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martes, 31 de octubre de 2017

A mí con esos cuentos...




Es muy frecuente encontrar y escuchar esta expresión en boca de cualquiera que no se deja engañar o engatusar por otros.

Sin embargo, de un cuento se pueden extraer otras muchas aplicaciones más allá de la arriba citada.

Me centraré principalmente en los valores, pero antes de hablar de ellos, es necesario recordar algunos autores y filosofías de la moral ya que muchos o gran parte de los contenidos de los cuentos tienen un componente que trata de establecer las normas y puentes/barreras posibles en nuestras conductas.

Extraigo de un artículo que publicó el polifacético pero sobre todo pensador Juan Cervera Borrás y disponible en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes “La literatura infantil en la construcción de la conciencia del niño”, las palabras de Locke quien apuntaba que la conciencia sanciona o corrige el comportamiento como la idea que anticipa dicha sanción., o Kant que sostiene que la conciencia es la facultad que juzga la moralidad. (CERVERA)

El artículo de Cervera da información interesante sobre por qué los niños se afanan a un determinado cuento y no quieren desprenderse de él. Señala el autor que un niño de tres años, cuando sus padres iban a trabajar solicitaba a quienes quedaban a su cuidado el cuento de “Las siete cabritillas” de los Grima hasta que sus padres llegaban. Quien recuerde el relato advertirá que las cabritillas se tranquilizaban con la llegada de su madre.

Hay, por lo tanto, algo más que una base moral (discutible o no) en la Literatura especialmente Clásica Infantil: la construcción de la personalidad o como apunta Cervera, la construcción de la conciencia.

Sin embargo, yo he optado en este post por el camino de los valores. En este sentido,  Ramón Llorens García, del Departamento de Didáctica y Literatura de la Universidad de Alicante abre dos categorías en la cuestión de los valores.

Por un lado, los literarios, que sin duda son la semilla que formará a futuros lectores o escritores. Por otro, los sociales en los que cabe incluir algunos de viva actualidad, como la multiculturalidad y la tolerancia o el medio ambiente y un grupo que englobaría a la compasión, la amistad, la solidaridad, etc.

Desde mi punto de vista, uno de los trabajos más completos llevados a cabo sobre la educación en valores a partir de los cuentos infantiles de Purificación Salmerón Vilchez en su tesis intitulada “ Transmisión de valores a través de los cuentos clásicos infantiles” para la Universidad de Granada, 2004.

Salmerón, desde una perspectiva interdisciplinar sociocultural, pone en valor, y nunca mejor dicho, la importancia cultural de la Literatura Clásica Infantil y su papel en el desarrollo de la construcción que antes apuntábamos teniendo en cuenta que intervienen factores   de      tipo  sociológico,      psicológico,      antropológico      o      pedagógico (SALMERÓN, p,3)
Para mí, lo más interesante en relación a este post, es una serie de citas que es importante recoger aquí sobre los grandes escritores de la Literatura Clásica Infantil: Perrault, los Grimm, Andersen, etc.

Las reflexiones que introduce Salmerón de estos padres de la literatura infantil se apoyan en el carácter popular del que emanan muchas de sus historias o en situaciones personales como ocurre con los cuentos de Andersen.

Por razones de espacio, es imposible citarlas todas, así que me quedo con una de Perroult que ilustra claramente la función moral predominante en la época, es por ello, que, aunque se desconoce con exactitud si fueron autoría del propio Perrroult, se les llamase “Cuentos de antaño con moralejas”. Dice Perroult:

“Por   frívolas   y   extrañas   que   sean   todas   estas   fábulas   en   sus   aventuras, no hay duda de que excitan en los niños el deseo de parecerse a los que llegan a ser felices y al mismo tiempo el miedo a las desgracias en  que  cayeron  los  malos  por  su  maldad”.  (Perrault,  1694: prólogo  de  “Cuentos en verso”)  (SALMERÓN, p. 94)

En uno de mis últimos años como docente, recuerdo que me asignaron la asignatura de “Educación en valores” o algo así. No disponía de ningún libro de texto al uso y apenas contaba con cuatro o cinco alumnos a quienes se les había separado de la asignatura de Religión. Haciendo uso de mi imaginación no se me ocurrió mejor manera que aprovechar estos cuentos inmortales para transmitir determinados valores. Por aquel entonces no tenía las dudas que hoy tengo de si el lobo de Caperucita Roja era tan malvado ni la susodicha tan inocente y encontraba que mis discentes disfrutaban y entendían conceptos básicos como bueno/malo y otros más profundos como que la belleza está en el interior y no en lo exterior (La Bella y la Bestia) o la tolerancia a las diferencias (El patito feo, ANDERSEN).

Y casi con la misma intencionalidad, algunos años después, nacieron “ Cuentos en blancas y negras” incluido en el álbum TRIPARTITO en el que yo entendía que no había mejor manera de enseñar pedagogía musical que contar una historia cubriendo una doble función: el aprendizaje de un instrumento (piano) a partir del propio mundo infantil.

Sería injusto decir que los actuales creadores y creadoras de cuentos no están a la altura de aquellos ilustres maestros del pasado. A otros tiempos, otros valores. El individuo tiene que ajustarse a la sociedad en la que vive y no tanto la sociedad al individuo. Dicho esto, hay un patrimonio inmortal que hasta hoy no nos parece, o al menos a éste que os escribe, caduco. Mientras los cuentos infantiles perduren, también lo hará nuestra conciencia moral que nos obliga como decía Locke a sancionar o corregir aquello que hemos dado como norma para la convivencia.

REFERENCIAS:

CERVERA BORRÁS, Juan “ La literatura infantil en la construcción de la conciencia del niño”  Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Recuperado de. http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-literatura-infantil-en-la-construccion-de-la-conciencia-del-nino--0/html/ffbceca0-82b1-11df-acc7-002185ce6064_5.html

LLORENS GARCÍA, Ramón F. “Literatura Infantil y valores” Universidad de Alicante. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/206248.pdf

SALMERÓN VILCHEZ, Purificación “ Transmisión de valores a través de los cuentos clásicos infantiles” Tesis Doctoral. Universidad de Granada, 2004 Recuperado de: http://0-hera.ugr.es.adrastea.ugr.es/tesisugr/15487441.pdf

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sábado, 28 de octubre de 2017

Virgencita de la Cueva




Hoy tampoco. Asomado a la ventana, con resignación, un cielo celeste y un sol a sus anchas y, hoy tampoco. Viento sí, desde hace días. Eolo perturbando más aún, si cabe, las dolencias nerviosas y llamando a filas a los locos en su nombre. Tampoco hoy ni una sola nubecita presagia el manantial de vida, la matriarcal insoluble, inodora e incolora, casi invisible y rara vez inicua cuando es alimentada por las fuerzas titánicas de las tempestades desolando a su paso el rincón más recóndito del planeta. Tendremos que volver a creer en los dioses.

Y será a los dioses o a la Providencia, a quienes encomendemos el facer y deshacer los entuertos que torpemente ocasionaos a la madre Naturaleza. Estúpidos y necios aquellos que dudan o cuestionan la amenaza del ser humano y su contribución con prevaricación y alevosía de sus males.

En Chile, tras una larga sequía que estaba afectando duramente a la economía de municipios y del propio país, se recurrió al chamanismo para invocar a la lluvia. Que parece, y no es leyenda, hizo acto de presencia para alegría de todos.

No hay cultura ancestral que se precie que no haya recurrido al brujo, al mago o al chamán para propiciar que los elementos, como fuerzas ocultas de los dioses que la portan, tengan compasión de los pobres humanos que a ella recurrimos. Cantos, danzas, músicas forman parte del imaginario colectivo y de su memoria que nos llegan a los civilizados y racionales occidentales que todo pasamos por el tamiz de la ciencia como un fraude, un mero juego infantil o una superstición propia de un pueblo primitivo.

Sea como fuere incluso a este servidor al que la ciencia ha educado bajo su yugo y su verdad,  le queda un resquicio de duda del valor de tales rituales fuera del propio interés turístico y económico actual.

En 1726, Valencia sufrió una sequía generalizada y corría una leyenda de los milagros de la Virgen de la Cueva. El pueblo, en la propia desesperación que los indígenas tribales, entonó su ritual y el resultado fue una semana copiosa de lluvia y una canción infantil con la que los escolares, casi siempre sin vocación, cantan añadiéndolos a sus repertorios infantiles.

El Dr. Maseru Emoto, llevó a cabo una investigación a principios de este siglo y que tuvo como resultado un documental intitulado “ Los mensajes del agua”. En sus pesquisas, Emoto (y así se evidencia en el filme) trató de demostrar utilizando determinados recursos científicos, que las aguas “tratadas” daban lugar a cristales que formaban en sus puntas hexagonales u ortogonales, una serie de figuras geométricas de gran belleza, algo que no acontecía en aquellas que no estaban “tratadas” dígase por ejemplo en las aguas que producen los grifos en cualquier casa de Japón.

Sus experimentos y su certeza avivaron la polémica del mundo científico que los consideró de truculentos y fraudulentos y no se ajustaban la rigor científico en modo alguno. Tal vez sea cierto, pero ¿qué potestad tiene la ciencia para probarlo y determinarlo todo?, ¿es la ciencia la última palabra?, ¿puede acaso la ciencia y el mundo civilizado erigirse como la voz de todo lo que sucede en el Universo?

Yo no sé qué mensajes los cristales de agua del Dr Emoto pudieran revelar, pero en su discurso abre la puerta a un término muy oriental y que Occidente siempre ha desdeñado: la energía.

El  investigador japonés, de ser cierto y contrastable y pasarlo por el escáner de la verdad y no del negocio, había llegado a la conclusión de que las palabras tienen una fuerza, una energía capaz de alterar los materiales, en este caso, el agua. En el documental se observa (no digo se demuestra)), que con la Serenata Nocturna de W.A. Mozart, la Novena Sinfonía de Beethoven o la del Nuevo Mundo de Dvôrak, el agua formaba estas increíbles y maravillosas figuras. También, por supuesto, con música tradicional japonesa. Pero lo más insólito es comprobar como ante determinadas palabras el agua se comportaba de un modo u otro.

Y ya que estamos metidos en materia, la casi siempre arrogante, omnipresente y fiable ciencia, en manos de José Luis Díaz Gómez, entre otras cosas médico cirujano de México, en su artículo “La conciencia del budhismo: la mente plena”, dice los siguiente:

“Un aspecto de la conciencia que adquiere gran relevancia es el de la energía, que tienen ciertos factores mentales cuando se comparan con otros.” (Díaz, pag. 11).

Si esto lo digo yo, o un simple budista muchos habrán cogido ya la piedra para arrojarla, pero si viene de un investigador asociado a los departamentos de Neurociencia y Psiquiatría, algunos tendrían que volver a dejar la piedra en el suelo.

Toda esta parrafada de este servidor vuestro quiere concluir en un deseo: aunar nuestro sentimiento de energía como lo hacen aquellos que piden el día del apagón (que en realidad son horas). Hagamos un esfuerzo y pongamos esa energía en una única dirección. ¡Que llueva, que llueva!- Como decía alegóricamente la comparsa gaditana de Joaquín Quiñones ¡Tiene que llover a cántaros! Para limpiarlo todo, lo mismo dará con agua bendita que con bendita agua.

REFERENCIAS:

VIRASSO, Mensaje del agua Documental extraído de Youtbe. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=01gYfRr4boI

Wickepdia. Entrada: Maseru Emoto. Documento electrónico recuperado de: https://es.wikipedia.org/wiki/Masaru_Emoto

DÍAZ GÓMEZ, José Luis La conciencia en el budhismo: la mente plena. Artículo publicado en rebapveracruz México. Recuperado de: http://espirituyzen.org/wp-content/uploads/2013/05/La-conciencia-Plena.pdf

LANDETE MANCEBO, Marta. “Que llueva, que llueva la Virgen de la Cueva” tiene orígen valenciano. Publicado en TOP VALENCIA Recuperado de: http://topvalencia.net/llueva-virgen-cueva-origen-valenciano/

QUIÑONES MADERA, Joaquín ROMERO BEY, Juan Manuel El chaparrón. Comparsa del COAC 2012 Cádiz. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=GdlM21Lvj_A

jueves, 12 de octubre de 2017

NO OLVIDEN CERRAR LA PUERTA, GRACIAS



Leo en el periódico digital EL PAÍS la noticia de la salida de Donald Trump de la UNESCO. Y digo Trump porque dudo mucho que a un país como los Estados Unidos de América del Norte le pueda representar su actual presidente. De hecho, ya ha conseguido el descontento de los negros, de los refugiados, de la Unión Europea, de los latinos y hasta de aquellos que siendo de su propio partido no dan crédito de la empresa a la que iba a someter Trump a su país.

Verdaderamente no es una gran noticia, o al menos, no es una noticia inesperada, cada día hay una ocurrencia nueva y ya cualquier cosa es posible.

Acto seguido, el hermano menor de EE.UU., es decir Israel, en boca del hijo de Satanás, es decir, de su primer ministro, ha anunciado también su salida. Era evidente ya que los norteamericanos que se sienten representados en Trump argumentan cierto acoso hacia su país amigo. Tampoco, por lo tanto, es una sorpresa. Eso sí, el primer ministro de Israel ha anunciado nuevamente una dura represión contra el pueblo palestino y continuar con su política de asentamientos.

Ni siquiera los Busch, a los que le reconozco ciertos méritos, se han atrevido con tamaña osadía de dejar sin representación a los Estados Unidos de Norteamérica.

A grandes rasgos, a mí todo esto no me preocupa demasiado, ya que ni los indios nativos de América del Norte, ni los de origen africano han sido representados y respaldados en la UNESCO ni se les ha reconocido públicamente como dueños de propio derecho de aquellas tierras. El westernrianismo vuelve a recobrar vida y a recuperar el puro estilo Reagan.

Estos tiempos convulsos están aflorando viejos fantasmas del pasado o ya que estamos próximos a Halloween, a la resurrección de zombies afanados en pensar que aún siguen vivos.

En un titular posterior, y eso sí que es preocupante y estremecedor, El País trata El caso de Alcácer, al que injustamente sólo se le nombra como asesinato o crimen cuando en realidad fue de un verdadero horror, una monstruosidad que escandaliza y hace sentir vergüenza de la condición humana. Infelizmente no fue el único y observamos con tristeza e impotencia como asesinos de este calibre no están encarcelados, se desconocen culpables, se archivan casos y se entra en profundas contradicciones sobre el valor de la justicia partiendo del hecho de que sin justicia y sin ley no es posible la menor convivencia.

Por ello, lo que el señor Trump y su segundón hagan de la UNESCO me la refanfinfla.
Eso sí, no olviden cerrar la puerta, gracias.