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martes, 9 de mayo de 2017

La "Pequeña Habana" de Madrid

El 18 de agosto de 2016, El País digital publicaba un artículo llamado " Así llegaron a España Orlando Ortega y otros atletas cubano".

Como he dicho en otras ocasiones, a mi personalmente el deporte de competición no me atrae salvo que sólo sirva para alcanzar metas de superación personal.

Pero para metas de este calado ya tenemos la historia que bien relata el citado periódico en su edición digital.

Hoy, pasada ya la fiebre de Rio me he vuelto a acordar de Orlando y de aquella imágen en la que se arropaba bajo la bandera de España rechazando la del país que le vió nacer. Algunos necios calificaron aquella acción de traición impidiéndole ver que Orlando sólo cumplía con el papel de abrazar la bandera que le había dado una oportunidad y a la que representaba y que ello no era en absoluto un rechazo a su madre patria de la que le costó desprenderse como a otros muchos que tienen que abandonarla en busca de oportunidades.

El acto de Orlando fue más que emocionante, fue ejemplificador y de una gran sabiduría, aceptando con humildad que si su Cuba del alma le había dado la vida, España le había dado una oportunidad profesional de ayudar a los suyos a los que como otros había dejado en la Isla.

Nadie puede dudar de la fidelidad de ningún migrante a su raíz a la que siempre aspira volver algún día dejando mientras tanto en el camino muchas lágrimas y esfuerzos. Orlando y el grupo de la Pequeña Habana de Madrid sentirá a España como el hijo que se siente adoptado pero sin la renuncia a seguir siendo hijo biológico, quien piense de otro modo, se equivoca.

Mi hermano, hoy yo agradezco tu gesto y tu valor para dejar la gosadera que tanto mal ha hecho a Cuba. Oye caballero, ponte pa esto y olvidate compadre. La suerte no existe pa que sepa.

Ni La Habana es Cai ni Cai es La Habana, pero juntas caminan y le corresponden a sus hombres y mujeres dar ejemplos de respeto y modelo como tú lo hicistes el día que la roja y gualda se convertía en tus alas y junto a ella una estrella. Una estrella blanca que vislumbre un nuevo futuro para Cuba.

Gracias Orlando.

EL PAÍS 18 agosto 2016