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jueves, 6 de diciembre de 2012

John Williams: un ser de otro mundo o el niño que no quiso crecer

Para hablar de John Williams (compositor de BSO) lo primero que uno tiene que hacer es quitarse el sombrero.

No voy a negar mi entusiasmo cuando hablo de este gran maestro que ha dedicado toda su vida a la música de cine, algo que pasa, la mayoría de las veces, desapercibido, infravalorado.

Lo cierto es que, este neoyorquino que pasó algunos años en Los Ángeles, que comenzó a tomar sus clases de piano a los siete años y que domina la composición como un mago del ilusionismo, el próximo año cumplirá sus ochenta años de vida, es un ser de otro mundo, como lo fueron los grandes compositores de tiempos pasados, alguien especial venido a La Tierra a desafiar lo inimaginable o a dar rienda suelta a una imaginación desbordante de fantasía, que consigue hacer olvidarnos por momentos del lado menos gratificante y realista de la vida que a cada cual le tocó vivir.

Y muchos dirán que eso también lo hacen otros . Posiblemente, no con el disfraz de niño que Williams se cuelga cada vez que entra en una de sus batallas contra la inspiración. Solo de esta manera, tiene la fantasía garantizado el éxito. Los adultos no somos capaces de pensar en esos términos.

Pero además del beneplácito de las musas, Williams cuenta con una dilatada carrera al servicio de la música de cine y trabajando para otros compositores que también lo fueron, como Goldsmith, Rozas o Newman y, eso ya debería bastarle a más de uno para callar cualquier duda al respecto.

Con este gran genio hemos crecido muchos y hemos madurado también. No voy a decir yo que aquellos filmes que musicó no hubieran tenido el éxito que tuvieron. Pero de lo que sí no me cabe duda es que, sus músicas tuvieron éxito por sí solas, y espero que no necesitemos años o siglos para reconocer a este paradigma de la música de cine, a un neorromántico que es capaz de contagiarnos de su fantasía y renovar en cada audición al niño que llevamos dentro.