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lunes, 18 de agosto de 2014

Juventud, está en tus manos

Hoy también, y dirán ustedes que me paso la vida delante de un ordenador, y yo les podría contestar que a falta de cosa mejor, encontré una entrevista de un hombre que me causa gran admiración:Paco Ibañez

Yo no voy aquí a realizar una retrospectiva de este excelente hombre, el que quiera que investigue, que eso nunca está demás.

Sin embargo, Paco Ibañez me ayudó a reafirmar un pensamiento que ha venido rondándome las últimas horas.

Durante algún tiempo he mantenido que la cultura era una sabiduría popular que en otros tiempos fue mejor, pero estaba convenidamente equivocado. La cultura nunca vino del pueblo, la cultura se formó en las universidades, con los intelectuales, que son los únicos a quienes verdaderamente les interesa.

 Entonces, mi pensamiento es el siguiente: hemos perdido esta voz, hemos perdido a esta juventud estudiantil que hoy no tiene la visión que tuvimos los universitarios de otros tiempos. Ahí es donde reside el verdadero drama de la cultura. Han aniquilado con las maquinitas como ésta que ahora me ayuda a comunicarme con vosotros, mal utilizada, pues todo invento tiene una función positiva y otra negativa, con los móviles, con los whatapps, con los facebook y con toda esa mierda que les tiene el coco comido, para no pensar. Hemos perdido a esa juventud, hemos dejado que nos la roben los tecnócratas, los políticos, los que siempre miraron de soslayo a los intelectuales.

A mi me entristece enormemente que aquella entrevista de la que hable 'en el anterior post sobre Jaime Urrutia se realizara en Uruguay y que ésta de Paco Ibañez se haga en Argentina ¿Qué estamos haciendo con nuestros artistas?¿Por qué le dejaron de lado?¿Por qué ya no interesan?

Escuchando a Paco Ibañez uno no tiene más remedio que mirar al cielo y gritar, coño, necesitamos hombres como éste y nos los están matando. Y nos venden matracas de pacotilla, como tercera fuerza política emergente, y hay quien se lo cree.

Aquellos auténticos que dicen la verdad, se ofenda quien se ofenda, con argumentos y con humildad están ya enterrados. Y necesitamos que vuelvan a las Universidades, no con el mensaje de tiempos pasados, que no vale cien por cien para estos tiempos, sino actualizado, renovado, y con lo mejor que pueda salvarse del pasado, que siempre será un referente para no caer en los mismos errores.

Os invito a que escuchéis la entrevista completa y que seáis capaces de emocionaros por la profundidad de su mensaje. No esperemos homenajes póstumos, ni palabrería barata de crítica de última hora. Ahora están aquí, y sus fuentes son frescas y verdaderas, ellos bebieron de los poetas y se convirtieron en vehículos de su transmisión.

El hombre más sabio no es el que más habla, sino el que más escucha, por eso, me callo y os dejo en compañía de Paco Ibañez

domingo, 17 de agosto de 2014

Los ignorados

Hace mucho tiempo que no dedico un post a la música pop-rock, pero que nadie se engañe, yo soy también un hombre de mi época y no me arrepiento para nada de mi pasado juvenil escuchando a las grandes figuras de los ochenta.

Casualmente, leí una noticia en un medio de comunicación en la que se anunciaba un nostálgico concierto en Marbella recordando aquella época dorada del pop y el rock español. En realidad, la noticia no llamó mucho mi atención, me consta que muchos artistas aún continúan en activo con sus carreras contra viento y marea y ante el abandono de los medios de comunicación que un día se partían el culo por saber de ellos.

Mi afán de curiosidad innata me llevó a indagar que fue de aquella banda llamada Gabinete Caligari. En cierto buscador de videos, señalaban entrevistas de al menos seis años de antigüedad. Era sospechoso cuanto menos y, efectivamente, Gabinete Caligari como tal no está operativo. Sin embargo, Jaime Urrutia, quien fuera vocalista, guitarrista y autor de canciones de la citada banda ,había publicado un álbum en solitario en 2.012.  La noticia me alegró hasta que comprendí que habían pasado dos años hasta enterarme de la misma, lo cual pone en evidencia la falta de información y desinterés en el que nuestras míticas bandas, que forjaron la cultura musical de nuestro país en su época más gloriosa, estaban siendo estigmatizados, olvidados o ignorados.

Sí, es cierto, igual la culpa es mía por no preocuparme de saber de ellos, por haber abandonado también mi interés, por no hacer un seguimiento de cuáles rumbos habían tomado sus carreras. Aunque, quien haya leído este blog sabrá que cuando recibimos la triste noticia del hasta siempre de German Copini o pidiendo el regreso de Héroes del silencio, en cierta manera, yo seguía ligado a quienes formaron el corpus de mi juventud, y como en la juventud se forman las amistades y éstas, si son verdaderas, son para siempre, ese cordón umbilical que me une no se ha roto, tal vez, descuidado.

No sé, si como dice Jaime en una entrevista, hay talentos ocultos que no van aflorar mientras el mercado siga por estos caminos actuales, es posible que tenga razón, las condiciones de la movida de los ochenta difícilmente van a repetirse, como tampoco es probable que el movimiento hippie (sin versiones descafeinadas) recobre la autenticidad que tuvo en su momento.

Existe una generación que ronda entre los 40 y los 60 que necesita que se siga haciendo música para ellos, que algunos habrán que tengan la honradez y la sensatez de comprar sus trabajos, de asistir a sus conciertos y de mantener una cultura que no es incompatible con los nuevos tiempos.  El arte es atemporal, no existe más limitaciones que aquellas que queramos ponernos. De igual manera que yo admiro a los grandes clásicos de nuestro pasado musical, llámese Mozart, Chopin, Vivaldi; no es un motivo para que la buena música o el arte bien construido e inteligente no tenga cabida en mi propia cultura. Si todos nos hiciéramos este planteamiento, si los medios de comunicación se especializaran, seguramente no habrían pasado dos años para informarme de que Jaime Urrutia estaba vivo musicalmente hablando, y como suele decirse, más vale tarde que nunca, mi más sincera felicitación extensible a los artistas que conformaron una época que con tan buena suerte me tocó vivir.

jueves, 14 de agosto de 2014

La construcción de la identidad cultural. Los retos del nuevo siglo.

El problema de la identidad nacional:

Existen muy buenos artículos, investigadores, sociólogos, antropólogos, musicólogos y estudiosos que se han preocupado de esta cuestión.

Definir la identidad es fácil, lo difícil es explicar hasta dónde o  cuánto abarca y si sus límites son reales o ficticios.

El s. XIX fue el marco que propulsó el concepto de identidad, que básicamente tenía un componente político. Basta recordar los nacionalismos que definían la identidad rusa, germana, española, entre muchas otras, y que adoptaron los compositores como Tchaikosky, Borodin, Wagner o Falla.

La identidad se sustenta en la tradición, pero el problema de la tradición es su propio paradigma. Básicamente, la tradición es la aceptación de una serie de reglas, normas establecidas por una determinada comunidad, para determinar su identidad nacional, regional, etc.

Si nos fijamos en la historia del ser humano, desde que éste entró en contacto con otras sociedades ajenas a las que pertenecía, se produce un “intercambio”, lo que algunos llaman “hibridación” es cuando este intercambio supone incorporar determinados elementos que no formaban parte de su propia identidad para tomarlos como suyo.

En este sentido, la globalización contribuye en gran medida a los procesos híbridos, que otros llaman de fusión. Con este fenómeno que tiende a la estandarización de la cultura ,el concepto de identidad se desvanece como en su momento lo hacía el de tradición.

Pero no todos los “intercambios culturales” traen consigo un desplazamiento de la identidad original,es decir, existe una gradación que lleva a posturas diferentes. Establecer en qué medida este fenómeno afecta a la propia identidad también es complejo. Pongamos un ejemplo didáctico: The Sargent Pepper de The Beatles. La incorporación de instrumentos hindúes (ahora le llaman indio) y de ciertas melodías o armonías en las composiciones que realizaron The Beatles en este período de orientalizarían, no supone una modificación sustancial de su identidad musical, que sigue siendo netamente pop-rock. ¿En qué medida es un híbrido o apenas un rasgos anecdótico?.

Es importante también determinar cuáles son los límites que se establecen y son aceptados en este fenómeno de la globalización. Con la emigración/inmigración, muchos habitantes con una fuerte identidad nacional, como por ejemplo Cuba, no abandonan sus hábitos de escuchantes,ni culturales: siguen manteniendo su “parcela cubana” estén en las Antípodas o en Florida. Del mismo modo ocurre con muchos africanos que residen en España. Una gran mayoría de ellos siguen manteniendo sus modelos culturales: se relacionan con ellos mismos, asisten a fiestas “para africanos”, etc.

Por tanto, la relatividad del mestizaje es evidente. Para que una identidad cobre un verdadero valor, debe existir un consenso, un marco normativo que las regula como ya sucedió en el s. XIX.

Si Kepa Junquera incorpora un sitar en sus composiciones, no desvirtuará en gran medido su estilo vasco, pero si su música “se sale” de los patrones, entonces habrá entrado en el campo de la World Music o la globalización, o cuanto menos,  en la fusión o la hibridación.

No sabemos qué nos depara este siglo, aún es pronto para verlo con perspectiva, pero no cabe duda que la globalización podría acabar de un tajo con los modelos anteriores que,  para bien o para mal, son fruto de nuestro pasado, y un legado de la Humanidad.  La UNESCO vela porque las tradiciones queden salvaguardadas del “intrusismo” propio de los tiempos que corren.

El debate está abierto, y en ningún caso, a favor o en contra. Tal vez, este proceso de consolidación cultural que comenzó en el s. XIX haya llegado a su fin, está abriendo una nueva puerta inquietante si todo lo pasado se convierte en cenizas. La identidad, esa construcción que creíamos sólida, también tendrá que adaptarse a la inestabilidad y a la crítica de que nada es perdurable ni determinante.