consolidada y definidas las nuevas posiciones, surja una nueva tradición folclorista. Esto indicaría que el concepto no está caduco, sino que es activo, está vivo y se mueve con el tiempo.

Insisto en la necesidad de diferenciar poopular y folclore, a falta de terminologías mejores. El folclore no puede perder de vista el espíritu romántico en el que la música primitiva, aquella que nace de forma natural sin la presión posterior de la industrialización y la profesionalización, se ha convertido sin quererlo, en culta. Ya que sólo a unos pocos nos siguen apasionando y lloramos por el lamentable estado en el que la sociedad moderna la ha convertido.

Acta del IX Congreso de la Rama AISPM- Venezuela