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martes, 21 de julio de 2020

La TAP Portugal o como amargarte el verano

Si tiene pensado viajar este verano, prepárese para la gran odisea. En el mejor de los casos y si la compañía aérea que ha elegido es seria, tal vez pueda disfrutar con cierta comodidad de sus vacaciones.

Por razones de todos conocidas, las medidas de seguridad son necesarias (sólo los insconscientes que además ponen en riesgo a los demás no las cumplen). Pero una cosa es esto y otra que tu compañia aérea con la que has volado en estos últimos veinte años te amargue la fiesta al llegar a facturar tu maleta y te digan "Certificado médico".

Mi asombro fue mayúsculo. Primero, porque la TAP no avisó, ni tiene en su web información al respecto para dicho documento. Segundo, la moza de facturación me retuvo hasta que pasó el último pasajero que iba a facturar para al final decirme que no podía volar, algo por otro lado estúpido ya que mi parada en Lisboa no necesitaba certificado alguno.

Si tiene pensado reclarmar con la TAP, no le rindo las ganancias. El teléfono de contacto (o los múltiples telefónos que no valen para nada) no atiende alegando exceso de llamadas por el bichito.

Las reclamaciones online son igual de árduas y molestas, además de estresantes. La mía aún está en espera después de dos semanas.  La compañía no ha tenido ni la dignidad de ponerse en contacto conmigo para una disculpa por el trato recibido. La reclamación sigue abierta y ya casi he asumido que perdí mi dinero y mis vacaciones.

La atención además dejó mucho que desear en facturación. Unos brasileños de São Paulo se permitieron hasta entrar donde la moza estaba para ver la pantalla del ordenador (algo inaudito) y sin embargo a mí como cliente se me ofreció un servicio verdaderamente lamentable.

Asegurese de que adonde va a viajar no necesita requisitos, porque la TAP sólo se lo hará saber cuando ya sea irremediable.