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sábado, 30 de mayo de 2020

(Out here) on my own

Corrían los años ´80 cuando Domenica Costa encadialba al planeta con On my own, una balada realmente conmovedora en la voz de una niña de nueve años. No confundir esta canción con la que lleva el mismo título e inmortalizara Patti LaBelle de Michael McDonnald, ni con aquella otra de The miserables. Los autores en letra y música respectivamente fueron Lesley y Michael Gore.

Pertenece  (y así la reconocerán muchos) a la archifamosa serie Fame e interpretada por la no menos inigiablable voz de Irene Cara.


Nikka Costa es una de tantas niñas prodigios que acaban en el olvido y que apenas es recordada por una canción que a decir verdad no era demasiado adecuada para su edad. Su padre, Don Costa, el famoso compositor que llevara a cabo una gran lista de los arreglos de los éxitos de las canciones que interpetara Frank Sinatra, sin duda, aportó un aprendizaje importante en los años posteriores de Nikka, a la que encontramos (como en 2.017 con Nikka & Strings) un enorme talento vocal destinado o derivado al mundo del soul, el jazz o el funk.

Personalmente opino que a Nikka Costa le faltó la suerte de otras artistas de contar con compositores y composicoines propias adaptadas no sé si a su nuevo estilo o a su inconmensurable dote y educación vocal.

Sobre la música de Gore, ocurre un tanto de lo mismo. Un compositor que suele triunfar con un éxito y casi deseaparece o quedan minimizados todos sus trabajos antes o después de la célebre On my own. Son esas cosas inexplicables que puede ocurrirle a cualquiera, como si fuese tocado por la inspiración por una sola vez para la eternidad.

Tal vez On my own fue el trampolín para Nikka Costa, posiblemente anecdótico pues el éxito era sin duda de la propia composición siempre por supuesto en las voces aduecuadas. Lo dificil fue mantener o acreditar que aquello era posible mantenerlo en el tiempo. Facultades como hemos mencionado no le faltaban pero otra de las grandes incógnitas de la música es por qué sólo a algunos artistas se le concede el reconocimiento a su talento. Casos haylos en la Historia desde que la Música con mayúsculas se convirtió en un elemento necesario para el ser humano (y tal vez para algunos más).

Es tanto esto así, que una detemrinada canción o música marca una generación o dos, es más extraño su supervivencia más allá de eso. Se adhiere a los propios sentimientos casi como un himno, una patria o una bandera. Más allá de la propia inmortalidad que le depare el destino, una canción, una música es un distintivo temporal, cronológico que colateralmente se asocia a otros acontecimientos de nuestra vida vivenciada.