Translate

Playlist sondclick

martes, 3 de marzo de 2020

Ingenioso caballero es Romancero

En los últimos estertores de las fiestas de Carnaval, vamos a dedicar un espacio al romancero de Carnaval o romancero gaditano.

Es éste, sin duda, una de las manifestaciones literarias que están cobrando pujanza en estos años frente a otras propuestas que a su vez comienzan a dar síntomas de cansancio, redundancia y sesgo político. Es notorio el aburguesamiento del COAC y sus agrupaciones, la previsión de los premiados y el sectarismo de la afición.  En este marasmo, el romancero (y por ende las agrupaciones que nacieron al abrigo de las calles gaditanas) están cotizando al alza.

Compartía en estos días con mi amigo poeta recifense Jorge Filó la "Afrodita" de Rocío López Segovia (2.019). Lamentablemente resulta muy dificil trasladar, no sólo por los condicionantes del idioma sino también por la idiosincrasia de lo gaditano, todo lo de enriquecedor, ingenioso y "poca vergüenza" de dicho romance. Intenté traducir con notas a pie de página algunos pasajes del mismo, una labor un tanto poco gratificante por no saber el resultado (hay que tener en cuenta que el idioma afecta en ocasiones a la propia rima de las estrofas).

Filó es uno de los representantes de la llamada literatura de cordel, nombre dado por los porgueses porqie se escribían y colgaban para su venta. Esta tradición con influencias prerenacentistas tuvo su inclusión en Brasil donde es reconocida como una de las manifestaciones literarias que se estudian en las universidades, al menos del nordeste brasileño.

El romancero de Carnaval hace honor a su nombre. Por un lado, respeta la tradición romancista en su estrucutra poética (aunque cada vez hay más excepciones) y por otro, tiene la singularidad de lo carnavalescamente gaditano: provocador, burlesco, ingenioso, osado, transgresor, etc. Aunque se pueda encontrar de todo, lo más frecuente es que respire un cierto humor intleigente fruto de una preparación no exenta de la importancia de cierta improvisación en una retroalimentación con el público.

Memorables, y quedan para la posteridad, son los romanceros de Salvador Fernández Miró. Entre ellos: El auténtico Ssatanás, A Dios rogando, La muerte o La máquina del tiempo, por citasr los que considero más representativos.

Existen muchos más autores e intérpretes como la citada López Segovia, los de  Joaquín Santos Leonés (Ketama) o José Manuel Gómez por enumerar históricos que dieron un gran impulso a la modalidad.

El romancero también ha sufrido las consecuencias de la mala educación y la falta de respeto de la que también hace gala el gaidtano o foráneos. Su vulnerabilidad en el espacio público según algunos "de todos" les ha restado protagonismo, reconocimiento, pero como digo, respeto. También son menos frecuentes verlos con "el cartelón" que era muy idiomático de sus representaciones y últimamente se están hibridando con coplas o popurrís que nada tiene que ver con el género literario que desempeñan.

Para elevar o dignificar su trabajo, se les ofreció El teatro de títeres de La Tía Norica y el Gran Teatro Falla y es elogiable dicha intención, pero el romancero pertenece por derecho propio a la calle, al ágora de los griegos donde se encuentra en su máxima plenitud.

Se han publicado algunos trabajos de investigación científica sobre el carácter y el calado de los romancero s de Carnaval, lo que le confiere le beneplácito del mundo académico por su contribución a la literatura principalmente de oralidad.

Para los que ya estamos un poco cansados de la misma palangana del COAC, el romancero nos devuelve a la esencia de Don Carnal y del dios Momo, personajes estos que competirían con el mismo Molière por un trono en el reino compartido de lo sarcástico con lo intelectualmente ingenioso. Se hace saber.