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jueves, 28 de julio de 2016

Basilio: siete años sin él




Esta mañana me desperté algo nostálgico con una canción que me golpeaba en la cabeza: Cisne cuello negro.

Acudí a internet buscando alguna entrevista reciente de Basilio, del cual hacía algún tiempo que no sabía nada. De esta forma, apesadumbradamente me llegó la triste noticia de su fallecimiento a causa de una bronconeumonía en el año 2.009. ¡Habían pasado casi siete años!

Apenas es un ejemplo de cómo muchos artistas caen en el mayor de los olvidos.

Estaba yo entonces en los mejores años de mi infancia cuando aquella musiquilla pegadiza de Cisne cuello negro entraba en el repertorio de mis melodías para bandurria. Recuerdo que hasta la interpreté en público en un festival de verano que organizaba mi esuela de La Salle como clausura del año académico.

El panameño Basilio, quien labrara su carrera en España desde su llegada en los años sesenta era un hombre frívolo, inconstante y caprichoso (muy propio de los grandes talentos), con una voz prodigiosa que se hacía un sitio en las noches madrileñas donde fue descubierto por Zafiro. Basilio llegó a completar dos años de Medicina en la Complutense pero le pudo más su lado artístico.

La famosa canción que compusiera Manuel Alejandro se salía del marco de repertorios propio de la época: las canciones de amor y desamor. Era, tal vez, un canto a la unidad y al respeto de los derechos humanos: “No hay un campo negro, ni un campo blanco. Hay un campo inmenso para sembrarlo”.

En una de sus últimas apariciones, Basilio tenía prevista una gira por España tras el lanzamiento de su más reciente álbum.

Ninguna noticia en España se puede encontrar en internet de su fallecimiento. Su funeral,un misterio.
Los periódicos de tirada nacional online, tal vez porque por entonces no tenían tanta repercusión o sencillamente no existían, no dicen nada de ello.

En otra ocasión comenté con qué facilidad el español tiende a “enterrar” a sus artistas, muchos de ellos, obligados a buscar tierra fértil en Sudamérica y con mejor suerte en los Estados Unidos.

La generación de Basilio debe rondar los sesenta o setenta años, algunos y algunas sin mucho interés en las redes sociales y en este mundo de la globalización. Su público, básicamente femenino, aunque quien le haría un feo a una voz tan privilegiada y envidiada como la de Basilio.

No sé yo que estaría haciendo por aquel ya casi lejano 2.009, el tiempo pasa ahora más rápido, fugaz, tanto como lo que dura una estrella en desaparecer del firmamento. Por desgracia, algunos ni se pararon a ver que caía.





domingo, 24 de julio de 2016

El misterio de La Betulia Liberata de W. A. Mozart




Dicen que fue el único oratorio que el genial compositor vienés escribió y algunos sostienen que jamás fue estrenado en vida del compositor.

Contaba por entonces, con quince años de edad, en uno de sus viajes a Italia, en concreto un paseo-express por Padua.

Todo apunta que W.A. Mozart tocó en casa de Don Giuseppe Ximena de Padua, príncipe de Aragón el cual parece ser también quien le encargó el oratorio. Se dice de Ximena que venía de familia amante de la música y que especialmente le gustaba la “vieja música” y los trabajos de Hasse.

La obra no está exenta de cierto misterio. Algunos investigadores apuntan a que sí llegó a estrenarse, otros que sí, pero en 1782 y, otros que niegan o dudan de esta posibilidad.
Se especula también sobre por qué la obra corrió esta suerte. Aquí también hay divergencias en las que se baraja que no fue del gusto “antiguo” del Ximena, ya que según se dice W.A. Mozart había compuesto un oratorio demasiado adelantado a su época. Otras opiniones sostienen que no lo entregó a tiempo, ya que la obra sólo tenía cabida durante el llamado Lent, un período de observancia y penitencia del rito católico que obligaba a cerrar la ópera.

Según Otto Jahn, en su “ Life of Mozart” , nada se sabe sobre el tiempo y lugar de la partitura original aunque existen dos volúmenes de trescientas ochenta y dos páginas y quince números, escritas a mano entre 1770 y 1773. Jahn es uno de los que considera que la obra fue estrenada en el año de 1772 en Padua. (pág. 197). Stanley Sadie, en su artículo Mozart´s Betulia Liberata, señala que ha sobrevivido un libreto impreso para una interpretación en Padua en la fecha antes indicada.

El texto bíblico está basado en poemas de Metastasio  y corresponde a los apócrifos, más concretamente el de Judith.

Se especula también la cuestión del término Betulia. Wickepedia en su entrada Betulia Liberata apunta a Belel: casa de Dios, pero deja abierta la posibilidad a otras interpretaciones.

Algunos opinan que W.A. Mozart utilizó partes de esta obra para algunas de sus óperas, pero en cualquier caso no están contrastadas.

Parece lógico pensar que la obra no fuera interpretada en vida del compositor si tenemos en cuenta que la música del pasado, como la nuestra actual, “se vendía” como un éxito del momento y rara vez era recuperada.

Lo más extraño, sin embargo, es que en la actualidad, La Betulia Liberata sigue siendo una obra maldita a la que no le prestan atención ni los programas de conciertos, ni las grabaciones, ni siquiera se cita como una de las obras “favoritas” del compositor.

Sin duda, para W.A. Mozart debió serlo, por la importancia del encargo y por el peso de la propia obra

Robert Spaethling en su libro “ Mozart´s letters, Mozart´s life” señala que algunos biógrafos sitúan esta obra dentro del estilo del Sturm und Drang en el cual el joven compositor se muestra en el estado romántico propio del movimiento (pág. 36).

A mi, personalmente, me recuerda más al último barroco o al incipiente pre-clasicismo. Sea como fuere, y mi opinión es modesta, la obra contiene algunos momentos gloriosos en sus arias e incluso en algunos de sus recitativos y coros.

Espero que nuestros intérpretes, directores, orquestas, programadores de conciertos y grabadoras, se animen a recuperar el misterio de La Betulia Liberata de W.A. Mozart. Obra por cierto de cuyo libreto bebieron muchos compositores contemporáneos al genial joven quinceañero por entonces, W.A. Mozart.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS:

SADIE, Stanley. Mozart´s Betulia Liberata. The Music Times 1968. Vol. 109 Nº 1509

JAHN, Otto. Life of Mozart. HATHI TRUST digitalizado por Google y publicado por la Universidad de California.

Wickepedia: Betulia Liberata. Doc. Online: https://es.wikipedia.org/wiki/Betulia_Liberata

SPAETHLING, Robert: Mozart´s letters, Mozart´s life. Norton and Company 2000 New York.










sábado, 23 de julio de 2016

IDENTIDAD: TO BE OR NOT TO BE





Con frecuencia escucho a algunos analistas, periodistas, sociólogos e intelectuales en general, utilizar una connotación peyorativa del término identidad.

Hoy, en el mundo de la globalización, la identidad es un vocablo confinado a círculos de ultra-derecha o ultra-izquierda (que para el caso, lo mismo es). Como un sinónimo de xenofobia y odio al extranjero.

Estas dudosas aplicaciones de lo identitario figuran en los índices de algunas posiciones políticas bien como he dicho de uno al otro arco de las ideologías existentes. Un ideario que se sustenta en el concepto de globalización o lo que es lo mismo en la universalidad del ser humano desde una perspectiva aborrecible de código de barras, de número de identificación como solían hacer en los campos de concentración del nazismo.

La globalización entendida de este modo es tan abominable como la identidad entendida como forma de exclusividad y de marginalidad.

El conocimiento de uno mismo pasa por la necesidad de saber quién es uno y ello se fundamenta en las bases de su identidad. Ésta, por tanto, responde a una necesidad de autoconocimiento que nos define y dibuja nuestro perfil y nos diferencia de otros, del mismo modo que un cangrejo de río natural de las aguas españolas no es el mismo que uno de Brasil y que su adaptación resulta más que artificial si quisiéramos su importación o exportación.

Lamentablemente, la identidad es una bandera y nunca mejor dicho, que ondea y está a merced de quien la usa y le da contenido, pero es algo irrenunciable. Un iraní que se marcha a Alemania seguirá manteniendo sus raíces identitarias porque en cierto modo forma parte de su propio ADN y en él están todos sus antepasados que así lo fueron. La identidad no se puede comprar, ni adquirir, ni traspasar, simplemente existe desde el momento en que nos condiciona el nacimiento y la cultura que nos da acogida cuando llegamos, pero incluso en algunos casos, un alemán nacido en Alemania de familia iraní, seguirá, en cierto modo, manteniendo cosustancialmente la cultura de sus ancestros y a ella añadirá la suya propia que se conforma con la sociedad y el mundo de vida al que pertenece.

Por ello, la identidad no puede desprenderse de una serie de valores que se adquieren con la nacionalidad de origen, entre ellas y de un modo muy presente, la religión.

Detrás de todos estos términos que el hombre construye para perfilar el mundo en que vive, uno, en última instancia, es un ser viviente al que en ningún caso se puede excluir de un planeta, de un tiempo y un espacio determinado, pero JAMÁS, como un ciudadano cero, sin personalidad, es decir, sin su propia identidad.