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domingo, 10 de mayo de 2020

Plena-mente Lalo

En la década de los noventa del siglo pasado la música latina tuvo un fuerte impacto en Europa y más concretamente en España. Fue quizás el momento más reconocido en el que muchos artistas de toda América Latina vendían discos como caramelos y realizaban macrogiras que recorrían la piel de toro de punta a punta.

Una inmensa mayoría de los grandes nombres que se recuerdan en la historia de la, llamemosle "salsa" catapultaron su fama y su entrada en la Historia en mayúsuclas en estos años. Por supuesto, la "salsa" es mucho más antigura y tiene mayor recorrido, pero en términos de popularidad es innegable que esa década marcó en grna medida.

Mi relación con la "salsa" ha sido siempre de amor/odio. Nunca he dejado de reconocer el gran mérito de una música que se fundmaenta en el ritmo y el contratiempo y la síncopa (sin duda, tan mal llevada por los europeos incluyendo a los propios españoles). Para un compositor que se precie, oir de principio a fin un patrón rítmico sin variación objetiva es algo de una gran pobreza musical. Es cierto que no es exclusvio de este género, también en el rock o el pop y otros más populares es frecuente encontrar ese chim pum chim pum interminable.  Pero, y ahí viene el mérito, hay que saber dar ese chim pum. Y en eso, nos ganan a todas luces.

Otra de las características fuertes de la "salsa" es la armonía. Mientras que en otros géneros durante mucho tiempo ha sido de una reducida e insignificante acotación marcada por tonos Mayores/menores a secas (y sin agua), la América Latina ha enriquecedio siempre sus melodías con una gama de matices que ni de lejos podíamos soñar. Muy probablmeente heredada del jazz con las propias idiosincrasias culturales de cada región.

Con la entrada del nuevo siglo, la "salsa" perdió gas y volvió a casa donde se ha quedado y pervive con buenas constantes vitales.

Yo comencé a aficionarme seriamente con este género escuchando el programa que presentaba Rodolfo Poveda "Trópico Utópcio", del que hace tiempo no tengo noticias y que se centró más en las músiucas de Brasil abandonando otras referencias musiclaes. Con ese programa descubrí a quien por entonces Poveda llamaba "el sonero mayor", Ismael Rivera. Acabé comprándome el álbum que publicó con el nombre Ismael Rivera con Cortijo y su combo "La Escuela de la Alegría" 1.998 publicado por Müsica del Sol, aunque en relaidad la canción que más me gustaba era Incomprendido, que no está en dicho álbum y fue la carta de presentación de Poveda en aquel programa histórico. Después vendrían otros como Oscar de León y mucho más tarde, por motivos personales, la música cubana de Manolito y su trabuco, Manolín el médico de la salsa, Los Van Van, La charanga habanera y un largo etcétera.

Sin embargo, y ante este largo prólogo, hoy me acordé de una de las voces privilegiadas de la América Latina por su registro melódico. Ubaldo Rodríguez Santos publicó en 1.991 Plena-mente Lalo Capitol/EMI. Para los que no sepan de quien les estoy hablando, les vendrá pronto a su memoria si digo "devórame otra vez" o Lalo Rodríguez.

Es un álbum que compré unos años más tarde de su publicación creyendo encontrar la susodicha canción (hoy me alegro, pues acabé bastante harto de tanto canibalismo musical). En dicho álbum hay una de las canciones que más me gustan dentro de un género donde no se prodiga demasiado el contenido literario, eso sí, hay que reconocerles el gran mérito del uso del lenguaje metafórico, localista y agridulzón de sus músicas. El nino, el hombre, el soñador y el loco, autoría del propio Lalo, es una de esas canciones que además de mover el esqueleto te hacen pensar, aunque nada está escrito si la música debe o no cumplir tal cometido.

Por derechos de autor no puedo hacer pública toda la letra en la que el autor va recorriendo a los cuatro perosnajes con los que se identifica y en cierta meidda y por extensión, también lo hacemos los dmeás.


Como estamos viviendo los tiempos que estamos viviendo, me quedaré con un pequeño fragmento del soñador que dice:

" Somos soñadores, porque todo esto es mentira

Somos soñadores, de ilusión y fantasía" (Ubaldo Rodríguez, 1991)


Aunque evidentemente Lalo no va a pasar a la historia por estos versso de su canción, es algo que a veces olvidamos en la barhúnda de lo cotidiano. También lo decía la gran Celia Cruz con aquel "La vida es un Carnaval" (desconozco la autoría).

En el niño, el hombre, el soñador y el loco, Lalo Rodríguez hace un despliegue de habilidades vocales por los cuales la canción por sí misma merezca la pena. El mismo álbum tiene otras letras de interesante contenido, algo que como digo no es muy habitual en este género, como por ejemplo Semilla cultural o Libre.  Pero en esto suele pasar como siempre, se queda para la Historia con mayúsuculas una de las canciones quizás menos atractivas (como Beeethoven con su Para Elisa o W.A. Mozart con la Marcha turca. Cosas del "escuchá".



NOTA. Es justo y necesario recordar que tanto Lalo como otros de los autores mencionados son de Puerto Rico y que la música popular por excelencia es la plena (de ahí el doble sentido del álbum del boricua)