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jueves, 31 de agosto de 2017

¡Vivan las Mariluz de convicción!

Estoy harto del femenismo radicalizado, de la paridad, del hombre-mujer y otras hierbas. Sí, harto de lo que en otros países de Europa y America se ve con naturalidad y aquí exacerbamos. No lo soporto más.

En el año de 1972, Carmen Santonja y Gloria van Aerssen publicaron Vainica Doble, un álbum que dá título al dúo que formaron por allá en los setenta.

Nada tengo que objetar a esa gran heroicidad de las Vainica en la que era poco menos que extraordinario que una mujer tuviera un papel relevante en el inmaduro y emergente pop español.
De ellas bebieron Hilario Camacho, Joaquín Sabina o Caballero Bonald.

Su canción Mariluz era un fiel reflejo de una sociedad machista en demasía que mantenía los roles del macho ibérico y la mujer en casa cosiendo. Realmente, quiero creer, que la reclamación estaba justificada y lo que Carmen y Gloria querían NO era que una mujer costurera fuera una profesión peyorativa, propia del pasado, anclada en el régimen que todos queremos y no podemos olvidar. No, quiero pensar postiivamente. Mariluz era una manifestación de que la mujer tenía también otras opciones en su vida pero la de costurera también estaba allí entre esas opciones, por supuesto aceptada por convicción y no por imposición o moralismo catequista.

El feminismo extremista se está encargando que la canción de Mariluz, como otras tantas de Vainica Doble sean tergiversadas, arrancadas a manotazos con uñas e imponiéndolas como icono de una estúpida superioridad femenina, de un reclamo desfasado y caduco propio del s. XX y si me apuran del moralismo de las primeras mujeres que enarbolaron la bandera de la igualdad.

El feminismo mal entendido, el que cae en las garras de las aves de rapiña ávidas de ver al hombre sumiso y perfecto del "sí, cariño lo que tú digas" es el mismo que deja su tarjeta de crédito en las tiendas de moda, en comprarse bolsitos o en maquillarse o pintarse las uñas y estar a la última.
Me exaspera ese feminismo infantil de primaria que no ha entendido nada de que la igualdad está en la condición humana y no en el género o en la raza. Somos iguales porque somos seres humanos y nada tiene que ver nuestras diferencias biológicas manifiestas al respecto.

Por eso, yo doy un VIVA a las Mariluz de convicción: modistas, amas de casa, monjas, pasteleras o maestras de intanil.

Es tiempo de ver con otros ojos, porque hay una gran miopía en la sociedad española. Ni el feminismo ni el machismo se sostienen hoy en ninguna sociedad avanzada, pero como siempre, estamos a la cola, en la fila última y no nos enteramos que hoy de lo que se habla es de HUMANISMO.