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jueves, 10 de noviembre de 2016

El mundo de los ilusos

La noticia de la elección de Donald Trump como presidente de EE.UU. no puede ser más desesperanzadora para el planeta, que se levantó consternado e impactado por la decisión del pueblo norteamericano. sin duda, un pueblo bastente dificil de entender.

Pero en contra de lo que parezca, muchos se han dejado seducir por las palabras ya del nuevo presidente, más cordiales y no menos tácticas. Donald Trump es Donald Trump aunque se ponga careta.

Los medios de comunicación, algunas voces y especialmente los líderes que conforman un planeta lleno de inestabilidades han felicitado (algunos con efusividad) al nuevo ocupante de la Casa Blanca. Felicitaciones cargadas de cinismo, hipocresía e intereses. Lazos de amistad, relaciones comerciales o empatía ideológica.

Quisiera no sorprenderme ya de nada de este mundo de ilusos. La era Obamn ha terminado y con ella un legado de una forma de gobernar cercana a verdaderos lazos de amistad que el expresidente ha sabido forjar por su carácter dialogante y comprensivo.

Pero Obamn, y esto no lo digo yo, no es el espíritu americano, sino el europeo donde el pensamiento es divergente no convergente. Sus políticas han separado a los norteamericanos acostumbrados aún a sus antiguas costumbres westerianas del valor, la prepotencia y el dominio sobre el otro, la ley del más fuerte que también se llama.

No sé si Clinton hubiera sido una buena presidenta, pero sin duda, hubiera habido una continuidad y una mayor seguridad para el resto de los que obligatoriamente estamos condenados y resignados a compartir casa aunque nuestros vecinos no sean lo mejor que de ellos se pueda esperar.

Yo, en contra de lo que hoy circula por las redes, por los comentarios, por los corrillos diplomáticos, por los ciudadanos de a pie, siento inseguridad y miedo pero más aún me preocupa que el "pueblo" siga estas consignas y recetas de la nueva política, de la nueva forma de hacer Estado.

Lo siento, Trump, yo no puedo felicitarle, usted representa para mi y para mis generaciones una amenaza, una bomba de relojería que en cualquier momento puede estallar y eso no me dará paz ni a mi ni aquellos que hoy con tanto entusiasmo le han felicitado.