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miércoles, 30 de agosto de 2017

Un rayo de luz en un mundo gris



De esta manera definía a la BBC el príncipe Guillermo de Inglaterra a Lady Di, también podríamos llamarla Diana de Spencer para quienes no gustan de cierto toque nobiliario aunque realmente la nobleza de la princesa de Gales estaba en su corazón y por ello lo de Lady Di es un término más que merecido.

Los príncipes de Inglaterra han demostrado un gran sentido común adelantándose a los acontecimientos de quienes buscan o han buscado levantar de nuevo polémicas o han exagerado la dimensión de su madre en sentido positivo o negativo. Con ello, le han realizado el mejor homenaje que ella hubiese querido: la intimidad de sus seres queridos alejados de la hipertrofia de un mundo ávido de extravagancias.

Aquel día que la “reina de corazones” se nos fue de este mundo, todos sentimos que lo hacía algo más que una princesa, algo más que una celebridad. Con ella también se fueron la esperanza de la justicia de los pobres, de los desamparados, aquellas que dibujaba con magisterio Charles DIckens en sus novelas. Diana era eso y lamentablemente ya no quedan ni en la realeza (salvo nuestra Reina Sofia) personas de alta sensibilidad y empatía hacia los demás.

Era un rayo de luz en la mediocridad de nuestro mundo, una estrella que a veces baja a la Tierra a darnos lecciones que casi nunca aprendemos aunque dejan huella indeleble. Cualquier persona que se precie tendrá siempre en su corazón a Diana, no importa del lugar que sea ni su condición social ya que la fraternidad es un término que está por encima de todo eso.

Mi admirado Elton John, rededicó “Candle in the wind” a su gran amiga en un memorable e histórico funeral en el que era impensable que alguien del “pueblo” pudiera estar allí sentado delante de un piano y visiblemente emocionado por la pérdida de alguien querido. Desde entonces, Inglaterra comenzó a ser otra cosa y a ser vista con más humanidad.

Las muestras de afecto se han sucedido y seguirán sucediéndose a lo largo de estos días y semanas alejadas de la prensa sensacionalista que tanto odiaba Lady Di.

Ciertamente, un rayo de luz en un mundo gris, tan gris que resulta difícil creer que existan dos naturalezas humanas diferentes, una bipolaridad que nos deja lo mejor y lo peor de lo que somos.