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sábado, 28 de diciembre de 2013

Porque Cádiz no es sólo Carnaval


Corría el año 1.979 cuando unos niños gaditanos representaban a España en el primer festival de la canción Iberoamericana: Antonio Flor, Juan Luis Guerrero y José Monzón.

La canción del marinero, con música de Antonio Escobar y letra de José Antonio Galiana, demostraba que Cádiz es algo más que Carnaval, gracia y flamenco, con todo el respeto que merecen estas manifestaciones culturales y populares.

Actualmente, no hay mucha afición por las Escolanías, de donde salieron estos chicos que tan honorablemente abanderaron a España en dicho festival. Me consta, sin embargo, que algún que otro amigo de universidad se empeña y trabaja por que los coros infantiles no se pierdan.
Aquella letra que escribiera Galiana, además, tenía un componente de valores.

No al din din din din din de tu dinero
  
Ni en el tan tan tan tan tan de los motores
  
Ni en el humo ni en la espuma de los vientos
  
Hallarás marinerito tus amores…
  
Ese niño que con alma pura y simple
  
Multiplica por siete la esperanza
  
Es la paz, es la paz
  
Que bendice a cada hombre desde el rayo de su luz
  
Desde el rayo de su luz de su mañana
  
  
Cuando un niño te sonría abiertamente
  
Una flor se renueva a la esperanza
  
Es la paz, es la paz
  
Que te mira con amor en el surco de ilusión
  
En el surco de ilusión de cada alma.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

German Coppini: dime hacia donde caminas y te diré quien eres.

No puedo estar más de acuerdo con el artículo que Julián Ruiz ha firmado en la página de cultura de El Mundo en su versión digital.

German Coppini ha sido, como el resto de las grandes figuras de nuestra década prodigiosa e irrepetible, viendo y escuchando el panorama nacional, un desencantado y un artista silenciado por aquellos que ahora apuestan por "la música para imbéciles": sin contenido ni sustancia, eso sí, con mucho edulcorante y compuestos químicos.

Pero lejos de parecer una excepción, sólo hay que mirar hacia atrás, algo que hoy tampoco se suele hacer con mucha frecuencia, para comprobar que todos aquellos artistas con su chispa de genialidad de épocas remotas y menos distantes, han sido fruto de este efecto mordaza. Era más fácil callar a todas aquellas bandas de pop y rock, de someterlos a que se "adaptaran" a sus necesidades y colocarlos en la gran pantalla con programas cutres y de dudosa calidad. Los que no pasaron por aquel aro del sometimiento, de la "conversión" ,fueron condenados al olvido, tanto que ni sus discos aparecen hoy con exigua frecuencia en tiendas comerciales, relegados a la sombra y a la clandestinidad.

Es muy probable, que German se hubiera sentido muy feliz con ese calificativo de clandestino, pues en realidad, todos aquellos grupos o al menos una gran mayoría era un revulsivo que a fuerza de hacerse oír y la imposibilidad de poner cinta adhesiva a las bocas de sus miles de seguidores,  pudieron brillar mientras las fuerzas ocultas esperaron, aguardaron silenciosas y utilizando las mejores estrategias y, entonces llegó lo que llegó ( ver post Estéticas de la Música Española).

Recuerdo, en mis años de juventud que teníamos un grupo de música y uno de mis queridos amigos era un enfervorecido seguidor de Coppini. Ahí aprendí a escucharle, que no es lo mismo que oírle, y a descubrir su capacidad creativa desbordante y sorprendente. No lo veíamos como ídolos, como hoy día se les llaman a ciertos artistas o famosos, sino como unos locos con un gran sentido de cordura.

Buscando en Google noticias, me ha sido difícil encontrar en la sección que ellos denominan espectáculos (craso error denominar así a la cultura) ni una referencia a la muerte de Coppini. Parece que esa sombra oscura que planea sobre las cabezas de todos aquellos artistas de la generación maldita, están abocados a que ni se les reconozca su muerte o su contribución al mundo de la cultura. Cuatro o cinco noticias me llegaron en ese mismo portal del grupo éste de punk (o eso dicen ellas) que han sido absueltas. En fin, España, ¿Cuándo cambiarás?
.
German, allá donde estés, yo si miraré a tus ojos, en mi, como en muchos de tus seguidores, no verás mentiras, sino un profundo respeto por tu trabajo y tu contribución personal en la creación universal.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Rodolfo Mederos y el bandoneón

Quisiera en este post, no presentarles, pues sería una osadía por mi parte, una figura más que consagrada: Rodolfo Mederos.

Y lo hago, con la intención, como en tantas ocasiones, de que su paleta de sonidos no se condicione por la terrible fuerza manipulativa de los medios de comunicación, que hoy son los que ponen y quiten reyes.

Yo me considero un apasionado de la música argentina, en realidad, de la buena música de raíz que no puede perecer, no puede sucumbir a lo efímero de las modas y al influjo demoníaco de la sociedad de consumo.

Como otras tantas veces, no me cansaré de decir qu,e la cultura y el arte no es un producto de entretenimiento, sino un caudal de conocimiento, de sabiduría y es, a este caudal, que yo llamo buena música.

Hablar de la música argentina es por tanto hablar de cultura, y de eso entienden mucho este pueblo, me refiero al argentino, claro.

Rodolfo Mederos es un bandeoneista de culto, que además compone y realiza arreglos, y que lleva toda su vida abrazado a este instrumento como un elemento más de su cuerpo humano.

Además de una inagotable fuente de producción de tangos, lo que más me atrae de Mederos es su sensibilidad para extraer de este instrumento toda la belleza, riqueza y variedad de gamas sonoras posibles e imposibles.

En una tierra donde el bandoneón es un instrumento tan autóctono como nuestra guitarra española, es difícil que la tradición llegue a perderse, no obstante, Mederos está recuperando del olvido, músicas que injustamente no están en los repertorios habituales ni en el saber popular y menos en las nuevas generaciones que ya han dictado sentencia contra cualquier música considerada "del pasado".

Actualmente, en su formación de trío y me gusta citar los nombres, porque a veces caemos en la infantil idea de que el éxito de un concierto o una grabación corresponde sólo a una persona, están a la guitarra Armando de la Vega y al contrabajo Sergio Rivas.

Déjense cautivar por Rodolfo Mederos trío, y ese sonido tan peculiar que el bandoneón un día saliendo de los arrabales dio orgullosamente una cultura musical a nuestra querida Argentina.

Rodolfo Mederos en El Estudio

domingo, 8 de diciembre de 2013

El vacío de las palabras


Oigo a menudo en estos días el término "talento" y reflexiono sobre la vacuidad de las palabras o cuanto menos, de su mala colocación.

La palabra es, sin lugar a dudas, la cosa más subjetiva que el ser humano ha inventado.
Y ocurre que ciertas palabras se convierten en modas, como contundente, oída más de mil y una veces con usos tan dispares y disparatados que a veces uno realmente piensa si ciertos medios de comunicación  reflexionan sobre lo que dicen o escriben para millones de personas.

 Llega hasta ocurrir que el término cae en una falta de poder absoluto, de propiedad, tanta contundencia llega a convertirse en un hábito, en algo común y por tanto, la palabra ha perdido cualquier capacidad determinante.

El término talento también se ha puesto de moda, y no sólo en el mundo artístico, sino también en registros tan insospechados como la política, la economía o el deporte. Ciertamente, en todos ellos tiene cabida, pues no está adscrito a una categoría concreta. Lo que resulta más sospechoso es que hace unos meses nadie hablara de ello, y ahora parece que todo el mundo es poseedor de esta facultad.

Y en esta subjetividad de las palabras, uno acaba pensando que una determinada acepción puede tener jerarquías, es decir, uno puede ser talentoso, que erróneamente se confunde con potencialidad, haciendo sandwiches de jamón y queso, si se compara con cualquier lugar de comida rápida tan de moda también en estos tiempos. Pero claro, ¿y ante el mejor de los gourmets?, cambia, ¿verdad?

Pues yo quiero hoy ofrecerles mi definición de talento, y que sean ustedes quienes juzguen si tengo razón o no sobre esta banalidad de las palabras.

El talento, es generalmente innato,  pero ocurre muchas veces que es desperdiciado, pasando entonces a ocupar el rango de potencial. Para que el talento tenga visos de éxito necesita de la práctica, tanto o más que de las facultades innatas.

Por tanto, hagamos un correcto uso de las palabras y no trivialicemos o queramos tirarnos flores creyéndonos poseedores de un vocabulario privilegiado.

Y para ilustrar mi visión de talento, traigo dos ejemplos que a buen seguro hará a muchos sonrojar y a otros, a pensarse bien lo que dice cuando le pone nombre a alguna cosa.

Alexey Arkhipovskiy