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sábado, 28 de octubre de 2017

Virgencita de la Cueva




Hoy tampoco. Asomado a la ventana, con resignación, un cielo celeste y un sol a sus anchas y, hoy tampoco. Viento sí, desde hace días. Eolo perturbando más aún, si cabe, las dolencias nerviosas y llamando a filas a los locos en su nombre. Tampoco hoy ni una sola nubecita presagia el manantial de vida, la matriarcal insoluble, inodora e incolora, casi invisible y rara vez inicua cuando es alimentada por las fuerzas titánicas de las tempestades desolando a su paso el rincón más recóndito del planeta. Tendremos que volver a creer en los dioses.

Y será a los dioses o a la Providencia, a quienes encomendemos el facer y deshacer los entuertos que torpemente ocasionaos a la madre Naturaleza. Estúpidos y necios aquellos que dudan o cuestionan la amenaza del ser humano y su contribución con prevaricación y alevosía de sus males.

En Chile, tras una larga sequía que estaba afectando duramente a la economía de municipios y del propio país, se recurrió al chamanismo para invocar a la lluvia. Que parece, y no es leyenda, hizo acto de presencia para alegría de todos.

No hay cultura ancestral que se precie que no haya recurrido al brujo, al mago o al chamán para propiciar que los elementos, como fuerzas ocultas de los dioses que la portan, tengan compasión de los pobres humanos que a ella recurrimos. Cantos, danzas, músicas forman parte del imaginario colectivo y de su memoria que nos llegan a los civilizados y racionales occidentales que todo pasamos por el tamiz de la ciencia como un fraude, un mero juego infantil o una superstición propia de un pueblo primitivo.

Sea como fuere incluso a este servidor al que la ciencia ha educado bajo su yugo y su verdad,  le queda un resquicio de duda del valor de tales rituales fuera del propio interés turístico y económico actual.

En 1726, Valencia sufrió una sequía generalizada y corría una leyenda de los milagros de la Virgen de la Cueva. El pueblo, en la propia desesperación que los indígenas tribales, entonó su ritual y el resultado fue una semana copiosa de lluvia y una canción infantil con la que los escolares, casi siempre sin vocación, cantan añadiéndolos a sus repertorios infantiles.

El Dr. Maseru Emoto, llevó a cabo una investigación a principios de este siglo y que tuvo como resultado un documental intitulado “ Los mensajes del agua”. En sus pesquisas, Emoto (y así se evidencia en el filme) trató de demostrar utilizando determinados recursos científicos, que las aguas “tratadas” daban lugar a cristales que formaban en sus puntas hexagonales u ortogonales, una serie de figuras geométricas de gran belleza, algo que no acontecía en aquellas que no estaban “tratadas” dígase por ejemplo en las aguas que producen los grifos en cualquier casa de Japón.

Sus experimentos y su certeza avivaron la polémica del mundo científico que los consideró de truculentos y fraudulentos y no se ajustaban la rigor científico en modo alguno. Tal vez sea cierto, pero ¿qué potestad tiene la ciencia para probarlo y determinarlo todo?, ¿es la ciencia la última palabra?, ¿puede acaso la ciencia y el mundo civilizado erigirse como la voz de todo lo que sucede en el Universo?

Yo no sé qué mensajes los cristales de agua del Dr Emoto pudieran revelar, pero en su discurso abre la puerta a un término muy oriental y que Occidente siempre ha desdeñado: la energía.

El  investigador japonés, de ser cierto y contrastable y pasarlo por el escáner de la verdad y no del negocio, había llegado a la conclusión de que las palabras tienen una fuerza, una energía capaz de alterar los materiales, en este caso, el agua. En el documental se observa (no digo se demuestra)), que con la Serenata Nocturna de W.A. Mozart, la Novena Sinfonía de Beethoven o la del Nuevo Mundo de Dvôrak, el agua formaba estas increíbles y maravillosas figuras. También, por supuesto, con música tradicional japonesa. Pero lo más insólito es comprobar como ante determinadas palabras el agua se comportaba de un modo u otro.

Y ya que estamos metidos en materia, la casi siempre arrogante, omnipresente y fiable ciencia, en manos de José Luis Díaz Gómez, entre otras cosas médico cirujano de México, en su artículo “La conciencia del budhismo: la mente plena”, dice los siguiente:

“Un aspecto de la conciencia que adquiere gran relevancia es el de la energía, que tienen ciertos factores mentales cuando se comparan con otros.” (Díaz, pag. 11).

Si esto lo digo yo, o un simple budista muchos habrán cogido ya la piedra para arrojarla, pero si viene de un investigador asociado a los departamentos de Neurociencia y Psiquiatría, algunos tendrían que volver a dejar la piedra en el suelo.

Toda esta parrafada de este servidor vuestro quiere concluir en un deseo: aunar nuestro sentimiento de energía como lo hacen aquellos que piden el día del apagón (que en realidad son horas). Hagamos un esfuerzo y pongamos esa energía en una única dirección. ¡Que llueva, que llueva!- Como decía alegóricamente la comparsa gaditana de Joaquín Quiñones ¡Tiene que llover a cántaros! Para limpiarlo todo, lo mismo dará con agua bendita que con bendita agua.

REFERENCIAS:

VIRASSO, Mensaje del agua Documental extraído de Youtbe. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=01gYfRr4boI

Wickepdia. Entrada: Maseru Emoto. Documento electrónico recuperado de: https://es.wikipedia.org/wiki/Masaru_Emoto

DÍAZ GÓMEZ, José Luis La conciencia en el budhismo: la mente plena. Artículo publicado en rebapveracruz México. Recuperado de: http://espirituyzen.org/wp-content/uploads/2013/05/La-conciencia-Plena.pdf

LANDETE MANCEBO, Marta. “Que llueva, que llueva la Virgen de la Cueva” tiene orígen valenciano. Publicado en TOP VALENCIA Recuperado de: http://topvalencia.net/llueva-virgen-cueva-origen-valenciano/

QUIÑONES MADERA, Joaquín ROMERO BEY, Juan Manuel El chaparrón. Comparsa del COAC 2012 Cádiz. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=GdlM21Lvj_A