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jueves, 7 de diciembre de 2017

La semilla del diablo



Polanski, allá por el sesenta y nueve estrenó La semilla del diablo. En estas fechas que los cristianos conmemoran el nacimiento de Jesús parece como venido al pelo para la cuestión que quiero presentar.

Como el film, a grandes rasgos, no tiene mucho de interesante con respecto a otros filmes de la saga “ concebir al anticristo”, no voy a detenerme en ello, pero quiero aprovechar el título (al menos en castellano, Rosemary´s baby original) para hablar de lo que Trump y el hijo de Satanás han conseguido declarando a Jersualem capital de Israel. Sin duda, una semilla diabólica para evitar, primero, que el Estado palestino pueda configurarse y segundo para dar carpetazo a los acuerdos de paz y desestabilizar Oriente Próximo.

Como suele ocurrir, todo el planeta ha criticado la medida y lamentablemente en eso quedará la cosa, tocándole al pueblo palestino lidiar con las efusivas y apoyadas reacciones del hijo de Satanás.

Es curioso, que un país como Israel, nacido de la diáspora y la huída de Egipto, sea quien quiera enterrar y desafiar al pueblo de Palestina, merecedor en tanto en cuanto comparten zonas comunes. De este modo, es garantizar el linaje judío frente al árabe rompiendo el equilibrio necesario para la paz no sólo en la zona, sino plantetario.

A diferencia del tocapelotas tiramisiles, el hijo de Satanás es un auténtico peligro que hace de Donald Trump un pelele a su servicio y a su causa. Como yo no soy diplomático, ni he visto nunca buena voluntad, no me da vergüenza ni miedo decir esto, además, a mis años…

Me solidarizo con Palestina, con su causa, con su injusticia histórica, con la resignación que vive lo liviano de la ONU y de los organismos internacionales en sus condenas, pero lamentablemente no puedo justificar una intifada aunque entienda sus razones.

Como no puedo anular el título de una de mis composiciones Shalom de mi álbum MIRADORES 2003, dejo constancia aquí de mi rechazo a tal palabra, vacía, hueca, que los judíos usan para su conveniencia sin ningún alcance.

Lucas 13:34  dice: “¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que son enviados a ella! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus pollitos debajo de sus alas, y no quisiste!”

Y en Jeremías 4:14 “Lava de maldad tu corazón, Jerusalén, para que seas salva. ¿Hasta cuándo morarán dentro de ti pensamientos perversos?”

A todas las Jerusalem citadas arriba, que pena me dais.