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martes, 7 de julio de 2020

Rompiendo una lanza

Publica hoy Diario de Cádiz en su versión digital un artículo que informa sobre la vuelta a los escenarios de algunas agrupaciones de Carnaval.

Yo no puedo (ni quiero) renunciar a mi pasado carnavalesco. Llevo escuhando coplas de Carnaval desde que tengo uso de razón. No sé si ello puede ofender a alguien o molestar, o simplemente considerar que es chabacano que alguien con cierta cultura pueda tener tan deplorable afición. La verdad es que a estas alturas esas opiniones ni me incomodan, ni me molestan, ni me importan.  Uno decide ser lo que es y no lo que otros quieren que seas. Además, mi relación con el Carnaval siempre ha sido de amor/odio. Ni todo me gusta, ni me paso 365 días que tiene nuestro calendario anual esuchando coplas de Carnaval.

Pero vayamos al grano. En los comentarios aparecidos debajo de dicha información (que Diario de Cádiz no censura y respeta la libertad de cada cual) he leído cosas muy dolorosas y tristes en relación a personas que por cualquier circusntancia han enconrado en las coplas de Carnaval la manera de llevar dinero a sus familias, de contribuir a no ser un parásito y ganarse dignamente su sustento. Son comentarios de indidable crueldad y sarna.

Independientemente de que le pueda o no gustar la cultura de un pueblo, y respetando lo que al respecto pueda pensar, no creo que contribuya en nada a que estas personas que se ponen en la carretera, dejen a sus familias un festivo (o incluso meses ensayando) dejen de hacerlo, ni que las 200 personas que llenaron en Punta Umbría (por cuestiones de seguridad) el primer festival tras la desescalada, tampoco dejen de asistir.

Por este motivo, vuestras palabras de desánimo caen en saco roto, por supuesto, nos duelen y no entendemos esa afrenta ni fobia. Si tratan con ello que las coplas dejen de sonar, en fecha de Carnaval o fuera de ella, lamento decirles que estáis desaprovechando vuestro tiempo, que tal vez deberiais emplearlo en pensar lo que se dice  Posiblemente haya festividades mucho más violentas que una copla de Carnaval, ni me importa ni me interesan si son de su predilección. Yo no le juzgaré por ello, allá cada uno con su conciencia (si la tiene).

Nuestras sociedades están cada vez más saturadas de iconoclastas, de insensibles y de dogmatismos. Creo que es hora de volver de nuevo al laissez faire, laissez passer.


NOTA: Un detalle que había olvidado. Si por algún motivo alguno de estos que comentaron tiene algún familiar con una enfermedad, se encuentra en una stiuación precaria, no le quepa que la mayoría de las agrupaciones de Carnaval irán de forma altruista a auxiliarle.