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jueves, 12 de octubre de 2017

NO OLVIDEN CERRAR LA PUERTA, GRACIAS



Leo en el periódico digital EL PAÍS la noticia de la salida de Donald Trump de la UNESCO. Y digo Trump porque dudo mucho que a un país como los Estados Unidos de América del Norte le pueda representar su actual presidente. De hecho, ya ha conseguido el descontento de los negros, de los refugiados, de la Unión Europea, de los latinos y hasta de aquellos que siendo de su propio partido no dan crédito de la empresa a la que iba a someter Trump a su país.

Verdaderamente no es una gran noticia, o al menos, no es una noticia inesperada, cada día hay una ocurrencia nueva y ya cualquier cosa es posible.

Acto seguido, el hermano menor de EE.UU., es decir Israel, en boca del hijo de Satanás, es decir, de su primer ministro, ha anunciado también su salida. Era evidente ya que los norteamericanos que se sienten representados en Trump argumentan cierto acoso hacia su país amigo. Tampoco, por lo tanto, es una sorpresa. Eso sí, el primer ministro de Israel ha anunciado nuevamente una dura represión contra el pueblo palestino y continuar con su política de asentamientos.

Ni siquiera los Busch, a los que le reconozco ciertos méritos, se han atrevido con tamaña osadía de dejar sin representación a los Estados Unidos de Norteamérica.

A grandes rasgos, a mí todo esto no me preocupa demasiado, ya que ni los indios nativos de América del Norte, ni los de origen africano han sido representados y respaldados en la UNESCO ni se les ha reconocido públicamente como dueños de propio derecho de aquellas tierras. El westernrianismo vuelve a recobrar vida y a recuperar el puro estilo Reagan.

Estos tiempos convulsos están aflorando viejos fantasmas del pasado o ya que estamos próximos a Halloween, a la resurrección de zombies afanados en pensar que aún siguen vivos.

En un titular posterior, y eso sí que es preocupante y estremecedor, El País trata El caso de Alcácer, al que injustamente sólo se le nombra como asesinato o crimen cuando en realidad fue de un verdadero horror, una monstruosidad que escandaliza y hace sentir vergüenza de la condición humana. Infelizmente no fue el único y observamos con tristeza e impotencia como asesinos de este calibre no están encarcelados, se desconocen culpables, se archivan casos y se entra en profundas contradicciones sobre el valor de la justicia partiendo del hecho de que sin justicia y sin ley no es posible la menor convivencia.

Por ello, lo que el señor Trump y su segundón hagan de la UNESCO me la refanfinfla.
Eso sí, no olviden cerrar la puerta, gracias.