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miércoles, 29 de enero de 2014

Quién dijo que no: nuestra generación española

A veces he sido muy crítico con todo lo que proviene de nuestro país en relación a la cultura, tal vez excesivamente crítico, aunque no borraría ni una coma de lo dicho en cualquiera de mis anteriores posts.

Quizás lo que si me gustaría rectificar es que fuera de la ponzoña que flota en la superficie de lo que en España se llama arte y cultura, hay muchos artistas que sobreviven en las profundidades del anonimato o en las minorías elitistas que le siguen. Tal vez esto siempre fue así a lo largo de la historia del ser humano.

En lo que a producción musical se refiere, existe en España una importante y destacada plantilla de compositores que han encontrado en el mundo de las bandas sonoras principalmente, un hueco que difícilmente, y lo digo por experiencia personal, se puede encontrar en otros campos.

Ayer tuve la oportunidad de asistir en la 2 de tve a la proyección de Arrugas, una película de animación inspirada en un cómic de Paco Roca. Verdaderamente, sería injusto decir que el tema tratado engancha, y lo hace de un modo acorde con el equilibrio necesario para no caer en el tópico (aunque a veces e inevitable) ni en una versión lacrimosa de una de las asignaturas pendientes que esta sociedad moderna tiene con los ancianos.

Pero me sentí sensiblemente entristecido cuando ni un sólo comentario fue dirigido a la música que el compositor Nani García había plasmado para deleite de todos.

Esto, deja de nuevo en entredicho, que los músicos y los compositores vivimos en un segundo plano, siempre en la sombra de los acontecimientos dignos de ser reconocidos.

Nani García, no es un desconocido, adjunto enlace de su Web donde podréis documentaros de la ingente creatividad y amplio catálogo de su obra. Al igual que él, otros muchos compositores ponen, no el complemento, sino el sentimiento al que las palabras nunca llegan, cuando nada es merecedor de decir, allí está la música para hablar.

Me molesta profundamente esa falta de apoyo, de admiración por nuestros compositores, sin duda, algo extraordinario que difícilmente ocurre en otros países. Seguimos, como siempre, alabando lo que nos viene de otros lugares o ensalzando las trivialidades o aquello no merecedor de más éxito que el fin para el que fue creado.

Nuestra música se ajusta como siempre a nuestras limitaciones económicas, humanas, sociales y culturales. Pero, como es bien sabido, los mejores perfúmenos se ofrecen en envase pequeño y no están al alcance de todos.

domingo, 5 de enero de 2014

Los problemas de interpretación

En cierta ocasión,  según una anécdota que circula por ahí , Federico Chopin estaba escuchando una música interpretada por Franz Liszt. El compositor polaco le preguntó:¿es una nueva composición tuya?. Liszt asombrado respondió: Amigo mío, ¿no reconoce su propia música?.

Sin entrar en complejidades como Bruce Haynes en su libro intitulad The End of Early Music  Oxford University Press N.Y. 2.007, de si, instrumentos antiguos en la era moderna o no; la interpretación es una cuestión realmente  interesante y difícil de resolver.

Muchos factores intervienen en el estudio de la misma, eso sin contar con las dificultades que plantea otro gran libro: Grier James, La edición crítica de música. historia, método y práctica. Ed. Akal, 2.008 Madrid; relativas a la interpretación escrita de manuscritos o partituras de compositores. A fin de cuentas, un papel escrito no puede resumir la idea creativa de un compositor, sino señalar un camino a seguir.

Con frecuencia recuerdo aquellas palabras de Stravinski: mi música no es para interpretarla sino para ejecutarla. Pero, ¿es esto posible?.

No cabe duda, de que muchos músicos y directores de orquesta deben sacrificial una cosa por la otra y lo peor es cuanto mayor es el número de interpretes que intervienen en una obra musical, hablamos ya de óperas o sinfonías.

Menos relevancia tiene aquí el gusto musical, aunque sí condiciona la formación académica o los profesores o guías que uno haya tenido a lo largo de su carrera de estudiante.

Es un hecho que la interpretación supone una de las decisiones más difíciles que un músico o director debe tomar. A veces, es complicado para algunos directores de orquesta transmitir su propia visión de una determinada obra, cómo espera que suene y mucho más que los músicos le sigan generalmente con sus propias concepciones de la misma obra. El equilibrio resulta difícil, y el interés o desinterés por un determinado compositor juega a favor o en contra del éxito en la interpretación. En determinadas ocasiones, la orquestación es un gran hándicap, y hay que decidir en qué grado un clarinete debe sobresalir o permanecer en el conjunto de la orquesta, especialmente en aquellas obras polimelódicas.

Independientemente de todo esto, un músico y un director de orquesta están comprometidos con su propio trabajo y estudio. A menudo, el funcionariado hace un flaco favor convirtiendo a los profesionales de la música en meros trabajadores sometidos a una rutina, y aunque nunca una misma obra puede ser igual dos veces, muchos se esmeran en que así sea.

El estudio no tiene absolutamente nada que ver con la técnica, algo que se da por sobreentendido que un profesional debe poseer. Requiere un análisis del estilo del compositor, de la época en que se plasmó la obra, incluso dentro del mismo compositor, del momento de su vida en que dicha obra fue compuesta.

En algunas charlas interesantísimas que mantenía con mi querida profesora de piano Iciar Elorza, entendíamos que por mucha voluntad que Chopin tuviera para ejecutar aquellos fortissimos, su delicado estado de salud jamás le habrían permitido lograrlo. Todo lo contrario que ocurre con Beethoven, los pianissimos de sus obras de madurez, cuando tenía que intuirlos, e incluso el propio carácter del compositor alemán, nada tienen que ver con los, siguiendo con la comparación, de Chopin.

Este simple análisis puede elevarse a la enésima potencia con tantas otras cuestiones relativas a la interpretación.

Otro de los factores que intervienen desde el punto de vista de la grabación sonora, es como conseguir un equilibrio.

Mi profesor y querido  compositor gaditano Felix Parodi me decía en cierta sonata de Haydn: cada nota tiene un sentido en la partitura, nada responde al azar. Nunca olvidaré aquella lección magistral. Cada instrumento tiene un papel esencial en la obra de un compositor, nada es añadido por simple placer y por tanto, cuando una grabación sonora oculta u oscurece unos chelos que realizan la base rítmica y melódica de una determinada pieza, algo está fallando.

A todo esto, hay que añadir, que el ser humano es inestable emocionalmente por naturaleza, no todos los días se levanta y acuesta del mismo modo, e indudablemente,  estos efectos colaterales se reflejan en una determinada interpretación.

Como vemos, tanto para el intérprete como para el oyente, el análisis riguroso ayuda en gran medida a la salvación o fracaso de lo que en su día alguien quiso inmortalizar para deleite de todos.