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domingo, 18 de noviembre de 2012

Miliki que estás en los cielos

Amanecí con la triste noticia de una gran pérdida. Y amanecí como el niño de cuatro o cinco años desconsolado, y con los ojos llenos de lágrimas. Si hay algo que Los payasos de la tele dieron a este generación como la mía, fue sensibilidad y no me avergüenza reconocerlo.

Malos tiempos, sin duda, nos dejas apesadumbrados, aunque ya no estabas tan presente, tu recuerdo sí permanecía con nosotros, con Gabi, Fofo y más tarde Fofito, con las canciones que hemos vivido y hemos cantado.

Es cierto, como se dice en las miles de manifestaciones de afecto que circulan en la red, que nunca dejaremos de ser niños gracias a vosotros. Niños hoy huérfanos de ilusiones, alegrías y de buen humor, niños ayer de otros tiempos que se fueron marchando con nuestros años, con las crueles hojas del calendario corriendo ante nuestros ojos.

No me importa quienes piensen que este post sobra en este blog. Para mi, el arte de un payaso engloba muchas facetas, como nos demostró Gabi con su saxo en multitud de ocasiones, o con las composiciones de Miliki,  cargadas de inocencia y buenas intenciones.

Es verdad también, como dicen, que no se ha ido un payaso cualquiera, se fue NUESTRO PAYASO,  como ya lo hicieran sus compañeros inseparables en días no menos tristes que hoy.

Me resulta difícil en este período de mi vida dar un crédito a otro estado más allá de la muerte. Pero, de seguro, que si existe esa otra dimensión, desconocida, escurridiza para nuestra mente, en otra forma o concepto, allí estarán ellos reunidos, programando un nuevo número de circo, una nueva canción, una conciencia universal de la alegría.

Mi más sentido pésame a la familia y hasta siempre Miliki. Hasta siempre.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Uno para todos

Siempre he sentido una gran curiosidad por los instrumentos musicales, lo que de forma académica llaman Organología.

Verdaderamente,  es un mundo fascinante e inacabable, empiezas aquí pero no sabes donde acabarás. El campo es vasto y muchos de ellos sucumbieron a lo que Darwin denominó la selección de las especies o la selección natural.

Pero hay algunas que nos empeñamos en que la teoría de Darwin deje de tener éxito y sea posible una comunión y una recuperación de todos aquellos instrumentos que formaron y forman parte de nuestro pasado y nuestro presente.

Uno de estos singulares instrumentos es la zanfona. La zanfona tiene la peculiaridad de que recibe tantos nombres como lugares donde se conserva aún la tradición musical de los pueblos.

Zanfoña o zampoña en Galicia y León, gaita zamorana o gaita de pobre en Zamora, rabel de manubrio y vigüela en Palencia, gaita de rabil y zanfonia en Asturias, zarrabete en el País Vasco y viola de roda en Cataluña y Valencia.

Podríamos reducir todo a una especie de viola (por su tamaño) que es accionada por una manivela y de un sonido agudo y seco.

Su origen se pierde en el tiempo, y su procedencia. Podría ser herencia árabe, pero tampoco se descartan otras hipótesis. Lo que parece más cierto es su aparición cronológica, en el Medievo, y que en España, posiblemente fuera ya conocida por nuestro rey cultural Alfonso X El Sabio.

Aparece en muchos pórticos, catedrales y el Arcipreste de Hita, Juan Ruiz, la cita en su Libro del buen amor.

Curiosamente también, la zanfona sobrevivió a muchos siglos y alcanzó su esplendo en la corte francesa de Luis XV.

En los años 70 se rescató del más injusto de los olvidos en los que viven muchos instrumentos del pasado propio o ajeno. Valentín Clastier la reconvirtió al jazz. Pero no sólo él, en España Germán Díaz, uno de nuestros más notables zanfoñeros también está dando oxígeno, y el multiinstrumentista Hector Braga la utiliza para la música popular. También es de sobra conocido que Amancio Prada es un ferviente admirador y músico de zanfona.

No quería acabar este post dedicado a los instrumentos olvidados sin hacer alusión a su título: uno para todas. Qué mejor ejemplo de unidad que nos sirve para estos duros momentos de independentismo, de fundamentalismo religioso. La música, en boca de sus instrumentos, rara vez se ha doblegado a la ignorancia de aquellos que imponen fronteras, que levantan armas e interpretan odas de mundos mejores. Yo me alegro de que así sea, de que la zanfona goce de su camaleónico disfraz etimológico pero que suene en todas ellas del mismo modo, con su característico timbre sea popular, jazzístico o medieval.