Translate

Store berekekê CD Baby

martes, 17 de enero de 2017

La quintaesencia del circo

En estos días se está hablando mucho en los medios de comunicación de la crisis o desaparición del mayor espectáculo del mundo, como se diría en aquella famosa películo de 1952 con un elenco de actores y actrices envidiable.

Pero el circo como espectáculo, como le sucedió al teatro o a la ópera, no está condenado a su extinción sino a su renovación. Los tiempos cambian nos guste o no.

El nuevo paradigma que se le presenta al circo como género artístico, pues sin duda es un arte, requiere una toma de conciencia en la que las formas no estén supeditadas a mensajes que eran subliminares en el pasado o no tenidos en cuenta, como la explotación de animales (aunque también las hubo de personas me acuerdo ahora también de Elepahnt man, otro gran filme), sino a un concepto en el que nadie se sienta con el remordimiento de pagar una entrada por asistir a una exégesis de lo que allí ocurre consciente o inconscientemente.

El circo siempre ha tenido la facilidad de reinventarse. Recordemos que su antecedente más directo es el romano imperail de principios de siglo en la era de Jesucristo. Y desde entonces, siempre ha encontrado nuevas fórmulas de acercamiento a los espectadores o receptores, siendo éstos cada vez más participantes del proceso artístico.

No creo que haya muchas personas en el mundo, al menos en el que llamamos civilizado, que no haya disfrutado con una función de circo. La magia, el malabarismo, los payasos son, en parte, los elementos en los que reside la estructura sólida de este tipo de manifestaciones. Por tanto, lo que se cuestiona no es la validez o no de éste, sino la de ciertas prácticas que no tienen cabida en el mundo actual y que en gran medida se debe al fortalecimiento de movimientos como los pro-animalistas.

Pero sería absurdo pensar que esta crítica que se hace de ciertas prácticas no haya estado en la mente de cualquiera de nosotros. En más de una ocasión hemos oído noticias de vejaciones que nos deberían avergonzar como personas, como seres humanos. La privación de libertad de muchos de estos animales, las malas condiciones de cuidado, el maltrato físico y posiblemente psicológico (¿han oído hablar de la depresión de los perros?). Todos estos condicionantes no sirven para enterrar al circo como uno de los mayores atractivos de niños y mayores, sino de parte de su construcción que ha quedado obsoleta y que debe ser sustituida con creatividad e inspiración.

El circo, y creo no revelar nada, es un mundo duro más allá de lo que se ve el día del estreno, como lo son en general las artes: infravaloradas, mal pagadas, poco reconocidas, etc

La quintaesencia del circo está, por tanto, en su propio mundo fantástico y mágico que no puede ni debe morir porque indiscutiblemente asesinarían a la vez la posibilidad de abstraerse aunque fuera por unas horas de la cruel y dura realidad que nos rodea y que posiblemente han condicionado que para los propios artistas lo mágico haya dejado de tener la fuerza motora necesaria para su subsistencia.